“Mike Lima”y “Rubén”, en un reencuentro amistoso y reciente para conmemorar el décimo aniversario de la muerte de Bermúdez.

Mike Lima: “Siempre quisieron matarlo”

El Jefe de Contrainteligencia de la Contra narra cómo Bermúdez vivía asediado desde dos flancos: los sandinistas y las rivalidades internas José Adán Silva [email protected] Lo conoció en 1978 en Washington. El Coronel Enrique Bermúdez Varela era agregado militar de Nicaragua y José Moreno, quien más adelante se apodaría “Comandante Mike Lima”, era un cadete […]

  • El Jefe de Contrainteligencia de la Contra narra cómo Bermúdez vivía asediado desde dos flancos: los sandinistas y las rivalidades internas

José Adán Silva [email protected]

Lo conoció en 1978 en Washington. El Coronel Enrique Bermúdez Varela era agregado militar de Nicaragua y José Moreno, quien más adelante se apodaría “Comandante Mike Lima”, era un cadete militar de visita en la Academia Militar de West Point.

Lo volvió a ver el 3 de marzo de 1982 en Tegucigalpa, Honduras, cuando un capitán de la extinta Guardia Nacional, Juan Gómez, lo reclutó por recomendaciones del Coronel Bermúdez.

Reconoce “Mike Lima” que siempre hubo jefes de la Contra que tuvieron rivalidades con Bermúdez por asuntos de mando, pero no acepta que haya salido de algunos de ellos la idea de acabar con “3-80”, y más bien trae a colación la detección de supuestos múltiples planes sandinistas para acabar con Bermúdez en la propia retaguardia hondureña.

“Las rivalidades en asuntos de mandos existen en todas las organizaciones. Uno de mis compañeros, el Comandante “Toño” (Walter Calderón) quería darle golpe de estado a Bermúdez desde 1984, pero creo que ninguno de los comandantes de las tropas más grandes apoyamos una actitud egoísta como la de ´Toño´”, dice Moreno quien de Jefe de Operaciones del Estado Mayor de la Contra, pasó a ser en 1988 Jefe de Contrainteligencia, hasta su retiro en julio de 1989.

Detalla que Bermúdez era un hombre duro con quienes habían recibido entrenamiento en las academias militares, pero ‘más suave’ con los jefes campesinos. Ese trato para con los militares de profesión, le granjeó protestas y rivalidades internas.

Dice “Mike Lima” que cuando uno de los militares perdía una batalla por mala dirección, era como perder su posición y el respeto de Bermúdez. “No perdonaba una batalla perdida. Difícilmente aceptaba una derrota por mal manejo, porque por cada derrota, perdíamos cientos de hombres”.

INTENTARON MATARLO EN LA RETAGUARDIA

Recuerda que muchas veces la inteligencia sandinista trató de infiltrar células militares en la Contra para asesinar a Bermúdez, “y muchas veces lo impedimos”.

“Los sandinistas quisieron hacerle a “3-80” lo mismo que le hicieron a “Aureliano”, a quien lo mataron en Tegucigalpa y trataron de echarle la culpa a las rivalidades entre jefes. A mí me tocó seguir las investigaciones con un Coronel Flores, del G-2 del Estado Mayor hondureño, y descubrí a los que mataron a “Aureliano”. Ellos confesaron que habían sido enviados por el Ejército Sandinista para matarlo”.

“Los sandinistas siempre trataron de hacer atentados en nuestra retaguardia. Nos derribaron aviones, mataron a comandantes de tropas, hicieron sabotajes y masacres, hicieron todas las cosas habidas”.

“Siempre entraron a nuestras filas, pero cuando empezamos a detectarlos y atraparlos, descubrimos que la misión principal sólo podía ser cambiada si tenían la oportunidad de matar al Comandante”, dice “Mike Lima”, asegurando que los infiltrados nunca pudieron desarrollar sus atentados contra “3-80”.

Moreno recuerda que entre los planes para acabar a Bermúdez estaban sabotajes, emboscadas, envenenamiento, secuestros… “De todo quisieron hacerle”, dice Moreno, quien evita recordar la suerte de los atrapados en esos planes, bajo el argumento de querer olvidar la crueldad de la guerra.

“NI 100 ESCOLTAS TE SALVAN”

“Mike Lima” recuerda que en octubre de 1990 habló con Bermúdez, y éste le dijo que al regresar a Nicaragua se sentía “como venadito entre su huerta”. Esas palabras, dice “Mike Lima”, le incubaron en su mente una especie de certeza inminente de que esa sería la última vez que lo vería vivo. “Cuídese mucho”, le dijo antes de despedirse en Miami.

Narra que en esa ocasión le preguntó a Bermúdez si usaría guardaespaldas y éste le replicó que para qué: “Andar escolta lo único que hace es aumentar el costo económico de un atentado, porque cuando estás en la raya, ni con 100 escoltas te salvás”.

Cree que de haber sido planificada la muerte del Coronel Bermúdez por miembros de la Contra, los sandinistas se hubieran esmerado en resolver el crimen y atrapar a los autores. “Hubiera sido precioso para ellos decir ante el mundo: Este contra mató a Bermúdez”.  

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