Luis Adán Fley, “Comandante Johnson”, reconoce las diferencias de muchos jefes de la Resistencia con Bermúdez.

“3-80” se oponía a desmovilización

Posición en contra de la desmovilización y otras cosas le gestaron enemigos en las propias filas de la Contra José Adán [email protected] Luis Adán Fley, “Comandante Johnson”, conoció a Enrique Bermúdez desde 1980, cuando éste fue contactado por la CIA para organizar a la Resistencia Nicaragüense. En medio de la guerra, supo que su jefe […]

  • Posición en contra de la desmovilización y otras cosas le gestaron enemigos en las propias filas de la Contra

José Adán [email protected]

Luis Adán Fley, “Comandante Johnson”, conoció a Enrique Bermúdez desde 1980, cuando éste fue contactado por la CIA para organizar a la Resistencia Nicaragüense. En medio de la guerra, supo que su jefe superior no tenía el aprecio y respaldo de todos los contras.

“Siempre hubo dentro de la Contra gente que no estaba de acuerdo con Bermúdez en la conducción de la guerra. Hubo gente que hasta se le rebeló, pero éstos fueron expulsados de Honduras y mandados a investigación en EE.UU.”, cuenta Fley, quien llegó a ocupar un puesto de comandante regional.

En relación a la muerte de Bermúdez, Fley considera que no cree que las diferencias generadas en la guerra, hayan sido motivos suficientes como para que gente de la misma Resistencia lo matara.

“Hubo ese resquemor, pero no era suficiente inconformidad como para matarlo. Había un conflicto entre la CIA, el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad por la dirección de la guerra. El Consejo de Seguridad le decía una cosa a los políticos, la CIA le decía otra a los militares y el Departamento de Estado orientaba al Directorio… y entonces esas pugnas se pasaban a las estructuras del alto mando de la Contra”, explica Fley.

“Al final, el Departamento de Estado separó a Bermúdez de la Comandancia y nombró a Israel Galeano (Franklin) como jefe de la Contra. A Bermúdez lo sacaron de la comandancia en diciembre de 1989, porque era de la línea más firme, no era manejable y el Departamento de Estado quería a alguien que fuera más manejable y flexible para negociar el desarme. Bermúdez sabía que no había condiciones ni seguridad para que miles de soldados pasaran a retiro”, explica Fley.

Inmiscuido en el desarrollo de las negociaciones entre contras y sandinistas, y en contacto directo con los órganos estadounidenses de la conducción de la guerra, Fley explica que Estados Unidos ya no quería seguir sosteniendo la guerra y estaba obligando a los Comandantes de la Contra a aceptar las negociaciones. Bermúdez se resistía, mientras sus subalternos de menor rango, y otros Comandantes del Estado Mayor, lo presionaban para que aceptara la desmovilización.

Tal presión de Estados Unidos, y de sus mismos compañeros de armas, hicieron que Bermúdez fuera separado de la jefatura suprema por órdenes del Departamento de Estado, y con el abierto respaldo de la mayoría de sus hombres. Esto molestó mucho a Bermúdez, quien antes de irse reunió a sus cuadros y les reclamó: “Creí que eran más hombres”.

“El Departamento de Estado decía que de ganar los sandinistas las elecciones había que reconocerles la victoria, mientras tanto la CIA no creía en los sandinistas y propugnaba por la guerra. Bermúdez tenía el respaldo de la CIA, y el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad presionaban por finalizar la guerra”, recuerda Fley.  

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