José Adán [email protected]
En 1985 el Servicio de Investigación del Congreso recibió documentos que, por el carácter acusatorio de su contenido, fueron escondidos y manejados en silencio para evitar problemas y no dañar más la imagen de la guerra que Estados Unidos estaba promoviendo contra Nicaragua, según consta en documentos que LA PRENSA obtuvo de los Archivos de Seguridad Nacional.
Un comandante llamado “Moisés” (Efrén Mondragón) había desertado de las filas de las Fuerzas Democráticas Nicaragüenses y solicitó asilo político en México, alegando sentirse amenazado por el Coronel Enrique Bermúdez y otros jefes contras allegados a “3-80”, luego de la primera gran división interna de la Contra en 1984.
En el documento de exposición de “Moisés”, dirigido a la Embajada de la República de México, con fecha del 17 de marzo de 1985, el soldado explica las razones por las cuales desertó de las Fuerzas Democráticas Nicaragüenses (FDN), entre las que mencionaba un enorme conflicto interno de la Contra, del cual acusaba en gran parte del mismo al Jefe Máximo del FDN, Enrique Bermúdez.
“Deserté porque no quiero continuar siendo un cómplice de una guerra injusta e innecesaria, puesto que es el pueblo de Nicaragua, como otros pueblos, los que pagan por los caprichos y las fantasías de los hombres que no tienen el concepto de lo que significa la tierra natal; puesto que el único concepto que ellos dominan es el de la guerra, ya que ella les permite tener grandes ganancias personales”, dijo “Moisés”.
En su largo testimonio, “Moisés” dijo que a los dirigentes militares no les importaban las muertes de los soldados y sus familias, y los efectos destructivos de la guerra.
“Moisés” denunció que creía que el FDN se estaba alejando de los ideales que les inculcaron a los campesinos para incorporarse a la guerra contra los sandinistas.
“Mi lema dentro de la FDN y eso se lo dije a Enrique Bermúdez y a los miembros de la Dirección Política en una reunión, es que yo no lucho por una persona o por un grupo sino por el pueblo de Nicaragua, y que ese liderazgo no me gustaba”, cuenta “Moisés, quien explica que aunque no le dijeron nada personalmente, a otros miembros de la FDN les advirtieron que era necesario tener cuidado con “Moisés”.
El soldado relata que en vista de los muchos problemas internos en las filas de la Contra, en 1982, en dos ocasiones, le pidió a Bermúdez su destitución, pero él no quiso aprobarla.
“Le pedí dos cosas: que me destituyera y que me ayudara a irme para Honduras. Bermúdez me dijo: no podemos destituirte porque tú conoces todos los movimientos de la FDN”.
“Moisés” relata que a principios de febrero de 1981, Bermúdez ordenó la captura y prisión en su contra, junto a un ex mayor de la Guardia Nacional, Pedro León Rivera (Brinquín). “Ellos nos enviaron a la cárcel de El Machén bajo el Departamento de las Investigaciones Especiales, cuyo jefe era el capitán hondureño Alexander Hernández. En El Machén estaban otros prisioneros, entre ellos, Bendaña (El 30), Carlos García (Chino 85) y Toruño”.
“Moisés” señala que estos reos estaban presos por haber manifestado su inconformidad contra la forma en que Bermúdez y sus mandos allegados manejaban la FDN.
«PERFIL MEDIOCRE E INDIGNO»
Jaime Morales Carazo escribió en 1989 el libro “La Contra. Anatomía de una múltiple traición”, en el cual describe a Bermúdez como una persona de pocas luces y débil carácter. “De no ser por su total sumisión a los intereses norteamericanos pudo haber desarrollado un perfil menos mediocre e indigno, a la altura de las circunstancias y del papel que los gringos hicieron que recayera en él. El papel le cayó demasiado grande. Es relativamente austero. Después de Sapoá y producida la disidencia se distanció por temor y pérdida de respeto. Nunca dirigió o participó personalmente en un combate; no tiene inteligencia ni conocimiento ni visión estratégica. No ha podido superar su pasado de alto oficial de la Guardia. Es un complejo que le agobia. Por falta de independencia y carisma no tiene dotes de liderazgo ni capacidad de generar mística”.