Edgard Rodríguez [email protected]
Desde siempre la primera base ha sido una posición para bateadores… Ahí se necesita a alguien, no que levante la bola tras un tiro contra el piso, sino que levante la ofensiva de su equipo.
Sin embargo, a través de los años, hemos sido testigos del desarrollo defensivo que se ha experimentado en la inicial, mientras se conserva la fortaleza, como una condición sin la que no es posible el éxito.
Poder en las esquinas y velocidad con defensiva en el medio, es una especie de regla no escrita pero de estricto cumplimiento en el juego. Quienes juegan en los extremos, son a menudo los más grandes, fuertes y menos ágiles.
Sandor Guido parece una excepción. Aún cuando esporádicamente enseña cierto poder, su fuerte es golpear la bola de línea, pero por sobre todo, atrapar lo que se mueve en torno a la inicial. Y lo hace muy bien.
Dejando de lado cualquier prudencia, la manopla de Guido ya aguanta comparación con la de Nemesio Porras, el mejor referente entre los primeras bases de todos los tiempos en nuestro béisbol, de acuerdo a los entendidos.
Sabe seguir la bola, es flexible y altamente competitivo… Levantar piconazos parece ser su hobbie. Lo hace con una mezcla de naturalidad y seguridad sólo vista en Porras, pero aún no hay similitudes manejando el madero.
Y decimos aún no, porque Sandor es un muchacho joven, cuya carrera tomará la altura que él se proponga.
Guido terminó con 253 puntos en la temporada regular. Es un promedio discreto para su posición. Remolcó 28 carreras, la segunda cifra más alta de su equipo. No está mal. Y se fue a la calle 3 veces, sólo superado por Sotelo que dio 4 jonrones.
Se trata evidentemente, de un bateador en construcción, pero parece disponer de todo el instrumental necesario para conseguirlo, aunque para ello necesitará enfocarse y hacer todo su esfuerzo para crecer como artillero de poder.
Una ventaja sobre Nemesio es que corre más, pero esa herramienta nunca ha sido de las prioritarias en la posición. En primera necesita batear y hacerlo con poder. Lo cierto es que Guido tiene un gran futuro y también un gran presente.