- La Procuraduría de Derechos Humanos se le presentó a Benjamín Pérez Fonseca en lo que él llama su “edad otoñal” como una oportunidad “de oro” para darle una buena culminación a su vida, y dejarle a sus hijos una herencia de la cual
deban sentirse orgullosos. Ello implicaba, sin embargo, desconocer el mismo pacto que lo llevó a ese cargo
Fabián [email protected]
La Procuraduría de Derechos Humanos es la voz disonante en el concierto del pacto. Al frente de ella está un hombre de 66 años que se declara somocista, y que llegó a esa posición como resultado de la repartición de cargos que se hicieron liberales y sandinistas.
Sin embargo, muy a pesar de reconocerse como “hijo del pacto” es posiblemente la única institución del Estado que por ahora ha disentido cuando de echarle la maquinaria política a un prójimo se trata.
Don Benjamín Pérez Fonseca explica su actuación así: “Tenía que llegar al cargo, luego ganarme a la población y la Procuraduría era una oportunidad formidable para darle un buen cierre a mi vida, un porqué se sintieran orgullosos mis hijos y mi esposa”.
Pérez Fonseca es hijo de un reconocido cantinero de la vieja Managua. Como cantinero primero y luego como administrador del exclusivo Club Azotea, su padre se relacionó con la élite de aquellos tiempos, y así hizo amistad con dos personajes que serían fundamentales en su vida: Anastasio Somoza García y Arnoldo Alemán Sandoval.
Abogado, que de no serlo le hubiese gustado ser sacerdote, con una tímida carrera política, como él mismo lo reconoce, llegó a ocupar una silla en el Parlamento en 1997, cuando falleció el doctor Ricardo León Vega García, de quien Pérez Fonseca era diputado suplente.
Luego se le vio en la Comisión de Salud de la Asamblea, después como presidente de la Comisión de Derechos Humanos, promoviendo los candidatos a Procurador de Derechos Humanos, un cargo que estaba por crearse y de repente ¡zas! él mismo como candidato y luego como Procurador gracias a la magia del pacto entre liberales y sandinistas.
-¿Cómo es que usted llega a ser Procurador de Derechos Humanos?
“Comienzo como presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea, promuevo a los candidatos. Tengo que decirlo: hay un programa, un financiamiento para promover los candidatos, y ese financiamiento era de 30 mil dólares que lo daban los noruegos”.
-¡Pero el Procurador que salió fue usted!
“Correcto. Eso hay que decirlo. Los miembros de la comisión y todos los candidatos tuvimos una reunión y programamos viajes por toda Nicaragua para presentar a los candidatos y candidatas. El número mágico para ser electo Procurador era 56 votos, y vimos que los candidatos más acreditados no llegaban ni a los 40… Naturalmente que los candidatos hacían lo suyo también. Era una apatía terrible. Tanto los liberales como los sandinistas nos decíamos: ¿qué hacemos? No hay ambiente para elegir al Procurador. El candidato de los liberales era don Lino Hernández, y muchos iban a votar por Violeta Granera. Había que buscar un candidato de consenso. Del seno de la comisión salió: ¿Cómo ven a don Benjamín? Así comenzó la cosa… Me fui a hablar con el Presidente. Me dijo: Hombre Mincho, yo te quisiera tener en la Asamblea, pero posteriormente me dijo que sí, porque hay un emplazamiento, una exigencia, a Nicaragua porque no tiene Procurador de Derechos Humanos”.
-A ustedes les dicen los hijos del pacto, porque salieron elegidos por el pacto libero-sandinista.
“Cuando Arnoldo me dice pues sí, te voy a dar mi apoyo, había conversaciones entre liberales y sandinistas para la elección del Procurador. Sí que hubo pláticas entre Arnoldo y Daniel, o entre Bayardo e Iván y Oscar Moncada. Una agenda donde el único punto o el acuerdo era buscar la elección del Procurador”.
-¿Usted no siente que desmerita un poco su elección haber salido de un pacto político?
“Lo he pensado muchas veces, pero como te digo hay que ver esto desde su génesis. Yo sentí que no le estaba quitando nada a nadie por el hecho de que miraba que los candidatos por A, B o C razón no iban a tener el número de votos. Yo fui el primero en saber que estaba haciendo aquello que se llama “cogerse el mandado”, porque el programa y la actividad que yo desplegué y para la cual tuve financiamiento era para elegir a los candidatos ya inscritos y cuando yo comienzo esa labor pienso en ser procurador tanto como ir a la luna”.
“Cuando me hicieron esa propuesta yo sentí campanitas de fiesta en mi corazón, que lo que me decían me repicaba con dulce sonido”.
-¿Por qué le sonaba tan bien la idea de ser Procurador?
“Sencillamente sentía que como diputado no estaba realizado. Me sentía integrando un equipo no deliberante. Simplemente se llegaba a apretar el botón”.
-Pero se estaba pasando a un cargo bastante incierto.
“Sí, sí. Pero yo decía, todos tenemos derecho a soñar ¿no?, yo voy a hacer buen papel. Honestamente miraba la oportunidad de servir. Y también me sentía molesto de ver lo que veía y saber lo que sabía… Como dice Martí: ‘Yo estuve en las entrañas del monstruo’ ”.
-¿Y qué era lo que sabía y qué era lo que veía?
“(Se ríe). El ver y saber de que no se deliberaba, no se pensaba, no se argumentaba. Yo algunas veces lo hice en la bancada pero sentía como que estaba hablando en el desierto, me miraban como tonto”.
-¿Usted resentía la subordinación del Legislativo al Ejecutivo?
“La resentía, la resentía. Me hacían sentirme como tonto. Porque la inteligencia era hacer lo que hacían los demás. El disidente no era inteligente, era el tonto. Pero cuando hablo de disidencia te hablo de disidencia sincera, porque también vi disidentes que después regresaron bien premiados”.
-¿En la Procuraduría usted creía que iba a tener más independencia?
“Sí, sí…”
-¿Aunque viniera de un pacto?
“Yo sabía que el asunto era llegar. Que ya una vez nombrado en el cargo yo me iba a aferrar, pero a base de ganarme a la población. Esta era una entrega a la población. Porque el disidente no sólo es tonto sino también traidor. Cuando llego a mi edad otoñal salgo electo Procurador, me digo: Dios mío, si esta es una oportunidad de oro para darle una buena culminación a mi vida, para darle un porqué magnífico, un porqué por el cual deban sentirse orgullosos mi esposa y mis hijos. Claro que medía los riesgos, porque sólo el tonto o el loco no mide los riesgos. Y decía: si yo ahí nomás salgo de disidente, pues los mismos que me llevaron me quitan, y santas paces. Y me quedo sin Beatriz y sin retrato. Tal vez dure siete meses o un año, y Minchito abrí protocolo de nuevo y a trabajar de nuevo, que es lo que he hecho siempre. Pero también pensaba que sería un error nombrar a un Procurador y ahí nomás destituirlo, sobre todo si ha tenido buena actuación”.
“Cuando empiezo como Procurador fue una cosa simpática en los actos protocolarios. A mí me ponían con los ministros, me ponían con los embajadores, con los alcaldes, y en ciertos actos hasta tuve mis roces, porque si tonto me ven, tonto me tratan…”
-Lo miraban de menos.
“Claro que sí, de menos. Primero porque no había cultura ni conocimiento del Procurador de Derechos Humanos y después capté, y hay que decir las cosas con sus letras, después del fallo de Alvarado yo veo que en las reuniones oficiales si algún buen amigo del Presidente está cerca de mí, discretamente se me aleja”.
-¿Usted perdió la amistad con el Presidente?
“La amistad entiendo que no. Digo yo que no. Lo único que sí, definitivamente, después del fallo de Alvarado, nunca pude tener lo que le pedí a él. Cuando ya salgo Procurador, al tercer día yo converso con él y le dije señor Presidente: yo quiero que en este cargo usted me haga el gran favor de siempre comunicarse conmigo, porque en este cargo puedo llegar a tener un criterio diferente al suyo, por eso yo quiero que siempre nos comuniquemos. Que si yo tengo que tomar una resolución, yo converse con usted, porque a veces las cosas se arreglan en las conversaciones. Porque si usted no me oye, si usted me aparta, yo tendré que actuar solo y la mejor forma de actuar es siempre apegado a la ley. Ahora recuerde una cosa: la Procuraduría con un buen desempeño a usted lo fortalece, un buen procurador vuelve por la institucionalidad. Un procurador blandengue ni le hace favor a usted, ni al Partido Liberal ni a la patria”.
-¿Y él le dijo que estaba de acuerdo?
“Que estaba de acuerdo. Y me dijo: Mirá Mincho, no tengas cuidado que yo sé lo que es una Procuraduría y tené la seguridad que yo te voy a dejar tranquilo. Váyase a su Procuraduría, que yo lo voy a apoyar siempre”.
-¿Usted cree que no cumplió su palabra?
“Pues, tengo que decir despacio que no. Desde el momento en que me negó lo que tanto le pedí, que era la comunicación, el diálogo”.
-¿Ha recibido presiones para fallar de esta o de otra forma cuando ha conocido estos casos espinosos?
“Presiones no. Pero sí he querido conversar con él (el Presidente) y ha sido imposible. Y una cosa de mucho impacto para mí ha sido cuando me doy cuenta que a la Procuraduría le han puesto 12 millones (de córdobas en su presupuesto)”.
-¿Qué piensa hacer después de terminar su período en el 2004?
“Pues, si Dios nos da vida, participar en política”.
«CLARO QUE FUI SOMOCISTA»
“Sí, fui somocista. Claro que fui somocista. Había becas de sesenta córdobas que el general Somoza (García) daba a cierta gente que tenía que ser somocista. Un somocismo tranquilo, y eso sí lo digo a plena voz, sin llegar al servilismo. Naturalmente que yo veía que el grado de progreso dependía del grado de servilismo”.
“Así como confesé mi somocismo, quiero decir y reiterar, y tengo prueba de ello, que mi somocismo terminó con (la llegada de) Anastasio Somoza Debayle. Siempre he sido y seré liberal, y mi somocismo vi que iba terminando con Anastasio Somoza Debayle porque la represión era evidente”.
Para entender el somocismo del actual Procurador de Justicia hay que retroceder a la Managua de los años 30, cuando el joven cantinero Benjamín Pérez Arauz fue contratado por el famosísimo Club Azotea, que quedaba en los altos de la antigua Casa Pellas, en la Avenida Central.
Llegar al Azotea eran “las grandes ligas” para los cantineros y saloneros. La vida cambió para los Pérez Fonseca, primero porque se trataba de trabajos bien remunerados y segundo porque le permitía relacionarse con la gente de poder de aquella época, entre la que se contaba el mismísimo Anastasio Somoza García.
“A través de eso nació entre mi padre y Anastasio Somoza García y su esposa doña Salvadora, una buena amistad y de ahí nació una relación tranquila, exenta de lo que yo llamo política y problemas palaciegos. Todos nosotros sabemos que los lugares donde vamos a hacer nuestras libaciones establecemos una relación tranquila con la gente que trabaja ahí”.
Ahí también su padre conoció al doctor Arnoldo Alemán Sandoval, padre del actual Presidente de la República, que para aquel tiempo era un joven profesional, pupilo de los “grandes patriarcas” Mariano Argüello Vargas y el doctor Carlos Morales, padre de los Morales Carazo
“Amistad nunca tuve con los hijos del doctor Alemán, porque yo era mayor que ellos, pero naturalmente procuré que ese vínculo de amistad se continuara con nosotros”.
Para el triunfo de la revolución sandinista, Benjamín Pérez Fonseca aparece sorpresivamente nombrado como Registrador del Estado Civil de las Personas de Managua, gracias a una antigua amistad con el sandinista Paul Atha. “¡Ala chocho, Mincho!, no sabía que eras infiltrado del Frente”, le decían en broma los amigos que conocían de sus simpatías políticas.
Durante los años ochenta militó tímidamente en política a través del Partido Neo Liberal (PALI). “Hacíamos lo que llamábamos lunes liberales, que eran reuniones para conversar entre nosotros”. Ahí “actualizó su amistad con el doctor Arnoldo Alemán Lacayo.
Diez días después que el doctor Alemán asume como alcalde de Managua, Benjamín Pérez Fonseca es nombrado miembro de la Asesoría Legal de la Alcaldía. Y para 1996 resulta electo diputado suplente de la Alianza Liberal.
“Yo voy de diputado suplente, mi propietario el doctor Ricardo León Vega García, de gratos recuerdos, se muere, se puso grave antes de la toma de posesión de la nueva Asamblea. Prácticamente yo funcioné como diputado propietario desde que comenzó el período. Primero fui miembro de la Comisión de Salud y después me interesé y logré la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos”.
CASOS ESPINOSOS
– La Procuraduría de Derechos Humanos ha señalado que el Estado ha violado los Derechos Humanos en casos como:
– La inhibición electoral, vía suspensión de nacionalidad, de José Antonio Alvarado.
– En la persecución e intento de deportación que realizó el Ministerio de Gobernación contra la enfermera norteamericana Dorotea Granada.
– Para este año la Procuraduría de Derechos Humanos había solicitado 24 millones de córdobas. En la propuesta que envió el Ejecutivo al Parlamento se le otorgan solamente 13 millones de córdobas, siete menos que lo que recibió el año pasado, y 11 millones menos que lo solicitado.
– La Procuraduría enfrenta ahora una crisis financiera, y está solicitando apoyo de países e instituciones donantes para funcionar.