La madre del mecánico Marvin Aguilar, Teresa Aguilar, contempla el cadáver de su hijo, muerto en confusas circunstancias. (Abajo) Rigoberto Flores Mendoza, dueño de la cantina Los Patitos, quien vio a Aguilar minutos antes de aparecer muerto sobre la vía férrea.

El enigma de Los Manguitos

El cadáver de un hombre es encontrado sobre la vía férrea… El médico forense dice que fue un accidente; los investigadores creen que fue asesinado Quizás por lo oscuro del lugar o porque el asesino se vio obligado a actuar con rapidez el cuerpo no fue colocado sobre la vía de manera que el tren […]

  • El cadáver de un hombre es encontrado sobre la vía férrea… El médico forense dice que fue un accidente; los investigadores creen que fue asesinado
  • Quizás por lo oscuro del lugar o porque el asesino se vio obligado a actuar con rapidez el cuerpo no fue colocado sobre la vía de manera que el tren lo redujera a un amasijo de carne y huesos de difícil reconocimiento médico

Anuar Hassan yEmiliano [email protected]

En la eterna lucha entre la ley y el crimen o entre quienes velan porque los trasgresores reciban el castigo que merecen por su delito y aquéllos, que tratan de evadirlo, no siempre los representantes del orden han llevado la mejor parte.

Las estadísticas policiales demuestran que un importante porcentaje de los hechos criminales cometidos en el mundo cada año quedan en la impunidad porque sus autores nunca fueron descubiertos. Sin embargo, en los últimos años los modernos adelantos científicos han contribuido a reducir notablemente ese porcentaje.

En Nicaragua, de 180 asesinatos cometidos durante 1999 quedaron en el misterio 42, según el anuario de la Policía Nacional. Y aunque el esclarecimiento del delito se incrementó ese año en 9.6 por ciento el índice de operatividad se redujo en un 0.5 por ciento al pasar de 74.1 a 73.6 por ciento, es decir, un delito menos por cada 100 cometidos.

A mediados del siglo pasado las técnicas de investigación de la Policía eran francamente rudimentarias lo mismo que sus principales herramientas de apoyo: los laboratorios y otros medios afines a la indagación criminalística.

A estas deficiencias se agregaba incluso la inopia de algunos médicos forenses que añadía confusión a la ya difícil labor de detectives y de jueces, cuyas apreciaciones hacía muchas veces contraponer.

Famosa fue la actuación de cierto médico forense que, tras un vistazo superficial sobre un cadáver hallado en la vía, concluyó en que se trataba de un caso de intoxicación alcohólica, cuando una sencilla vuelta del cuerpo le habría puesto a la vista las puñaladas que lo acribillaban.

Algo de esto ocurrió en el caso del mecánico Marvin Aguilar, cuyo cadáver parcialmente triturado fue encontrado la noche del 31 de mayo de 1951 sobre la vía férrea que pasaba frente a Los Manguitos, una desmotadora y centro de acopio de algodón propiedad del presidente Anastasio Somoza García.

Era Los Manguitos una estación de bandera ubicada en el kilómetro 3 de la carretera Norte, cuyas instalaciones fueron años más tarde ocupadas por una industria extractora de plasma humano llamada Plasmaféresis.

De noche, ese tramo de la carretera tenía un aspecto lúgubre debido a la carencia casi absoluta de iluminación. Esta condición penumbrosa propiciaba el florecimiento de cantinas y lupanares muy visitados por ferrocarrileros y gentes de los alrededores de baja catadura moral.

Aguilar era asiduo visitante de esos centros y al menos en uno de ellos, conocido como El Memphis, gozaba de las preferencias de una de las pupilas llamada Carmen Zepeda, apodada La Peluda.

Pero no fue con ésta con quien lo vieron aquella fatídica noche sino con una hermosa damisela conocida como Rosa, con la que estuvo departiendo casi hasta las once en la cantina Los Patitos, según declaró su dueño Rigoberto Flores Mendoza.

El cantinero dijo que cuando la mujer abandonó el local se acercó al mecánico con quien estuvo jugando naipe durante una media hora hasta que aquel también se marchó.

Un testigo, Jaime Sarria Barreto, dijo que esa misma noche Aguilar estuvo en El Memphis, localizado a unos 30 metros del sitio donde poco más tarde sería encontrado su cadáver, en compañía de un sujeto que se apoyaba en un bastón metálico. Y esto fue apenas unos 20 minutos antes del macabro hallazgo.

El testimonio de Sarria Barreto fue corroborado por otro testigo que dijo haber visto cuando Aguilar caminaba a orillas de la vía férrea junto a hombre cojo que se apoyaba en un bastón.

El esfuerzo policial se centró entonces en la búsqueda del hombre del bastón.

Precisamente, el cadáver de Aguilar presentaba, además de los terribles destrozos ocasionados en sus miembros superior e inferior izquierdos por el paso de un convoy del ferrocarril, severos daños en la cabeza como producidos por un objeto contundente.

Para el médico forense Miguel López Berríos no quedaba duda de que Aguilar había muerto triturado por las ruedas del tren. Pero los investigadores policiales y el juez del Crimen, Serapio Ocampo, no estaban tan seguros de ello.

En su opinión, el cuerpo de Aguilar fue puesto sobre la vía férrea para ocultar su asesinato y hacer aparecer su muerte como un lamentable accidente.

Quizás por lo oscuro del lugar o porque el asesino se vio obligado a actuar con rapidez el cuerpo no fue colocado sobre la vía de manera que el tren lo redujera a un amasijo de carne y huesos de difícil reconocimiento médico. Era obvio (y en esto se basaban los investigadores y el juez para descartar la muerte accidental), que los golpes en la cabeza no fueron hechos por las ruedas de los vagones del tren.

El maquinista Justo Pastor Chávez dijo que esa noche fue a dejar unos barriles de aceite al plantel de la Esso y al regresar 20 minutos después vio el cuerpo sobre la vía, pero le fue imposible frenar.

Gracias a las pesquisas policiales, el hombre del bastón fue adquiriendo una fisonomía: era alto, fornido y moreno, según lo describían los testigos.

Un tipo con estas características fue visto por un testigo la noche del 31 cuando conversaba con el ex teniente Salvador Gutiérrez Rodríguez, encargado de la vigilancia de una bodega cercana al taller de mecánica donde trabajaba Aguilar.

Gutiérrez, ex instructor de karate de los escoltas del presidente Somoza fue llevado por la fuerza a presencia del juez Ocampo. Declaró que efectivamente esa noche llegó a la bodega un hombre identificado como Efraín Tablada Solís quien le pidió que le permitiera dormir en la bodega, a lo que él se negó.

La versión de Gutiérrez fue prontamente refutada por el abogado Elí Tablada Solís quien dijo que su hermano Efraín no era cojo ni usaba bastón. Además, el hombre descrito por Gutiérrez tendría unos 30 años y su hermano recién había cumplido los 20. La pista del hombre del bastón se perdía…

Entonces las investigaciones particulares de dos reporteros de LA PRENSA enderezaron la atención de la Policía hacia un testigo que aseguró que cuando se dirigía de Tipitapa hacia el barrio Santa Rosa, cercano a Los Manguitos, al pasar por un callejón que conducía a la línea férrea, vio el haz de luz de una lámpara y escuchó un golpe sordo sobre los rieles.

Segundos después se le acercó un guardia armado con su rifle que lo invitó a tomarse unos tragos, convite que rechazó. Por detrás del guardia pudo ver un bulto sobre la vía. Entonces el militar le ordenó que se retirara.

En Tipitapa los reporteros averiguaron que un guardia había sido detenido en los primeros días de junio y que en la culata de su rifle encontraron sangre y cabellos humanos.

Pero, al igual que el hombre del bastón, con el tiempo el guardia se sumió en las sombras del misterio.

SIGNADO POR LA SANGRE

La existencia de Los Manguitos parecía estar signada por la sangre. Unos años después del caso del mecánico Marvin Aguilar, se produjo en las oficinas del plantel un homicidio con ribetes laborales. Y el final de esta historia permeada por la sangre llegó cuando dichas instalaciones fueron utilizadas por una empresa que comercializaba el plasma de la sangre que gente pobre le vendía para subsistir y que el pueblo destruyó en enero de 1978.

MAS MISTERIO

Al enigma de la muerte del mecánico se sumaron otros detalles que añadieron más oscuridad al caso.

– La madre de Aguilar, Teresa Aguilar, quien vivía media cuadra al este de los billares Sangre y Arena, en la calle 15 de Septiembre, dijo que la ropa encontrada en el cadáver no era la que su hijo llevaba al salir de la casa.

– Según ella, el móvil del asesinato de su hijo fue el robo pues habían desaparecido el sueldo que cobró ese día y algunas joyas personales de gran valor.

– Los despojos de su hijo le fueron entregados aquella misma noche por los miembros de una patrulla de la Guardia Nacional que pasaron por el lugar del hallazgo.

– Tanto el médico forense Miguel López Berríos como su hermano el juez Armando López Berríos sostuvieron hasta el último momento que la muerte de Aguilar fue accidental, contra la opinión del juez Ocampo y los investigadores quienes estaban convencidos de que se trató de un asesinato.

– Finalmente, las diligencias del proceso fueron engavetadas y el caso pasó a engrosar la lista de los enigmas policiales.  

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