- Pobladores salvadoreños sufren síndrome posterremoto
Olga MoragaEspecial para LA PRENSA
SAN AGUSTIN/El Salvador— “Lo que más quiero es volver a tener una casa, aunque no sé para qué, pues según andan diciendo viene otro terremoto y entonces sí nos vamos a morir. Viera qué horrible se siente no tener dónde vivir”, dice melancólica Verónica Laínez, de 13 años de edad y hermana mayor de 12 hermanos.
Verónica vive en el pueblo de San Agustín, destruido totalmente por el terremoto del pasado 13 de enero. El panorama es conmovedor. Del pueblo sólo quedaron sus calles colmadas de miles de toneladas de tierra, reglas, tejas y vigas quebradas, mezclados con enseres apachurrados.
San Agustín es un municipio de Usulután, el departamento más dañado por el terremoto. Según las cifras del Comité de Emergencia de El Salvador (COEN), en Usulután se contabilizaban 26 muertos, 779 heridos 22,204 viviendas destruidas, 26,418 casas dañadas, 236 edificios públicos y 78 iglesias, destruidas o con problemas estructurales.
“Los daños causados por el terremoto en El Salvador, son peores que los producidos por el huracán Mitch hace dos años. Hay miles de personas que en cuestión de segundos perdieron todo y carecen de alimentos, agua, casas de campaña, ropa, utensilios de cocina”, dijo Francisco Roque Castro, director Regional para América Latina y el Caribe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA).
Tan sólo 24 horas después de ocurrido el terremoto, el PMA comenzó la distribución de alimentos a los damnificados. A una semana de ocurrida la catástrofe, este organismo había distribuido más de 900 toneladas de alimentos que tienen un costo de 500,000 dólares, a la población más afectada en los departamentos de La Libertad, La Paz, Sonsonete, Usulután, San Vicente, Santa Ana, San Salvador y Achuachapán.
“Antes mi pueblo era galán, si usted lo hubiera conocido le hubiera gustado, pero mire lo que quedó. Yo me tuve que agarrar de un árbol a la hora del terremoto según yo para no caerme al suelo porque no podía sostener en pie, pero de todas manera me botó con todo y árbol”, afirma Verónica, visiblemente impactada por la experiencia vivida.
El PMA desplazó siete equipos de trabajo, formados por personal del PMA de las oficinas de Nicaragua, Honduras y Guatemala, con el fin de hacer una evaluación más clara de cuáles son las necesidades más urgentes y responder mejor a la segunda fase de Operación de Emergencia, prevista para seis meses.
Rezos
Jorge Loáisiga Mayorga
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Son las cuatro de la mañana. La niña está aferrada a su padre. La madre de la menor está asustada y los vecinos han salido de sus casas alarmados. La razón: otro temblor.
En una noche los salvadoreños pueden percibir hasta tres o cuatro temblores que los alarman y salen asustados de sus casas, oficinas y, centros comerciales, víctimas del síndrome posterremoto.
“Cada vez que tiembla me da miedo. Me parece que va a haber otro temblor fuerte y las casas se van a caer. No sé porqué Dios nos está haciendo esto”, dijo María Luisa Vásquez, una anciana de 52 años originaria de Los Amates y que ahora vive en el centro de refugio “El Cafetalón”, en Santa Tecla.
“Todos los días rezo y rezo para que no nos siga esta desgracia que hasta sin comer nos tiene”, agregó la anciana damnificada, mientras descansa al lado de sus nietos en una improvisada casa de plástico.
“Ya no quiero que tiemble más. Me da miedo. Siempre salimos corriendo, ya no quiero eso”, expresó Dora Alicia de Escamilla, de 35 años, quien quedó atrapada entre las paredes de su casa, en el municipio de Comasagua, departamento La Libertad.