Edgard Rodriguez [email protected]
Aún cuando los fanáticos sitúan al resultado como el más decisivo parámetro para juzgar el desempeño de su equipo, he visto algunas muecas de satisfacción en sus rostros aún incluso después de ver tropezar al conjunto de sus preferencia.
La explicación es sencilla: el juego ha adquirido otro nivel. Ha mejorado… Y aún cuando se llega al estadio con la esperanza de celebrar una victoria, y lo que presenciás es un revés, al menos queda la sensación de no haber malgastado tu dinero.
Todos están empeñados. Los lanzadores han agudizado su dominio de la zona de strikes y los bateadores han tenido que ser más selectivos. Se percibe un juego más colectivo y esas atrapadas espectaculares se han registrado con más frecuencia.
Y quizá lo más significativo, es que no nos hemos percatado que ninguno de los conjuntos que está en la postemporada, se ha reforzado. Tienen el mismo personal. Lo que cambió es su actitud. Y esto a mí, me provoca emociones encontradas.
Me alegra el nivel que se ha conseguido ahora, porque eso viene a reiterar que estamos en presencia de una buena época en la pelota. Pero no me parece correcto que sólo sea en esta etapa cuando los jugadores decidan jugar al cien por ciento.
Si un lanzador es capaz de una espectacular jornada ahora, cuando se supone que el nivel de exigencia y de presión es mayor, porqué vamos a dudar que también pudo hacerlo en el inicio del torneo. Pero por lo general no ocurre así.
Aparte de actitud, también habría que situar bajo escrutinio la ética de trabajo, lealtad y el profesionalismo con que nuestros jugadores se entregan al deporte. Desde luego, hay gente que juega a todo vapor todo el año, pero esos son los menos.
Habría que agregar también, la importancia catalizadora del público. Esos estadios llenos, dan vida al juego, exigen al jugador y obligan al estratega a ser más preciso en su decisión.
En fin, todos se ven estimulados bajo ese nuevo contexto.
“Deberían jugar sólo cuatro equipos”, me decía William Wilson de Radio 580 ayer. Y es probable que eso sea una buena medida para el futuro. El problema sin embargo, es que al reducir los equipos, se privará de un espacio a una serie de prospectos que se desarrollan en los equipos discretos, tipo Estelí o Chinandega, por ejemplo.
Lo cierto es que estamos viendo una gran pelota. Qué lastima que sólo sea así durante la postemporada.