Abril de 1970: Arzobispo de Managua
En abril de 1970 fue nombrado Arzobispo de Managua, después de la muerte de Monseñor Alejandro González y Robleto, el 17 de junio de 1968.
Según el testimonio de Monseñor. Donaldo Chávez Núñez –uno de los candidatos entonces a ocupar la Sede Arzobispal–, a partir de los sangrientos sucesos del 22 de enero de 1967, “el Arzobispado de Managua se tornó en tierra de nadie. La incógnita de quién vendría a ocupar la principal sede eclesiástica de la “tierra de los lagos” quedó flotando en el ambiente por algún tiempo y fue objeto de muy variadas especulaciones. La verdad era que quien tuviera el mejor padrino en aquellos momentos, ese sería el tercer Arzobispo de Managua”.
Con la muerte de Monseñor Alejandro González y Robleto se inicia un período de sede vacante. El Vaticano nombró como Administrador Apostólico a Mons. Julián Barni, entonces Prelado de Juigalpa.
Entre tanto, Monseñor Obando, obispo auxiliar de Matagalpa, fue llamado a la Nunciatura. “Me comunicó el Sr. Nuncio, Mons. Lorenzo Antonetti, que la Santa Sede había pensado que yo sirviera a la Arquidiócesis de Managua como Arzobispo”, refiere Su Eminencia.
En ese tiempo Obando Bravo contaba sólo con 43 años de edad, siendo entonces el Obispo más joven de Nicaragua.
Diciembre de 1974: mediación en asalto a casa de Chema Castillo
Antes de entrar a su oficina es inevitable pasar por una pequeña antesala, celosamente vigilada por su secretaria, doña Chepita de Rivas, quien desempeña con desenvoltura y autoridad su cometido. Varias placas conmemorativas de reconocimiento y gratitud, así como premios diversos, sobriamente encuadrados, penden en las paredes.
Llama la atención uno de los cuadros donde se observa la primera página de la edición del New York Times, correspondiente al 30 de diciembre de 1974: presenta una fotografía del Arzobispo Obando, y un amplio reportaje de su papel como mediador entre Anastasio Somoza Debayle y un comando guerrillero del Frente Sandinista de Liberación Nacional que, durante una cena navideña en la residencia de José María Castillo, tomó como rehenes a algunos de los más importantes funcionarios de Estado y diplomáticos acreditados en el país. Las negociaciones concluyeron con la excarcelación de catorce militantes del FSLN que el gobierno de Somoza mantenía en prisión –y otras concesiones– a cambio de la libertad de los rehenes.
El éxito de la mediación significó para Mons. Obando, tanto nacional como internacional, una publicidad insospechada.
En alguna ocasión el Comandante Tomás Borge se ha referido socarronamente a la actuación de Obando en el episodio del asalto a la casa de Chema Castillo. Le acusa de haberse negado a informar al responsable del comando sandinista, Eduardo Contreras, que René Núñez fue detenido ese mismo día, y que su nombre debía haber sido incluido en la lista de prisioneros políticos, para los que el Frente Sandinista pedía la inmediata libertad. La consecuencia fue que René Núñez, actualmente miembro de la Dirección Nacional del FSLN, no logró la libertad hasta cuatro años más tarde, con ocasión de la toma del Palacio Nacional por el Comandante Edén Pastora.
El fogoso ex Ministro del Interior, Tomás Borge, concluye diciendo: “Obando fue un simple mediador. Y un mediador no tiene partido. Se supone que es una persona neutral. En aquel momento en que el acontecimiento tuvo trascendencia mundial, Obando aceptó mediar porque le daba mucho prestigio. Y él es un hombre que tiene vocación por los reflectores”.
– Su Eminencia comenta:
“Pienso que algunos de los que están hoy contando el cuento, no lo estarían haciendo si Dios, Nuestro Señor, no hubiera intervenido…”.
Agosto de 1978: asalto al Palacio Nacional
En agosto de 1978, un comando guerrillero asombra al mundo. Y el Frente Sandinista de Liberación Nacional se apunta la mejor victoria lograda hasta entonces con la audaz ocupación del Palacio Nacional.
Los miembros del Congreso de la República que se sesionaban en el momento del asalto fueron tomados como rehenes por Edén Pastora, el legendario “Comandante Cero”, que dirigía las operaciones.
Más de dos mil personas quedaron prisioneras dentro del Palacio, llenas de temor ante la incertidumbre de lo que pudiera acontecer en las próximas horas.
Por suerte para los rehenes, el inesperado acontecimiento que mantuvo en zozobra durante tres días al pueblo nicaragüense y a la comunidad internacional tendría como desenlace un arreglo a través del diálogo.
Monseñor Miguel Obando y Bravo fue llamado nuevamente para mediar entre las partes en conflicto. La prudencia y el buen hacer del Arzobispo de Managua, condujeron las conversaciones a un acuerdo entre las partes, antes que una élite de la Guardia Nacional, especializada en asalto, entrara en acción a sangre y fuego para someter a los insurrectos.
Como aconteció en la toma de la casa de Chema Castillo, en la Navidad de 1974, todos los guerrilleros salieron ilesos.
Y un numeroso grupo de camaradas que se encontraban en las mazmorras somocistas fueron liberados y viajaron a Cuba con los asaltantes del Palacio.
Marzo de 1983: Juan Pablo II visita Nicaragua
El cuatro de marzo de 1983, cuando en Managua eran las nueve de la mañana, el Papa Juan Pablo II besaba, por vez primera, la tierra pinolera salpicada de lagos y volcanes… y de sangre.
Con motivo de la venida del Papa se dio la manifestación más gigantesca en la historia de Nicaragua. Seiscientas mil personas asistieron a la Misa Campal que presidió Juan Pablo II en la Plaza 19 de Julio.
Jamás se imaginaba Juan Pablo II al llegar a Nicaragua que sería interrumpido incesantemente durante la solemne celebración eucarística.
Efectivamente, un sector de la concurrencia, manipulado por la Juventud Sandinista y otros activistas fanatizados, perturbó el normal desarrollo de la Santa Misa con lemas y consignas repetidas hasta la saciedad: “¡poder popular!”, “¡queremos la paz!”, “¡un solo ejército!”, “¡no pasarán!”… se escucharon durante toda la celebración con irritante machaconería.
El Santo Padre mantuvo la calma durante las interrupciones y hacía callar a la multitud para continuar su homilía. Varias veces tuvo que repetir, con voz suplicante: “¡Silencio, por favor!”.
Comentando este lamentable espectáculo que ofreció Nicaragua ante el mundo por causa de un sector de militantes sandinistas fanatizados y algunos cristianos-marxistas, para quienes sus máximas autoridades no provenían del Vaticano, sino de La Habana o Moscú, nos dice Su Eminencia:
“El pueblo nicaragüense sabe muy bien que el Papa Juan Pablo II es un hombre de Dios. Que no disimula la realidad por el deseo de agradar o ser original. Es un hombre recto, que actúa con criterios evangélicos”.
Mayo de 1985: ¡Cardenal Obando!
Eran las cuatro de la madrugada en Managua del sábado veinticinco de mayo de 1985. Decenas de miles de nicaragüenses, orando en silencio unos, expresando ruidosamente su júbilo otros, celebraron el momento en que las manos del Papa Juan Pablo II colocaban el birrete cardenalicio sobre la cabeza de Su Eminencia, Cardenal Miguel Obando Bravo.
Fuegos pirotécnicos surcaron los cielos de la ciudad de Managua, al mismo tiempo que se escuchaba el repicar de las campanas en los templos católicos de la capital. Durante la noche permanecieron abiertos en una extraordinaria vigilia de Acción de Gracias a Dios por bendecir a Nicaragua en la personas de un hijo dilecto: el Arzobispo de Managua.
Hombres, mujeres, ancianos y niños oraban y cantaban jubilosos, mientras en la Basílica de San Pedro en el Vaticano se llevaba a cabo la solemne celebración del Consistorio.
Momentos después que fuera investido como Cardenal, Miguel Obando Bravo dirigió un emotivo mensaje-saludo al pueblo nicaragüense por medio de Radio Vaticano:
“Desde Roma quiero dar gracias a Dios –fueron sus primeras palabras– por los beneficios que me ha concedido durante toda la vida. Gracias también al Santo Padre, por haberme creado Cardenal. Espero servir siempre a la Iglesia con fidelidad. Un saludo muy cordial a mi pueblo, a ese pueblo que tanto quiero. Desde Roma elevo una oración para que el Señor nos ayude a los nicaragüenses a conseguir la paz”.
* (Extractos de “Miguel Obando Bravo, Cardenal por la Paz”, Domingo Urtasun)