- Fue secuestrada y llevada a Costa Rica para prostituirla en burdel de San Antonio de Upala
- Logró escaparse con ayuda de dos hombres, y ahora hace la denuncia
Juan Ignacio Rosales [email protected]
Desde el mes de noviembre de 1997 Lucrecia del Socorro Manzanares Hernández fue reportada como desaparecida por su padre Félix Pedro Manzanares a la Policía de Jinotepe, Carazo, quien la buscó durante once meses.
Tras asegurar que la Policía no le ayudó a buscar a su hija, finalmente descubrió que Juan Francisco Carballo Calero la había vendido por 32 dólares en un prostíbulo, camuflado como una ‘soda’, en San Antonio de Upala, Costa Rica.
La joven denunció que estuvo secuestrada por dos años y ocho meses “hasta que dos hombres me ayudaron a escapar de la soda La Gaviota, donde Félix y Herlinda Martínez, madre e hijo, me obligaron a prostituirme bajo amenazas de muerte”.
Por otra parte, la joven explicó que Félix Martínez la violó en repetidas ocasiones y cuando ella se resistía la golpeaba con una tajona y hasta la amenazó de muerte si no se acostaba con otros hombres.
“Me tenían encerrada en un galerón con barrotes y alambre electrificado en el techo y no podía salir porque la entrada de la soda estaba siempre vigilada por guardias rurales armados”, aseguró.
Tras la denuncia del caso, el 20 de octubre, la Policía detuvo a Juan Francisco Carballo Calero por “trata de blancas” y a la afectada y su familia les dijeron que harían los contactos con la Interpol a fin de profundizar en el caso. Carballo fue dejado libre.
JOVENES VENDIDAS AL IGUAL QUE LAS SODAS
Según la joven Manzanares, mujeres menores de edad secuestradas en Nicaragua o llevadas con engaño, con promesas de trabajo, son vendidas en las llamadas ‘sodas’, que son negocios de los pueblos fronterizos con Nicaragua.
– Según la joven que logró escapar, estas ‘sodas’ son en su mayoría prostíbulos protegidos por guardias rurales ticos, donde las adolescentes nicaragüenses, mayoritariamente procedentes de Chinandega y las ciudades de los departamentos orientales de Carazo, Granada y Rivas, “son obligadas a prostituirse”.
– Félix Manzanares, padre de la joven secuestrada, relató que recorrió por once meses los pueblos fronterizos de Costa Rica, “donde vi que muchas de esas ‘sodas’ son prostíbulos, pero que los camuflan como lugares decentes donde hay guardias rurales cuidando a los que entran”.
– “Yo fui a muchas de estas ‘sodas’, algunas son lugares decentes, pero en otras no hay que preguntar para saber que son lugares donde los hombres llegan a buscar mujeres. Entre más jóvenes, mejor para ellos”, afirmó.