¡No seas pendejo!

Edgard Rodrí[email protected] Una enfermedad amenaza con apagar la voz de Julio “El Porteño” Jarquín, el mejor y más profesional de los narradores que tenemos en el país. “El Porteño” no sabe cuántos días lleva librando esa batalla, pero sabe que cada uno ha sido peor que el otro. Se le ha vuelto imposible volver a […]

Edgard Rodrí[email protected]

Una enfermedad amenaza con apagar la voz de Julio “El Porteño” Jarquín, el mejor y más profesional de los narradores que tenemos en el país.

“El Porteño” no sabe cuántos días lleva librando esa batalla, pero sabe que cada uno ha sido peor que el otro. Se le ha vuelto imposible volver a los micrófonos, es decir, se le está volviendo imposible vivir.

Julio es también mecánico dental, pero su historia la ha construido desde la radio, por medio de una privilegiada voz, una llamativa capacidad descriptiva y sobre todo por su admirable ética de trabajo y su actitud profesional.

Sin embargo, su enfermedad lo ha disminuido y por momentos da la impresión que se deja morir. La depresión tiende a estrangularlo y sólo el respaldo total de su familia lo mantiene aún con esperanzas de una recuperación.

Ante esta situación, la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua (ACDN) ha decidido sumar a las manifestaciones concretas de solidaridad con Julio y por medio de su presidente, el Dr. Carlos Reyes, se planea una meta.

“La idea es recurrir a diversos amigos que ya han mostrado interés en ayudar a Julio y hacer posible un viaje a EEUU para que se realice el transplante de riñón que necesita y ver si es posible que lo sigamos teniendo”, dice Carlos.

Entre las personas que han decidido apoyar este esfuerzo, se cuenta al General Joaquín Cuadra, Jorge Solís, Byron Jerez, Rosendo Mayorga y Eduardo Holmann entre otros. Y de paso, se pretende una cadena de programas deportivos.

El Dr. Reyes lo explicará más claramente en las próximas horas.

Voy a referirme ahora al título de esta columna, porque esa frase (me disculpan si está fuerte) es la que ha identificado a Julio desde hace un buen tiempo, sobre todo cuando su objetivo era llamarnos la atención a los nuevos por alguna falla.

Una de las veces que más se la escuché, fue en 1995, cuando junto a Julio realizamos el más extenso viaje al extranjero. Fueron 32 días. Aterrizamos en Millington, Tennessee, para luego viajar a Nueva Orleáns y finalmente llegar a Edmonton, Canadá.

En Edmonton, cuando son las nueve de la noche, el sol está tipo cinco de la tarde. Julio se había convertido en una suerte de responsable mío. Así que muy de mañana me decía “oye, levantate y te bañás, ya es tarde… Llamá ya a tu radio, son las 6 y 30”.

En fin, así transcurría cada día. Pero en Edmonton una vez eran las nueve de la noche y con el sol en su apogeo me dijo: “ideay, y ¿a qué horas te vas a acostar?.. “No ves que está el sol. Es temprano”, riposté en broma pero en serio.

Así que se incorporó de su cama y en tono alto me dijo: “no seas pendejo. Son las nueve de la noche, que te importa a vos que haya sol. Buscá como acostarte. Después no te querés levantar”.

Hoy en día, sé que Julio no se ha “apendejado”. No es su hábito. Pero no debe perder las esperanzas en que se puede ver la luz, aún cuando hayan pasado muchos días oscuros.   

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