- La educación es un problema multiforme y complejo que está de manera permanente en el centro de las preocupaciones de la sociedad. En esta Controversia los columnistas la abordan desde los ángulos de 1), el Plan Nacional de Educación; 2) su relación con los valores; y, 3) la conexión de la política con la educación
Regina Fuentes D.*
Atinadamente el profesor Oliveros y Otero afirma que la acción educativa es una actividad propia de seres libres, que por razones de paternidad, de amistad o de vocación profesional, colaboran en la mejora de otros seres libres.
La educación debe realizarse en función del bien de la otra persona. Así entendemos la educación como esa actividad que ayuda a la perfección integral de la persona. O sea que la educación no mira sólo al crecimiento intelectual del hombre, sino también a su crecimiento como persona, especialmente en sus acciones. Se podría decir que educar es ayudar a crecer en valores.
Actualmente se habla mucho de valores, pero vale la pena que pensemos qué son los valores. Educar en valores es la acción educativa que ayuda a descubrir aquellas cualidades inherentes al ser humano que lo lanzan a ser mejor, a superar limitaciones y a ser solidario con sus semejantes. Los valores tienen un carácter permanente y son para todos. Filosóficamente hablando se dice que los valores son objetivos, permanentes y universales. La justicia, la honradez, la verdad, el bien, el respeto, son realidades que no cambian aunque cambien las circunstancias ambientales. Mientras exista un ser humano sobre la tierra su conducta será la de un ser humano, si actúa con valores.
La educación como un proceso de crecimiento en valores, consiste en acercar los valores a la escuela, a la familia, a la sociedad. Si entendemos el valor como algo interior al ser, acercar valores será ayudar al niño, al adolescente, al adulto a descubrir lo que lleva dentro de sí mismo. Es un descubrimiento en el que los educadores ayudan con su ejemplo, con su palabra, con su autoridad.
Quien se educa debe ver en el comportamiento de las autoridades, de los padres, de los profesores, de sus amigos, valores en hechos concretos, en modos habituales de reaccionar, etc.
Si queremos educar en valores, empecemos como educadores a vivir cada uno en valores. Queremos honradez en la familia, en la escuela, en la sociedad, empecemos por practicar la honradez en la familia, en la escuela, en la sociedad. Queremos que haya justicia, practiquemos la justicia. Queremos vivir en un mundo de verdad, vivamos la verdad.
Ayudar eficazmente a crecer en valores equivale a hacer el bien, sin mirar a quien. La tarea de los educadores consistirá, fundamentalmente, en captar -en cada hijo, en cada alumno, en cada ciudadano- su dignidad como persona.
La acción educativa consiste en hacer el bien, en enseñar a hacer el bien, hacer hombres y mujeres de bien. Esta acción reclama en primer lugar un clima de confianza, clima en el que uno se siente aceptado por lo que es y comprendido y exigido en lo que hace.
En segundo lugar, implica entender y descubrir lo que verdaderamente es el bien. Bien es todo lo que dignifica a la persona, la que lo lleva a acciones que lo hacen actuar con inteligencia, y buscando lo mejor para uno y para los demás.
Hay algunos obstáculos para la educación en función del bien. El principal de ellos es el miedo. Una especie de miedo subversivo, que el Dr. García Hoz describía así: “Los padres tienen miedo a los hijos. Tienen miedo a irritarles y a dar ocasión a que rompan de un modo más o menos largo las relaciones familiares. Tienen miedo a ofrecerles la imagen gastada de un hombre que no es capaz de adecuarse a las situaciones actuales. Tienen miedo a perder la tranquilidad si expresan sus opiniones sincera y claramente diciendo que está mal una cosa que en realidad está mal”.
Este tipo de miedo -de padres, profesores, servidores públicos- repercute en el ejercicio de la autoridad educativa. La encontramos en algunos educadores que reflejan actitudes vacilantes. Una especie de camaleones a quienes se los lleva la corriente, o lo que es peor que en valores esenciales son capaces de ceder por miedo al ambiente o por no caer antipáticos. Así como por amistad, no somos capaces de aceptar que 2+2=3; en los temas de valores, que tienen mucho más trascendencia para la persona y la sociedad, no cedamos.
Hay también un gran miedo al esfuerzo personal. Es un miedo que se incrementa por una sociedad permisiva. El exceso de facilidades, el clima de egoísmo, hace cada día más difícil el esfuerzo. Y sin éste es imposible el desarrollo de valores.
Padres, profesores, servidores públicos, necesitan exigir y exigirse en estrecha colaboración para superar este miedo, y vivir un valor fundamental: la valentía para hacer siempre el bien. Por la importancia del tema en el Colegio Lincoln hemos invitado al Dr. David Isaacs educador con experiencia en este campo a dirigir una serie de seminarios para padres y profesores.
*La autora es educadora.
Controversia:
La política y la educación