- Su popularidad en Jinotepe, lo llevó a convertirse en un reconocido personaje para
jóvenes y adultos
Mario Fulvio Espinoza [email protected]
“Chulito” es una erupción de palabras. Habla como si creyera que no le queda tiempo para decir lo que quiere decir. Y razón no le falta, pues si calculamos que sus padres y abuelos vivieron cien años, a él sólo le quedan cuarenta calendarios Bristol para desenguaracar los descomunales tesoros que guarda en su mente.
Si como dice Gardel, “veinte años no es nada”, pues cuarenta son menos que nada. Una minucia, un “pedito de amiba”, cien mil ceros a la izquierda y sin redondear.
Se entiende, pues, que “Chulito” sea un torrente verbal a prueba de diques, pues está consciente de que las limitaciones humanas de su equipo fonador no le permitirán evacuar ni en cuarenta ni en cien años los cuentos, chistes, historias, anécdotas y tradiciones que guarda en su cofre craneal.
El hombre más popular de Jinotepe
“Si me pregunta quién soy, ya le respondo: mi nombre es Ramón Calixto Cortés Boza. Me llaman ‘Chulito’, hijo de mujer y engendrado por un hombre. Nací en una cama de palo —porque en ese tiempo no habían “Simmons”—, el 14 de octubre de 1939 en el barrio San Antonio de Jinotepe. No conocí a mi madre y fui criado desde la edad de seis meses por cinco cabras, por eso de vez en cuando berreo”.
– Pero es mejor berrear como cabrito que berrear como cabro grandote, ¿verdad?
– Ya entiendo lo que quiere decir. En ese aspecto la nota es de todo un poco; pues hago lo que decía la viejita: “Dale y dale hasta que se pele”.
– ¿Qué dijo “Chulito” cuando vio la luz del mundo?
– Di el alarido desafinado que dan todos los niños. Yo mismo me felicité porque nadie me felicitó y en mis cumpleaños me ha tocado salir a la calle a tocar la música, tirar los cohetes y cantarme el “japiverdi”.
A la edad de siete años “Chulito” compró sus primeras botas, fue voceador, barredor, portero, relojero, caramanchelero “y lo primero que aprendí de los que me criaron fue que nunca tocara lo ajeno y hasta la vez a Calixto Cortés nadie le ha dicho ladrón en ninguna parte”.
– ¿Es decir que usted no toca ni la fruta del cercado ajeno?
– Ya sé por donde va… Se puede tocar a las solteras y a las mal casadas, que si son mal casadas es como que no tengan marido. Aquí donde me ve, tengo seis hijos por fuera y cinco por dentro.
JINOTEPE: 48 CASAS CON 80 FAMILIAS
Este “Chulito” de baja estatura, cara rubicunda y pelo entrecano guarda añoranzas del Jinotepe de su niñez, cuando la aldea se formaba con 48 casas y 80 familias. “Las calles eran con rampas y después de los grandes aguaceros nosotros encontrábamos en las calles monedas, cangrejos y hasta camarones… Aquellas si eran correntadas que se lo escapaban de llevar a uno”.
– ¿Recuerdas a las familias más notables de ese tiempo?
– Eran famosos los González, a los que les decían “Los Chompipes”, estaban los Macanches, la familia Cortés Vivas, ya casi desaparecida. Pero hay unos duros, como el señor Mercedes Acevedo que tiene 110 años y canta las canciones de Sandino, aunque ya está medio loquito.
Chulos por sécula seculórum
¿Y por qué le dicen a usted “Chulito”?
Ya le contaré. Resulta que mi abuela tenía cinco nietos, todos negritos y parecidos, sólo yo salí blanquito. Pues resulta que íbamos a comprar a la venta de doña Luisa Gómez, donde había una lora.
Una vez llegó uno de los negritos a comprar, y doña Luisa le preguntó, y cómo te llamás vos, “Ursulo, pero me llaman Chulo.
A doña Luisa le cayó en gracia y dijo, “Despachen al Chulo”. Y cada vez que llegábamos nos decía a gritos, ya vienen Los Chulos, la lora aprendió aquella palabra y la repetía a gritos… Desde entonces fuimos Chulos para sécula seculórum.
Sobresaliente jinotepino
Su nombre de guerra es “Chulito”, que se antepone al de Ramón Calixto Cortés Boza, que le sirve para las cosas oficiales, legales o de notaría. Si en Jinotepe usted pregunta por Ramón Calixto nadie le da razón, pero si le agrega “al que le dicen “Chulito”, hasta te llevan al mercado donde el susodicho tiene un “tramito diversificado”