- José Rivas cayó esta semana de la Dirección de Migración y Extranjería. En ninguna de sus andanzas militares que comenzaron en 1973 cuando ingresó a la Academia Militar y terminaron en 1986, cuando una mina le arrancó la pierna izquierda en la guerra contra el gobierno sandinista, sufrió una derrota como la que vivió el 5 de diciembre pasado cuando el cónsul de Estados Unidos en Nicaragua, Celio Sandate, lo citó a su despacho, le canceló la visa y le acusó de tráfico de inmigrantes ilegales y narcotráfico. “Fue humillante”, dice
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Junio, 15 de 1986. Un helicóptero piloteado por Irwing Guillén Merlo aterriza subrepticiamente por el sector de Waslala. Es la primera operación helitransportada que hace la contrarrevolución a esa profundidad, y busca rescatar al “Comandante José”, quien doce días antes había pisado una mina explosiva mientras buscaban salir para Honduras. Además de Merlo llega Mike Lima, otro reconocido comandante contra, y entre todos logran montar en el helicóptero al desafortunado “Comandante José”, cuya pierna acusa una gangrena avanzada.
Guillén Merlo y el “Comandante José” habrían de encontrarse nuevamente 14 años después, en septiembre de 1999, cuando el primero solicita un pasaporte al segundo, que para ese entonces es el Director General de Migración y Extranjería de Nicaragua. La cosa hubiese sido un reencuentro más a no ser que el 10 de mayo pasado Guillén Merlo aterrizó de emergencia en la zona de Siuna, de donde es originario, con un helicóptero robado en México, en una aparente operación de narcotráfico.
El pasaporte a Guillén Merlo, otro a un colombiano y tráfico de inmigrantes ilegales, son entre otros los cargos que extraoficialmente enfrenta José Rivas y que le valieron la cancelación de su visa estadounidense y el cargo de Director de Migración.
José Rivas, 45 años, no parece ser un militar, a pesar de sus dos títulos: Subteniente de Infantería y Teniente de Corbeta. Tampoco parece haber perdido una de sus piernas, pues camina con bastante normalidad gracias a la prótesis que sustituyó su pierna izquierda.
Su historia comienza en 1973 cuando entra a la Academia Militar. Como oficial de la Guardia Nacional dice que jamás disparó un tiro contra un semejante, pues fue destacado en la Costa Atlántica, donde no hubo guerra. Con el triunfo sandinista, del que supo por la radio, huyó a Honduras y posteriormente a México. Y luego, de regreso a Nicaragua como el “Comandante José”.
-¿Cuándo regresa a Nicaragua?
“Entré a Nicaragua con tropas en mayo del 83”.
-¿En qué zonas combatió?
“Anduve por el lado de Boaco, Chontales, hasta que en 1986, por el lado de Waslala caigo en una mina. Me llega a rescatar este famoso muchacho del helicóptero (Irwing Guillén Merlo), la primera misión aerotransportada que se hace a esa profundidad. Estuve 12 días herido, engangrenado, por cosas del destino no estoy muerto”.
-¿Cómo fue que cayó en la mina?
“La historia es que nos quedamos sin tiros, íbamos buscando una vía de escape, nos tienen casi cercados, no sabemos cuánta gente era. Yo empiezo a evacuar los diferentes destacamentos y patrullas y me quedo por último. Ya cuando la gente está en los bordos, que me pueden proteger, me voy por debajo, van cuatro hombres delante de mí, yo soy el quinto y yo piso la mina. Me dejan escondido como cinco o seis días en una cañada, en una parte baja, sólo con dos muchachos. Y un campesino que nos llevaba comida. Pasaban las patrullas por arriba y al sexto día ya me comienzan a trasladar y hasta el doceavo día llega el helicóptero que me saca cerca de Waslala. Me llevan a Miami, ahí empiezo a representar el sector agrario de la Resistencia”.
-En la Contra sí participó personalmente en combate.
“Ah sí. Ya era comandante de tropa y me tocaron buenos combates. Uno que sonó bastante fue la toma de San Rafael de Norte, que me tocó dirigir. Creo que fue en marzo”.
-¿En algún momento ejecutó a alguien?
“No, fíjese que no. Al contrario, en muchos momentos me tocó salvar vidas. Agarrábamos soldados del EPS, y la gente, entre menos nivel cultural, tiene sentimientos más espontáneos. En algún momento me tocó salvar vidas. Hay muchachos aquí en Managua que son testigos. Una vez agarramos a cinco muchachos. Ellos pensaban que se les iba a ejecutar, yo les hablé, les convencí que iban a trabajar con nosotros. Los pusimos en un destacamento de los más aguerridos. Me salieron tres buenos, dos se desertaron. No tengo ni tuve la sangre para ejecutar a nadie. Soy cristiano, como le digo, me metí a la guerra porque sentí una necesidad moral. No me gusta andar armado”.
-¿En combate sí habrá matado a algunas personas?
“Hombré, en combate uno dispara y uno mira que caen de un lado y del otro, pero que yo haya sentido como a veces la gente narra… que sentí que le pegué, sinceramente no”.
-En 1990 regresó a Nicaragua.
“En 1990 nos toca regresarnos. Queremos participar y sentimos que todos los partidos políticos nos dan la espalda. No nos quieren recibir, no nos prestan los micrófonos en las radios, entonces nos miramos en la necesidad de hacer un partido: el partido Resistencia Nicaragüense. Ahí estuvimos hasta 1992 cuando entro a trabajar a la Alcaldía de Managua”.
-¿Usted es liberal o es Resistencia?
“Yo siempre he sido liberal. Sentí la necesidad de formar el partido (Resistencia Nicaragüense) porque sentía que el Partido Liberal nos cerraba las puertas. Pero cuando ya hicimos unas amistades miramos que nos podíamos meter, y algunos de la Resistencia que nos hemos identificados como liberales pues nos pasamos al Partido Liberal. Aparte de que se cansa uno de estar peleando con los mismos. Era un partido infiltrado, mediatizado, no lo dejaban caminar, todos peleando contra todos, nos aburrimos y miramos un espacio y nos pasamos al Partido Liberal”.
-¿Siente que ha tenido el respaldo de su partido en esta crisis que está viviendo?
“Siempre que he estado en crisis me he defendido solo. Siempre que he sentido que tengo la verdad en la mano me voy a defender solo. ¿Cómo me siento políticamente? Me siento bien. Creo que voy a salir fortalecido de esta crisis. Creo que hubo mal cálculo del cónsul de la embajada (de EE.UU.) Celio Sandate”.
-¿Por qué hizo un mal cálculo?
“Porque hizo unas acusaciones graves. Me acusó de tráfico de ilegales y prácticamente me hace una carta donde dice que soy narcotraficante. Probar eso… Si a la misma gente que está metida en narcotráfico se hace difícil probarlo, ahora a mí cuando la única participación mía ha sido entregar el pasaporte a un nicaragüense”.
-¿Usted va a exigir que el cónsul le demuestre los cargos que le imputa?
“Yo le estoy enviando una carta a la señora Deborah McCarthy (encargada de negocios en la embajada) donde quiero que me explique cuáles son específicamente esos casos para yo poderme defender. Estamos hablando con abogados expertos en Migración en Estados Unidos y vamos a ver qué vamos a hacer”.
-¿A qué atribuye usted toda esta crisis?
“Yo he tenido una tensa relación con el Cónsul General (de la embajada de EE.UU. en Nicaragua). Yo soy hombre de barrio, pero me gusta respetar para que me respeten. No le he permitido a este señor que llegue amenazando a mi oficina, ni que me levante la voz, mucho menos permitir que me golpee el escritorio. Yo he hablado bien claro, hombré y parece que eso no le ha gustado. Yo tengo muchos detractores en Migración, porque he despedido a mucha gente y parece que lo han estado alimentado de cosas y se las creyó o pensó que yo no iba a estar preparado para defenderme. Me citó y me dijo que me iba a cancelar la visa… Fue una cosa humillante… Llamó a un poco de gente, me sentó… Lo que ha salido en los medios”.
-¿Y usted cómo se sintió en ese momento?
“Yo he sido hombre de vergüenza, me sentí bien humillado. No soy una persona a la que le guste avasallar a nadie. Si le voy a llamar la atención a alguien, lo llamo aparte y lo hago en privado. Este señor goza cuando está avasallando. Este señor es un déspota, es un prepotente… Ahora que yo lo he denunciado, he escuchado que muchas personas coincidimos en eso”.
-¿En ese momento no le dijo nada?
“Yo le dije: espérese señor, usted por qué me está acusando de narcotráfico o tráfico de ilegales. No, no sé, me dijo, esto es del Departamento de Estado. No, pero usted debe saber, yo siento que usted me está juzgando, dígame qué es para poderme defender. Yo le hablé del caso del piloto, porque ese expediente lo querían desaparecer de Migración…”
-¿Quién lo quería desaparecer?
“Llegaron ex funcionarios de Migración donde el jefe de archivo y le dijeron que querían llevar ese documento a la Embajada (de EE.UU.) y que querían perderlo. Algunos folios, pues, para que sólo quedara la última hoja, donde yo aprobaba, como para que no hubiese ningún antecedente de que a esta persona le habían dado tres pasaportes en diez años”.
-¿Y qué es lo que pasa? ¿Hay ahí una mafia?
“Desde que yo llegué he corrido como a 300 funcionarios, exactamente por eso. Por sacar pasaporte a un peruano o un colombiano con papeles nicaragüenses”.
-A usted lo destituyen del cargo de Director de Migración y Extranjería. ¿No se siente traicionado por el doctor Alemán?
“Hombré, fíjese que no. Yo escuché decir más bien que a mí se me quería cambiar para protegerme, porque viene un año electoral difícil y así como me han pasado estas cosas pueden salir otras. No me siento traicionado”.
-Pero alguien lo está castigando, porque pasa de Director a asesor…
“No me siento así. Como decimos en el barrio, nunca he agarrado la vara, y donde estoy me siento bien. Aunque parezca que es una democión yo siento que se está haciendo el traslado para protegerme”.
-¿No siente que esté cayendo en desgracia en el Partido Liberal?
“No, yo siento que estoy bien y siento que voy a salir fortalecido”.
-¿No sería muy fácil explicar toda esta crisis por el hecho de una mala relación entre el Cónsul General de Estados Unidos en Nicaragua y el Director de Migración?
“Yo doy la cara y si hay más díganme para contestar. Yo estoy de golillero. Alguien tiró la información con intención de desprestigiarme y yo me he defendido”.
-¿Quién tendría interés en desprestigiarlo?
“Podría ser el cónsul (Celio Sandate)”.
-¿Políticamente nadie está tratando de pasarle la cuenta?
“No sé, no sé. Como le digo somos de la Resistencia y tenemos bastantes detractores y uno no sabe”.
JOSE RIVAS: «EN LA ACADEMIA MILITAR ME REFORMARON»
El 19 de julio de 1979, un subteniente de la Guardia Nacional destacado en El Bluff, Bluefields, se entera a través de la radio que su gobierno ya no existe más y que ahora mandan los sandinistas en Nicaragua. En una lancha patrullera llega a Honduras, dejando atrás una guerra que perdió sin haber disparado un tiro.
José Rivas había ingresado a la Academia Militar en 1973, atraído por la gallardía y disciplina que mostraban los cadetes cuando marchaban los domingos. Para ese tiempo José Rivas es un muchacho díscolo, y tan mal portado, que no quisieron admitirlo en el Instituto Ramírez Goyena cuando iba a cursar el cuarto año de bachillerato. Dolor de cabeza de su padre, un vendedor de repuestos y su madre una maestra de secundaria.
“Yo era tan inquieto, tan indisciplinado, que hasta mi mismos tíos hacían apuestas porque yo no iba a durar mucho tiempo (en la Academia), pero por cosas de orgullo duré. Cuando estoy en tercer año en la Academia Militar, siento que quiero conocer algo diferente. Y como ofrecen unas becas, me voy a estudiar ingeniería naval en México”.
“Para la época de la guerra me mandan a llamar, ya siendo yo oficial y estudiando el cuarto año de ingeniería, para prestar servicio en la Guardia Nacional. Vengo en los días en que se da el repliegue para Masaya. Hablo con el coronel Somoza, El Chigüín. Me manda para El Bluff, ahí en la Costa Atlántica. Ahí no pasó nada. Me tocó oír por la radio el triunfo de los sandinistas”.
“Yo no usé uniforme, no usé los rangos, no me dieron arma de reglamento. Llegué a la Costa Atlántica de camiseta y blue jeans. Ahí me dieron unos overoles viejos. El propio 19 de julio me tocó sacar una lancha patrullera y nos fuimos para Honduras. La gente se quedó y yo seguí para México a seguir estudiando. En cuatro años había hecho buenas relaciones y como tenía buenas calificaciones me dieron una beca. Me gradué en 1980. Como era extranjero no podía ejercer como marino de guerra en la armada mexicana, entonces me puse a trabajar en Michoacán en una empresa siderúrgica. Tenía un suegro que era general del ejército mexicano. Económicamente estaba bien pero moralmente me sentía mal… No soy un hombre guerrerista, pero tenía dos títulos militares y en Nicaragua comenzaba una guerra. Hombré, entonces dejo todo, hasta la novia”.
-¿Qué queda de aquel muchacho indisciplinado?
“No, en la Academia Militar me enseñaron a comportarme. Cambié bastante. Eso era como un reformatorio”.