- El estupendo bateador venezolano se ha convertido en una fuente de inspiración que trasciende las fronteras del béisbol
Edgard RodríguezEnviado Especial /MIAMI
Cada vez son más numerosos los bateadores de 30 jonrones en una temporada. También los que remolcan 100 carreras. Incluso, caminar sobre los 150 hits es cada vez más común…¿Pero cuántos son capaces de hacerlo después de haber “sorteado” un cáncer?
Andrés Galarraga lo ha hecho
Este corpulento artillero venezolano, que coquetea con la frontera de los 40 años, está listo para unirse a Texas, en lo que espera sea otra de esas sensacionales campañas que suele registrar. El “Gran Gato” como se le conoce cariñosamente, tiene su motivación al máximo. Ha vuelto a nacer.
“No puedo pensar de otra forma después de pasar la prueba que me ha tocado. Mi agradecimiento a Dios es total. Siempre pensé que no sólo se trataba de sobrevivir al cáncer, sino de volver a la pelota, y el Señor me ha concedido el milagro completo”, dice Galarraga a LA PRENSA.
Después de una temporada distante del juego, en la que batalló contra esa terrible enfermedad, Andrés regresó a los Bravos y demostró que su calidad estaba intacta.
Y aunque Atlanta da la impresión de no haber estado tan convencida sobre su durabilidad, Texas sí lo está.
“Estoy muy contento de unirme a los Rangers. Es un gran equipo. Se ha hecho una gran inversión y pienso que vamos a dar mucha batalla. Hay quienes piensan que el staff de lanzadores es muy discreto, pero si mejoras defensa y ataque el pitcheo también sube”, dice el Gato.
Conversar con Galarraga es siempre un honor. Más aún cuando hay cierta identidad con ese asunto de las enfermedades que ponen a prueba el carácter. Andrés se impuso en ese duelo y ahora considera que Dios lo usó para mostrarle a otras personas que se puede luchar y vencer.
“Eso es lo que pienso. Dios a través mío ha enviado un mensaje a los enfermos de cáncer. No hay que dejarse morir. Si yo lo hice, cualquiera puede hacerlo. Pero se necesita tener fe y desde luego el respaldo de tu familia, algo que obviamente yo tuve totalmente”, asegura el artillero.
Galarraga asegura que su esposa, sus hijos y sus padres crearon una atmósfera tan positiva que ni siquiera hablaban de la enfermedad. Había mucha fe, mucha confianza y Dios no nos falló. Hoy estoy de regreso al juego y deseo jugarlo con más intensidad todavía”, afirma.
Pero en medio de toda esa profunda espiritualidad de Andrés, esa expresión alegre que proyecta y el respeto que se ha ganado a costa de su vida misma, hay un poquito de incomodidad en su corazón respecto a Atlanta, un equipo al que ayudó a sostenerse en el “hit parade”.
“Pensé que me darían un nuevo contrato. Sé que esto es un negocio, pero yo fui rentable al equipo. Después de mi enfermedad volví y cumplí con las expectativas, sin embargo, no se creyó en mí, pero gracias a Dios hubo más oportunidad y tomé la de los Rangers”, explica.
En confianza
“Quiero por tu medio agradecer las oraciones que hicieron no sólo en mi país, sino en toda América Latina para que yo me curase”.
“Lo que me ha pasado es una lección que Dios me dio personalmente, pero que también debe servir de ejemplo de que se puede vencer el cáncer”
“La unidad familiar es clave. Sin ese apoyo yo no estaría no sólo de regreso al juego, sino quizá hasta sin vida”