- Una de las víctimas mortales fue un concejal electo del municipio El Jícaro
Alina Lorio L [email protected]
EL JICARO, OCOTAL.- Dos crímenes atroces ocurridos entre la medianoche del 31 de diciembre y las primeras horas del primero de enero, en la localidad de Susucayán, municipio de El Jícaro, ha conmovido a la población de esta región segoviana, que altamente preocupada por el grado de inseguridad y peligrosidad de los delincuentes, se han dispuesto a organizarse para protegerse.
Joaquín Vásquez Olivera, concejal liberal electo del municipio de El Jícaro, fue asesinado a eso de las 11:50 de la noche del 31 de diciembre en la comunidad Los Arados, por siete impactos de bala que descargaron contra su humanidad dos sujetos que la Policía Nacional identificó como Cecilio Torres Centeno y Roberto Antonio Corrales Corrales.
Minutos antes, en el poblado de Susucayán, a dos kilómetros de Los Arados, los mismos sujetos habían asesinado de dos balazos al joven Juan Ramón Bellorín Meneses, quien el mismo día de su muerte cumplía sus 19 años de vida.
Testimonio del padre
Uno de los balazos le atravesó el corazón y el otro entró por la sien izquierda con orificio de salida en la sien derecha, según el testimonio de don Jesús Armín Bellorín Sarantes, padre de la víctima.
Tanto las declaraciones de los testigos, familiares de las víctimas y de los mismos presuntos asesinos, ante la Policía Nacional, Cecilio Torres Centeno y Roberto Corrales Corrales se hacían pasar como comerciantes de madera y granos básicos, pero también ofrecían y compraban armas, por lo que también existe la presunción de que su verdadero negocio era con el tráfico ilegal de armas hacia Honduras
Según las investigaciones policiales, ambos sujetos portaban varias armas: una 9 mm nueva que Corrales portaba ilegal porque la documentación la portaba aún Norman Francisco Suárez Benedicto, que el 29 de diciembre se la vendió en Jalapa con la condición de entregar el permiso de portación hasta que su comprador se la cancelara. La otra que utilizaron en ambos crímenes fue una pistola calibre 38.
Torres y Corrales presuntamente se encontraban de pasada por Susucayán, donde se quedaron el 31 de diciembre para continuar su viaje luego con rumbo a Quilalí. Ahí, en la localidad de El Zúngano “nos esperaba Napoleón Tercero para negociar con una madera”, se lee en las declaraciones de Cecilio Torres, integradas al expediente de la Policía Nacional.
Tomó licor con asesinos
Uno de los occisos, Juan Ramón Bellorín, 19 años, había estado consumiendo licor en una cantina de Susucayán con los dos sujetos en horas tempranas de la tarde del 31 de diciembre. A eso de las 7:00 de la noche llevó a uno de ellos a su casa a comer nacatamales y aprovechando la oportunidad el “desconocido” ofreció venderle a don Jesús Bellorín la pistola 9 milímetros.
El sujeto se identificó como jefe del Estado Mayor del Ejército de Nicaragua, manifestando que tenía las mejores armas en su poder, asegurando que la calidad de éstas no tenían comparación ni siquiera con las que portan los escoltas de Daniel Ortega, Humberto Ortega y Arnoldo Alemán.
“Le contesté: suficiente con la que tengo y él me respondió con tono amistoso: voy a darle un buen regalo que verá, nunca se le va a olvidar”, recuerda don Jesús Bellorín, quien aseguró que le había advertido a su hijo que no saliera más de la casa, pero el joven no hizo caso, sino que fue a encaminar al sujeto y después se dirigió a misa.
“Fue a misa, todos en el pueblo lo vieron, pero a casa no regresó. Lo esperé hasta las 2:00 de la madrugada y nada, hasta por la mañana un amigo me avisó que mi hijo estaba muerto en la calle nueva de Susucayán”, manifestó el padre de Juan Ramón evidentemente aturdido por lo ocurrido.