- A pesar de la polarización del electorado nicaragüense, confirmada en las elecciones municipales de noviembre pasado, las dos principales fuerzas políticas (PLC y FSLN), parecen necesitar aliados para asegurarse el triunfo en las presidenciales de noviembre próximo. A los demás partidos, la alianza los podría convertir en factor de decisión. Alrededor de eso es la controversia más importante del momento
Julio Ruiz Quezada
Como miembro de la junta directiva Nacional del Partido Conservador, puedo asegurar que en ningún momento ha sido tema de discusión en las sesiones ordinarias de la Junta Directiva una posible alianza entre el Partido Conservador y el Partido Liberal Constitucionalista.
Después de pasadas las elecciones municipales hubo una reunión de líderes nacionales en el Hotel Las Mercedes, donde se acordó que el Partido Conservador no debe participar solo en la Contienda Electoral del presente año, y que tampoco puede hacerlo con el resto de los partidos que integraron la Primera Fuerza Democrática y que debemos juntarnos también con otros partidos para enfrentar a un FSLN fortalecido por el pacto libero-sandinista, que le entregó entre otras cosas el control del funcionamiento del Poder Electoral, permitiéndole obtener un triunfo cualitativo en las pasadas elecciones municipales y eventualmente acceder al poder por la “escalera de plata” que le tendieron los negociadores liberales al concederles que puedan ganar la Presidencia de la República con el sólo treinta y cinco por ciento de los votos en los términos a que se refiere la reforma constitucional y la vigente Ley Electoral.
Así planteada la cuestión, es mi opinión personal, que debe conversarse con el PLC, lo mismo que con las otras fuerzas democráticas para llegar a un acuerdo político no sólo para impedir la llegada al poder del FSLN, sino con la finalidad de construir una democracia verdadera, no retórica, enmarcada en un régimen de derecho y justicia social con pleno respeto a las libertades públicas, convenio que a mi juicio debe sustentarse en las siguientes bases:
1) Rechazar toda posibilidad de suscribir con el PLC un pacto prebendario similar al que celebró este partido con el FSLN, que debilitó las instituciones democráticas al sujetarlas a los intereses partidarios, reformó la Constitución y promulgó una Ley Electoral con la ilícita finalidad de excluir a otros partidos e inhibir a personas de participar en las elecciones, con el triste resultado de haber obtenido una masiva abstención electoral.
2) Aceptar suscribir con el PLC una alianza entre pares, entre partidos y no entre personas, con la finalidad de concurrir juntos y también con otros partidos democráticos a las elecciones generales que se efectuarán en noviembre del presente año, para hacer una realidad un proyecto de nación que se base en un Programa de Gobierno consensuado entre los partidos que integren la alianza, en el que se deben incluir los siguientes puntos mínimos:
a) Guerra abierta contra la corrupción por medio del fortalecimiento a la Contraloría General de la República, una reforma total de nuestro sistema judicial que acabe con la percepción popular de la impunidad de que gozan algunos sectores privilegiados de la sociedad, lo que también constituye una forma de lucha contra la corrupción.
b) Implementar una reducción del Gobierno con el objeto de acabar con el burocratismo y el despilfarro y una reducción de los salarios y otras prebendas de funcionarios públicos, que contrastan con el salario mínimo de los trabajadores, de los policías, maestros y enfermeras, sin tomar en cuenta el alto costo de la vida ni la constante devaluación de nuestra moneda.
c) Convertir la Economía de Mercado que propicia el Estado Facilitador en una Economía de Mercado Socialmente Orientada para hacer realidad el Arto. 130 Cn. que define a Nicaragua como: “un Estado Social de Derecho”.
d) Todo lo anterior, alianzas incluidas, debe pasar de previo por una reforma inmediata a la Ley Electoral que devuelva los derechos políticos a los nicaragüenses para organizarse en partidos políticos, suprimiéndose las limitaciones existentes para participar en los cotejos electorales que impiden la conformación de alianzas entre partidos y violentan los Artos. 47 y siguientes de la Constitución Política donde están establecidos los derechos políticos de los nicaragüenses.
Quiero dejar constancia para conocimiento de todos y en especial de los conservadores, que está vigente el convenio Libero-Conservador que se suscribió el 12 de septiembre de 1986, firmado por el Sr. Alfredo Reyes Duquestrada, como secretario General del PLC y el Lic. Mario Rappaccioli, como presidente nacional del Partido Conservador de Nicaragua, el que fue ratificado por las Juntas Directivas de ambos partidos en una reunión efectuada en la Casa del Partido Conservador en el año de 1991, en el que se establece en el acápite C) “participar unidos en eventos políticos y en actividades de propaganda y proselitismo y en toda otra actividad tendente a robustecer nuestra lucha cívica por la democracia”.
Con estos antecedentes y si existe acuerdo de todos para la implementación de un gobierno democrático, creo que el Partido Conservador podría sin temor suscribirse una alianza con el PLC, la que en este momento no es posible sin la previa reforma de la Ley Electoral.
El autor es directivo del Partido Conservador.
Controversia:
Alianza para cambiar o para no cambiar
FSLN: una alianza con la nada