Un oficial de la Policía Nacional contempla las solitarias avenidas de la capital, la noche del 31 de diciembre. Una gran cantidad de capitalinos se trasladó a las playas. LA PRENSA/I.HERNANDEZ.

Calles capitalinas estuvieron desiertas el 31

Sólo policías y bomberos acompañaron las solitarias calles de la ciudad en las celebraciones de bienvenida al 2001 Valeria González [email protected] Durante un recorrido que realizó LA PRENSA por las principales vías de comunicación de Managua, se constató que la ciudad de Managua lucía desierta a escasas horas de la medianoche del 31 de diciembre […]

  • Sólo policías y bomberos acompañaron las solitarias calles de la ciudad en las celebraciones de bienvenida al 2001

Valeria González [email protected]

Durante un recorrido que realizó LA PRENSA por las principales vías de comunicación de Managua, se constató que la ciudad de Managua lucía desierta a escasas horas de la medianoche del 31 de diciembre del año pasado, además, las puertas de algunos centros de diversión estaban cerradas.

Las pocas personas que se encontraban en algunas zonas de la capital, se dieron a la tarea de buscar el calor familiar a pocos minutos de que el reloj marcara la medianoche.

Tal es el caso de la señora Socorro González Rizo, pobladora del barrio Waspán, quien se encontraba en la rotonda Rubén Darío acompañada por sus hijas y nietos.

La familia de la señora González se trasladó a este lugar en el taxi de un familiar. Ellos partieron hacia su casa una hora antes de la media noche para degustar la cena que prepararon y también, saludarse mutuamente cuando el repique del reloj anunciara el nuevo año.

La familia buscaba un momento de diversión para olvidar sus problemas, ya que la crisis económica está “muy dura” y con el poco dinero que logra obtener de lavar y planchar ajeno sólo puede medio comer, comentó Socorro.

Contrario a la familia de la señora González, los efectivos policiales y los miembros de la Dirección General de Bomberos no pudieron dar el saludo a sus parientes porque estuvieron pendientes a las incidencias que se pudieran presentar. Ellos estuvieron ubicados en semáforos y principales gasolineras del país.

COMPARTIO UN PLATO DE COMIDA

Mientras muchas personas se alegraban quemando pólvora al dar las doce de la noche, Erving Chavarría González, de 19 años de edad compartía con su mamá, Eufemia, un plato de arroz a la valenciana que le regalaron unas personas caritativas, mientras cuidaba los carros de las personas que asistían a misa en la Catedral de Managua.

Y es que para Erving el cuidar carros es una obligación porque debe llevar el sustento a su familia. Los jueves y domingos él llega al parqueo de la Catedral acompañado por una toallita de color roja, que utiliza para atraer a su posible cliente.

Mientras Erving compartía su plato de comida en el hogar de Pedro Pablo Barberena y la señora Cristian González, quienes cumplieron 42 años de casados el 24 de diciembre, la cena estaba lista, para ello todos los miembros de la familia se dieron a la tarea de cooperar.

En el hogar de la familia Barberena González el regocijo y la alegría era inmensa porque recién llegó al país su hija Carmen, ella tenía más de 14 años de estar alejada del seno familiar.

Carmen comentó que las navidades y celebración por el Año Nuevo son tristes cuando se está lejos de la familia, además, la pólvora es escasa en Norteamérica.  

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