Edgard Tijerino [email protected]
Casi todo estuvo bien en la reciente escogencia de los mejores del 2000 realizada por la Asociación de Cronistas Deportivos que preside con esfuerzo y acierto dignos de admiración, el Dr. Carlos Reyes.
¿Por qué el “casi” a veces tan molesto?
Porque se sacó de competencia como Activista del Año a un hombre con suficientes méritos acumulados como es el caso de Alejandro Fiallos.
La argumentación fue, que su apoyo al deporte obedecía a intereses políticos.
¿Y…? ¿Qué hay de la actividad deportiva desplegada colocando sobre el tapete, tiempo, cariño y empeño previamente conocidos, desde mucho antes de ser un aspirante a la Vice-Alcaldía?
Además, ¿Cuántos políticos han mostrado su interés en el desarrollo de la actividad deportiva como Alejandro?… ¿No sería eso saludable?
Nuestro abandonado deporte, necesita, urgentemente del interés de los políticos… Si se puede ser buen hijo, o buen padre, o buen ciudadano, por el qué dirán o por fortalecer una pretensión política, ¿No es eso finalmente algo positivo, útil, necesario?
Que bueno sería que por aspiraciones políticas, algunos se esforzaran en ser objetivos, eficientes, rechazar todo tipo de corrupción, demostrar que pueden ser útiles como contribuyentes a unas transformaciones sociales en este desventurado país.
Siempre he considerado que inevitablemente hay algo vocacional en nuestras actitudes…Cuando un político dice “voy a hacer esto para impresionar, o para sacarle provecho promocional, tiene que sentir preferencia por esa actividad?
Yo podría decir como aspirante político, ¿Por qué no una clínica, o una escuela, o un centro de rehabilitación, o un centro cultural, o cualquier otro tipo de proyecto?… Pero si voy hacia el deporte es porque me gusta, porque lo prefiero.
Que bien que uno de los candidatos a cualquier posición política, decidiera construir una pista, o un gimnasio, o fortalecer los Juegos Escolares, o pelear por un presupuesto consistente para el deporte… Ah, tiene intereses políticos… ¿Y…?
Uno piensa que es una buena forma de estimular a los políticos hacia el deporte -considerando por supuesto que tienen las mejores posibilidades, lo cual los convierte en más trascendentes-, hacerles un reconocimiento al esfuerzo realizado, y en el caso Fiallos, permitirle meterse a la pelea, parecía algo obvio.
Alejandro, casi todos lo conocemos, ha estado vinculado al deporte desde diferentes puestos en la iniciativa privada, mucho antes de la ocurrencia de meterse a político… ¿Qué era lo extraño de verlo haciendo deportes desde una posición de proyección política?… ¿Es eso reprobable o necesario?… ¿Merece premio o castigo?
En medio de una tarde casi perfecta en el Olof, un pequeño error… El descarte de Fiallos.