El “Tiburón”: debí llegar a 450 jonrones

Edgard Rodríguez [email protected] Una media sonrisa casi permanente, ha sido siempre una invitación al diálogo con Ernesto López. Sin embargo sobre el terreno de juego, una de las peores cosas que podía sucederle a un lanzador, era encontrarse precisamente con “El Tiburón”. Dotado de un talento extraordinario, una fortaleza sin par y capacidad para sobrellevar […]

Edgard Rodríguez [email protected]

Una media sonrisa casi permanente, ha sido siempre una invitación al diálogo con Ernesto López. Sin embargo sobre el terreno de juego, una de las peores cosas que podía sucederle a un lanzador, era encontrarse precisamente con “El Tiburón”.

Dotado de un talento extraordinario, una fortaleza sin par y capacidad para sobrellevar el rol de líder en los Tiburones de Granada, Ernesto se dedicó durante más de dos décadas, a sembrar el terror en el béisbol pinolero con sus batazos descomunales.

¿Qué no hizo el Tiburón en lo que a jonrones se refiere?.. Metió 4 en juego aquí ante los Campesinos y luego lo hizo en Medellín, Colombia en 1978. Coleccionó dos campañas de 40 jonrones y superó la barrera de los 100 remolques dos veces.

Ha sido el último bateador capaz de capturar una triple corona ofensiva. Lo hizo en 1977, cuando cerró con 363 puntos, 41 jonrones y 111 empujadas. Y pese a perderse cuatro años en su época de esplendor y grandeza, logró acumular 318 palos a la calle.

“A veces pienso que pude batear unos 450 jonrones. A lo mejor más, pero en un cálculo prudente, pienso que bien pude haberme retirado con 450. Mi salida del béisbol se dio en 1979, cuando yo estaba como decimos en mi apogeo”, lamenta el “Tiburón”.

Ernesto tenía entonces 28 años y decidió aventurarse en el béisbol rentado. Nunca jugó un partido siquiera, pero era tan cerrada la frontera entre aficionados y profesionales, que ese vínculo con los Amigos de Miami, lo desterró de la pelota amateur.

“Fue una mala jugada del destino. Sólo participé en un juego de práctica y quedé fuera. Es el golpe más duro que he recibido. A mí me engañaron. Me dijeron que podía venir a jugar sin problemas y no fue así. Perdí años valiosos para mí”, agrega.

En las temporadas que antecedieron al problema, el “Tiburón” había bateado 41 y 42 palos de vuelta entera respectivamente. Se trataba en efecto, de su mejor momento. Para remate, fue suspendido por dos años al marcharse a Guatemala en 1980.

“A eso hay que agregar, que en las campañas de 1989 y 1990 no jugué porque me trasladé a Costa Rica. Y de acuerdo a mis valoraciones, en todos esos años que perdí, bien pude pegar más de 100 jonrones y entonces haber superado los 400”, reitera.

Pero mirando su rostro y escuchando sus palabras, rápido se concluye que no hay amargura en Ernesto. ¿Y porqué habría de haberla?, si aparte de la respetabilidad de sus cifras, cuenta con un aprecio intacto de aficionados y críticos en todo el país.

“Eso es algo que agradezco mucho y sé que tiene que ver como mi forma de ser. Nunca he sido una persona presumida ni cosa parecida y lo que conseguí en el terreno, fue gracias a mi trabajo en los entrenamientos”, señala con orgullo López.

El “Tiburón” sabe que en los próximos días, Ariel “Panal” Delgado va a tumbarle su marca de 1,636 hits conectados en su carrera. Sin embargo, su figura permanecerá intacta. No sólo porque sus jonrones están lejos de ser alcanzados, sino por todo lo que representa.  

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