Paseando por los números

Tito Rondó[email protected] Como siempre, es excelente el trabajo de compilación de Noel Urcuyo Báez. La única queja que tenemos es que el programa de la computadora tiene ya una década de edad, que equivale como a 120 años para seres humanos y 840 en caninos. Debido a eso no tenemos a mano las dos estadísticas […]

Tito Rondó[email protected]

Como siempre, es excelente el trabajo de compilación de Noel Urcuyo Báez. La única queja que tenemos es que el programa de la computadora tiene ya una década de edad, que equivale como a 120 años para seres humanos y 840 en caninos.

Debido a eso no tenemos a mano las dos estadísticas más importantes de los bateadores. Ya hemos explicado la lógica (algo que aparentemente no funciona mucho en Nicaragua); gana el que anota más carreras, y para anotar carreras hacen falta dos cosas, embasarse, y que alguien traiga al home al que se embasa.

En otras palabras, la utilidad del bateador se mide por su porcentaje de embase (embasarse) y por su promedio de slugging (traer al home). La cifra más cómoda es la suma de las dos cosas, llamada OPS.

Esas columnas quedan fuera para darle paso a las que los cronistas entienden, como racha actual de bateo (¡Santiago Henry llegó a once juegos seguidos dando de hit! ¡Y Oscar Mairena a ocho!), o dejados en posición anotadora, un número que después de muchos análisis se ha llegado a la conclusión que depende puramente del azar (los buenos un año son malos el siguiente, y así).

Por supuesto que es imposible pelear contra el average de bateo, totalmente inservible para medir un jugador. Tan inservible es, que cuando éramos chavalos y jugábamos revueltas maceadas, después del “te mato te tiro” o tapar el bate los que escogían instintivamente buscaban la mezcla de embase y poder, y nadie perdía un comino con aquel de buen promedio pero sin poder. A menos que fuera el dueño de la bola, claro, en cuyo caso era cuarto bate.

Pero veamos algo de lo que nos cuentan los números actuales a mano.

El Bóer tiene la mejor ofensiva, y no porque tenga el mejor promedio de bateo. La producción se mide por la cantidad de producto, es decir, carreras, y en 40 juegos anotan los capitalinos 215 veces, 45 más que su más cercano perseguidor, el León.

La razón base de esto es que el Bóer es líder en bases por bolas con 185, 20 más que el León. Esto es causa de tres cosas: de embasarse en primera, de obligar al pitcher a venir por la goma, y de tener la paciencia de escoger un buen lanzamiento para hacer swing, lo que a su vez produce batazos más contundentes.

Le rindo el sombrero a Julio Mairena, coach de bateo de los Indios.

Todo esto no es nada nuevo, el fanático más grande de no hacerle swing a nada que esté fuera de la zona de strike ha sido Ted Williams.

El San Fernando es líder en jonrones gracias a su estadio, pero es deficiente en ofensiva. En cambio, el León es excelente, aunque no se note por su campo. Pero atrás del Bóer.  

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