Alvaro Taboada T.
Justificadamente (a pesar del gran abstencionismo electoral) hay optimismo en el Frente Sandinista (FSLN), para las elecciones del 2001: Triunfó en Managua y en las tres capitales departamentales más importantes: León, Chinandega, Matagalpa y en ocho más logró 40.30 por ciento del voto total, apenas 1.23 por ciento bajo el liberalismo (PLC), sujeto a duras críticas por múltiples razones. No obstante estos datos alentadores para el FSLN, este tiene serios problemas cuyas soluciones no se avizoran. He aquí un par de puntos:
Primero, el FSLN no supera su crisis de identidad tras el colapso socialista. De allí lo nebuloso de su esencia actual y su falta de propuesta con visión de futuro. Segundo, su liderazgo. Todos sus dirigentes participaron en todo el período de los 80, una pesada deuda histórica y política. Además: ni excusas por los daños causados, ni restitución de bienes en manos de amplios sectores de la dirigencia. Los adversarios del sandinismo avanzarían para el 2001 al ilustrar al pueblo, veraz y serenamente, sobre la década de los 80. Un grupo aliado, ave migratoria de variantes convicciones y sin caudal popular, no remedia esta debilidad del sandinismo y por tanto le es poco útil.
La crisis de identidad, la falta de renovación interior, la naturaleza de un cambio sólo parcial e impuesto al partido por las realidades y no por su voluntad, se refleja tanto en los sandinistas ortodoxos como en los “renovados”: Todos miran al pasado más que al porvenir y aspiran a “volver a las raíces del FSLN”. Pero ¿cuáles son éstas?: A) El centralismo “democrático” (un concepto dictatorial leninista). B) El internacionalismo proletario (que sumergió a Nicaragua en la Guerra Fría) y C) El partido de vanguardia y la lucha de clases como factotum del cambio, en una era en la que un nuevo “chip” impacta más positivamente que 10 años de dictadura “proletaria”. Volver por todo ese camino sería muy difícil, dadas las realidades mundiales. Pero hay nostalgia. Si no hubiera retorno sería porque no se pudo, no porque no se quiso. Revivirían lo que pudieran.
Queda la tentación del autoritarismo, y la violencia, o de alguna aventura internacional. Colombia podría ser una invitación ¿Improbable? Sí, ¿Imposible? No. En el FSLN hablan de cambio, pero aspiran a volver a aquellas raíces ¿Por qué? Porque falta una visión clara y distinta a la del pretérito ¿Resultado? Entrampamiento entre la vieja visión y las nuevas realidades que impiden una fiel repetición. Sin propuesta nueva y seria, el sandinismo hoy sólo es un populismo reactivo ante fenómenos como la irreversible globalización. Si el FSLN triunfara, sectores de sus masas podrían anarquizarse, estimuladas por el usual discurso partidario, populista y violento. Es una posibilidad peligrosa para todos.
Algunos sandinistas, modernizados y opuestos al liderazgo de don Daniel Ortega, dicen que éste “privatizó al FSLN”. Pero aún ese discurso “renovador” revela dos cosas. El viejo desprecio a la propiedad privada (ajena) y amnesia acerca del centralismo “democrático”. ¿También “privatizaron” a sus partidos Stalin, Kim-il Song, Mao-Tse-Tung, Castro, la Dirección Nacional de los añorados viejos tiempos. ¿Se olvida que el FSLN fue el único, aún entre la citada flora “democrática” leninista, que no efectuó ni un congreso partidario mientras gobernó? Esas son las raíces. ¿Qué sería el futuro?
Finalmente se dijo que el FSLN paga altos costos al no lograr el relevo generacional de su dirigencia, al negar su cuota de responsabilidad en la tragedia de los 80. Esa contumacia existe hasta en algunos dirigentes que (tras la caída) dejaron al FSLN. Es el caso de Ramírez Mercado y Adiós Muchachos. Se sabe que desde el primer día la élite se dio, en una especie de usufructo “revolucionario”, lo mejor del país. Era innecesaria la propiedad privada formal para gozar los recursos de la nación. Pero cayó el régimen vice “usufructo” y oportunamente devino en propiedad privada, amparada por el re-establecido Derecho “burgués”. Así fue pero Ramírez publicó esta ofensiva falacia. La revolución (con su Estado radical-prebendario, y sus violaciones a todos los derechos básicos) fue una “edad de la inocencia” que “sólo se pervertió al final” tras las elecciones del 90. (Aquéllas no fueron concedidas de grado sino por la presión de la insurgencia y por otros factores nacionales y externos, entre ellos la agonía del campo socialista.
El FSLN padece problemas, al parecer irresolubles en esta generación. Mejorar su conducta y retornar a “las raíces revolucionarias” es contradictorio. El partido continúa siendo una opción riesgosa para la mayoría no sandinista que incluye al sector que no votó en noviembre pasado. Todos éstos son temas de reflexión ante las elecciones del 2001.