Una “cultura de alcantarilla” presidencial

Freddy [email protected]

Antes pensaba que el pesidente Arnoldo Alemán tenía pésimos asesores en todos los aspectos: económico, social, político, cultural, educativo, etc. Creo lo mismo, pero ahora hago una diferencia.

Una cosa es que Alemán esté rodeado de serviles, mentirosos y abusivos del poder que sólo le ensalzan su ego, y otra cosa es la prepotencia, altanería e ignorancia de Alemán para conducir los destinos de la nación.

Seguramente hay muy buenos asesores, no lo dudo, pero también hay quienes dicen ser asesores del “hombre” (del Presidente) y Alemán quizás ni los toma en cuenta. Este tipo de gente es quien lo “embarca” en actos fuera de todo orden convencional, diplomático y común.

Sin embargo, quiero salvar la responsabilidad de algunos excelentes asesores de quienes conozco algo de su trabajo en el gobierno. Pero cuando a estos buenos asesores se les pregunta por los errores, desaciertos y odiosidades de Alemán, la respuesta clásica es: “Es que este hombre no escucha, no hace caso y eso le pierde; es muy ordinario para manejar los problemas”.

Sin duda que no todas las cosas son responsabilidades de los asesores. Naturalmente que la señora Martha McCoy no le orientó al Presidente Alemán agredir a la periodista de El Nuevo Diario, Eloísa Ibarra.

Tampoco creo que otros asesores hayan sugerido ofender verbalmente al editor económico del Diario LA PRENSA, Gustavo Ortega Campos, en Estocolmo, cuando él le preguntó al mandatario por qué María Fernanda Flores andaba de compras, si públicamente se informó que se operaría la vista en Miami y para ello solicitó permiso al ministro de Educación.

Igual ocurrió con el periodista de LA PRENSA, Eduardo Marenco, a quien insultó verbalmente en una conferencia de prensa, sólo porque el colega lo increpó sobre actos de corrupción del momento.

Luego, la escolta presidencial parece haber recibido orientaciones expresas de golpear a los periodistas de LA PRENSA: Jorge Luis Loáisiga Mayorga, William Briones y Carole Thimpson.

En otra ocasión, en la Presidencia de la República impidieron la entrada del periodista de El Nuevo Diario, Mario Mairena, quien publicó un caso de corrupción que le molestó a Alemán.

No menos cierto es que también le ha faltado el respeto a la periodista de televisión Lucía Pineda Ubau, quien donde se lo encuentra le “fastidia la vida” preguntándole sobre corrupción, el pacto o de lo que ella ande en mente.

En otra ocasión, el presidente haciendo pésimo uso de la figura literaria escrita con magistral sabiduría por Miguel de Cervantes, dijo que si los “perros ladran, es porque cabalgamos”. Esto fue en clara alusión a las críticas de los medios de comunicación, en otras palabras, llamó perros a los periodistas.

Me resisto a creer, tal como me dijo una amiga, que todo esto se debe a la “cultura de alcantarilla” de nuestro Jefe de Estado. Creo que no todo está perdido para Alemán, no obstante, el presidente dejará muy pronto su silla presidencial y ojalá esto sirva de ejemplo al próximo mandatario de Nicaragua.  

Editorial
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