Sociedad y seguridad democrática

Marco A. Valle

La participación ciudadana en la producción de su seguridad es indispensable para que ésta sea democrática, o vista desde otro ángulo, la única manera de ir logrando democratizar la seguridad es la incorporación de la ciudadanía en los procesos de decisión sobre asuntos de seguridad que le afectan. En fin, es fundamental promover y tutelar ese derecho humano.

Veámoslo. Para lograr un clima que permita que las personas desenvuelvan su vida diaria libre de peligros, la sociedad cuenta con una serie de controles formales e informales. Los primeros se refieren a las leyes penales, tribunales, policía y sistema penitenciario, en tanto los segundos son accionados por medio de la familia, el vecindario, las amistades, la escuela, las iglesias, y los medios de comunicación. Dentro de los primeros, en países como Nicaragua, se incluye al ejército puesto que juega un papel específico en la seguridad interior en el área rural y los océanos, mientras los segundos dado su carácter informal -no oficial- cubren tanto mecanismos como las sociedades particulares lo determinen, por ejemplo el rumor, los organismos no gubernamentales, los grupos de presión, y los clubes, entre otros.

Todos estos dispositivos sociales influyen directa o indirectamente en el proceso de formación de la visión de vida y conducta del niño, adolescente, y joven, lo mismo que en el reforzamiento o cambio en los adultos, produciendo como resultado -en interrelación con los niveles de pobreza y desempleo del país- grados específicos de seguridad o inseguridad de los habitantes. En ese escenario, mecanismos informales como la familia, la escuela y los medios de comunicación, y por otro lado el sistema de justicia penal, les corresponde cumplir una labor cardinal en la prevención de la delincuencia y el delito.

Es necesario que las personas participen, ya sea en el ámbito local o nacional según sea el asunto en cuestión. Es decisivo, por ejemplo, que la ciudadanía participe realmente en el proceso de formación de las leyes, que se escuche la voz ciudadana y se actúe cuando algún juez dicta sentencia parcializada a favor del que más tiene poder y/o dinero, que la ciudadanía pueda tener canales que permitan elevar la calidad de la administración de la justicia, que se ponga atención y se corrija la baja calidad del servicio en ciertas oficinas policiales, y se enmiende con transparencia cualquier violación a los derechos humanos por parte del ejército.

La gente debe ser y sentirse sujeta del proceso de educación y producción de su seguridad, que aporta en las tareas, que se le atiende, que se le escucha, de lo contrario por más que se hable, la imagen de los controles formales estará empañada, más de unos que otros. Hay experiencias alentadoras como los patronatos de reos en algunos departamentos, los bufetes populares que atienden muchas víctimas y supuestos victimarios, la educación vial en las escuelas y colegios, la articulación de trabajos de la policía con la comunidad en muchos municipios, los proyectos de ciertos ONG ligados a seguridad, y el vínculo cercano y amabilidad en la atención de jueces en ciertos lugares.

Las alcaldías, por su lado, tienen una buena oportunidad de incorporar la participación ciudadana, contribuyendo a mejorar la seguridad y el sentimiento de seguridad de los habitantes. Es decir, son el eslabón social donde mejor se puede profundizar y hacer realidad la seguridad democrática.

* Consultor en Seguridad Ciudadana.  

Editorial
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