- La actitud de los buseros y los taxistas en abierto desprecio a las leyes de la materia es algo que se puede constatar a cualquier hora del día y en cualquier punto de la ciudad
Julio C. Somarriba
Cada día que pasa el caos en el transporte público en Managua, en vez de mejorarse, empeora. El número de accidentes de tráfico muestra la misma tendencia alcista y aparentemente no existe ninguna fuerza en el país capaz de detener semejante desastre.
Varias veces hemos visto que las autoridades del tránsito con bombo y platillo han anunciado el lanzamiento de diferentes operativos a los que les asignan nombres sugestivos como “operación chatarra”, “ilegales”, etc., pero todos esos operativos o quedan solamente en buenas intenciones o sus resultados son tan efímeros que cualquier mejoría desaparece en el mejor de los casos en el lapso de una semana.
Es inaguantable el estado desastroso del tráfico en la capital. Si bien es cierto que el número de vehículos ha aumentado considerablemente, también la ausencia de las autoridades para controlar y dirigir el “barullo” que se forma es notoria, sobre todo cuando dejan de funcionar los semáforos o cuando ocurre un accidente, ya que transcurren a menudo hasta varias horas hasta que llega la patrulla para levantar el croquis correspondiente. Algo que también llama la atención es que cuando los semáforos están funcionando normalmente se asignan hasta seis policías en algunos lugares para dirigir el tráfico (algo realmente absurdo, ¿no?).
La actitud de los buseros y los taxistas en abierto desprecio a las leyes de la materia es algo que se puede constatar a cualquier hora del día y en cualquier punto de la ciudad. Buses que se cruzan impunemente la luz roja ante la mirada apacible de cualquier policía que impávido contempla extasiado tan maravillosa hazaña. Buses que se detienen en cualquier lugar, menos en las paradas señaladas y autorizadas para esos fines. Taxis que se detienen en las bocacalles para dejar o recoger pasajeros, o que se estacionan en las rotondas (benditas rotondas) a esperar “piches”.
Y ¿qué decir de los ayudantes y cobradores de estas unidades que iban a recibir o ya recibieron cursos sobre relaciones humanas, trato social y algunas otra materias para capacitarlos y permitirles desempeñar mejor su trabajo?. ¿Será que ha sido solamente mera propaganda o que estas personas tienen un coeficiente intelectual tan bajo que no les permite asimilar lo que les enseñan? Algo tiene que hacerse para corregir este desastre, lo único cierto es que la anarquía del tráfico debe terminar.
¿Quién controla el estado lamentable y desastroso de las unidades que transitan por calles y carreteras del país, que son las mayores causantes de los accidentes más fatales?. Se nota una decidida lenidad de las autoridades que autorizan su operación sin exigirles cumplir los requisitos mínimos que deben tener las unidades que se destinan al transporte de carga y de pasajeros. Esta actitud invita a pensar que deben haber mordidas o sobornos para que se permita la operación y circulación de tales armatostes.
Se debe hace efectiva la aplicación de las multas por verdadera infracciones, suspender temporal o permanentemente las licencias de conducir según la gravedad de las faltas, eliminar el uso de los pitos de aire y otros de diferentes sonidos que usan indiscriminadamente la casi totalidad de las unidades de uso público, exigir la parada obligatoria únicamente en los sitios señalados para tal efecto y sobre todo exigir un examen de capacidad para verificar que los que trabajan como ayudantes cobradores o similares han verdaderamente aprendido cómo deben tratar a los usuarios.