Sociedad civil; ¡qué enredo!

  • Alguien por ahí aseguraba que nadie sabe lo que ella es, pero parafraseando a Galileo decía: “Y sin embargo, se mueve”

Jorge [email protected]

Un término, que no es nada nuevo, pero que está muy de moda hoy en día, es el que se refiere a la sociedad civil. En Europa, así como en todos los países de América Latina, se debate sobre lo que ella es o no es. Hasta el subcomandante Marcos, líder de la guerrilla zapatista, declaró en 1999 que “la hora de la sociedad civil ha llegado”. El término elude una definición universalmente aceptable, pero no hay duda de que en la práctica se sienten los efectos de “algo” que se ha dado en llamar la sociedad civil.

Alguien por ahí aseguraba que nadie sabe lo que ella es, pero parafraseando a Galileo decía: “Y sin embargo, se mueve”.

En 1999, la Organización de Estados Americanos (OEA) -¡cómo no iba la OEA a participar en la fiesta!- decidió establecer “…una Comisión del Consejo Permanente sobre la Participación de la Sociedad Civil en las Actividades de la OEA, integrada por todos los Estados Miembros de la Organización…”. Pero también la Organización de las Naciones Unidas (ONU), junto con las instituciones financieras internacionales —FMI, Banco Mundial y BID— no sólo no se han escapado de la moda imperante, sino que están fascinados por ella y hasta se han convertido en sus principales promotores.

Para quienes todavía creen que la sociedad civil es todo aquello que no es Estado, les tengo una noticia: el Banco Mundial -organización omnipresente en toda decisión política, económica o social que se tome en Nicaragua-, no cree en eso, sino que la define como un sector “…que cierra el tríptico social junto con el Estado y el mercado”, desligándola así de todo aquello que tenga que ver con la empresa privada, o sea, con el mercado.

Después de asistir la semana pasada aquí en Managua al foro “Sociedad Civil, Estado y Participación Ciudadana”, en el cual participé como panelista, quedé convencido de que la concepción que del término tiene el Banco Mundial debe encantarle a quienes aquí, y en muchas otras partes del mundo, se consideran que “son” la sociedad civil, hasta el punto de considerarse sinónimos: las organizaciones no gubernamentales, conocidas como ONG. Y si no, fijémonos bien en quiénes son los que en los medios de comunicación hablan por la sociedad civil, o en quiénes son los que asisten a las reuniones de los grupos consultivos y demás foros internacionales en supuesta representación de ella. Todos —y todas— son representantes de ONG.

Todo parece indicar que el nuevo amor del Banco Mundial es la sociedad civil encarnada en las ONG. Antes de seguir adelante diré lo que ya he dicho en otros artículos: no tengo nada en contra de las organizaciones no gubernamentales, pero sí considero que es un error -y muy grave, por cierto-, pretender que ellas puedan ser un sustituto de la empresa privada para promover y lograr el desarrollo del país; y peor aún, utilizarlas como un arma en contra del mercado. Una de las personas con las que compartí el panel de discusión en el foro mencionado, dijo llena de júbilo que “la sociedad civil le ha declarado la guerra al mercado”.

Detrás de una aseveración como la anterior se esconde un profundo desprecio por la economía de mercado. Este desprecio, a su vez, se fundamenta en la convicción que tienen algunos de que las ONG -y por ende quienes en ellas participan-, son moralmente superiores a las empresas privadas porque aquéllas no tienen fines de lucro, mientras que las empresas privadas están motivadas por la búsqueda de ganancias y de utilidades… por el afán de lucro, como si tal cosa fuera algo pecaminoso y perverso. Quienes así piensan no se dan cuenta de que en la economía de mercado un empresario sólo puede obtener legítimas utilidades cuando satisface las necesidades de sus clientes, además que, en verdad, no sé cómo pueden no tener finalidad de lucro algunas ONG que prestan dinero a los “pobres” a tasas de interés que fluctúan entre el 30 y el 50 por ciento anual, lo que hace aparecer a la banca privada como simples representantes de las Hermanitas de la Caridad.

Hay otras varias razones por las que creo que las ONG —supuestas encarnaciones de la sociedad civil— no pueden, ni deben pretender, sustituir a la empresa privada como agente para el desarrollo económico, pero esas razones tendrán que esperar a un próximo artículo.

* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA, y catedrático de la Universidad Thomas More.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí