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En un vistazo al sitio de la asamblea Nacional nicaragüense en Internet, percibía esta semana el entusiasmo por la modernización de ese Poder del Estado, en que destacan la entrega de nuevas computadoras a los jefes de las bancadas parlamentarias, para el fortalecimiento institucional.
Sin embargo, al margen de la tecnología, el Poder Legislativo parece lejos de la modernización necesaria, si las elecciones de diputados continúan el próximo año igual que en las elecciones anteriores.
La mayoría de los nicaragüenses desconocen a quiénes eligen para que los representen en la Asamblea Nacional y hasta hoy lo que han hecho con sus votos es permitir que gente incapaz o aprovechada (con pocas excepciones) llegue a lucrarse al Parlamento con el dinero de los impuestos que pagan los ciudadanos.
La tecnología es importante para el desarrollo de las instituciones, pero de nada sirve si le falta el talento y la destreza de los humanos, algo insuficiente en la Asamblea, si observamos los hechos cotidianos y sus resultados.
La mayoría de diputados nicaragüenses se limitan a apretar botones, mantener la boca cerrada, faltar con frecuencia y cobrar con puntualidad salarios con más entusiasmo que habilidades y dedicación al trabajo.
De 35 diputados del Frente Sandinista, unos diez son los que toman la palabra en los debates parlamentarios y de ellos cinco son los más activos en cada sesión. El resto ya ni la cabeza mueven porque se limitan a tocar un botón para votar, a favor o en contra, según la seña de su jefe.
Con los liberales constitucionalistas sucede algo peor, porque casi ninguno discute y los pocos que toman la palabra son directivos. Hay diputados a los que no se les conoce la voz. Otros podrían aportar mucho pero llegan poco, tal es el caso de un conservador que suele ocupar su escaño por una hora y otro de Camino Cristiano que preside una comisión pero es raro que llegue.
Además, los “representantes del pueblo” ante el Poder Legislativo son los que gozan de más vacaciones en el país, ya que a mediados de año se recetan más de 40 días libres, a fin de año casi un mes, más los feriados nacionales y los días en que se les ocurre impedir el quórum, como este siete de diciembre que se ausentó la mayoría y la Asamblea no pudo sesionar ni mediodía. Con todo, los diputados ganan bien y puntual, mientras los maestros y los trabajadores de la salud peleaban el jueves por su aguinaldo.
¿A quién culpar por tanta indolencia? Sería injusto decir que a los nicaragüenses que votan en las elecciones generales. En parte tienen responsabilidad, pero los encubridores de ese fraude son los convencionales de los partidos que seleccionan a los candidatos antes de ofrecerlos maquillados a los electores.
Ignoran que el desarrollo del Poder Legislativo depende de la calidad profesional y moral de los diputados elegidos, porque se necesitan representantes con criterio e iniciativa propia que rompan con los caudillos de los partidos que los han usado para sus intereses particulares y en detrimento de la población en general.