El Balbuceo de San Millán de La Cogolla

  • Las Glosas Emilianenses datan de la segunda mitad del siglo X y responden a una realidad: la certidumbre de que entonces existía la lengua española

Enrique Peña Hernández

La edición de la prensa del sábado 2 de diciembre/00 nos trae un interesantísimo artículo intitulado “Una Lengua Mestiza, Rica y Poderosa”, escrito por mi estimado amigo, Luis Sánchez Sancho, a guisa de informe oficial sobre su participación como delegado de este Diario en el Encuentro de Periódicos en Español, celebrado en el conjunto monacal de San Milán de La Cogolla, La Rioja, Provincia de Logroño, España, durante los días 14 y 15 de noviembre recién pasado. Como anota Sánchez Sancho, a ese magno encuentro concurrieron directores y representantes de veinticinco (25) periódicos en español de Hispanoamérica, EE.UU., España e Israel, y tres (3) personajes del mundo de las letras hispanas: Don Víctor García de la Concha, Director de la Real Academia Española; don Fernando Rodríguez La Fuente, Director del Instituto Cervantes, de España; y don Miguel Platón, director de Información de la Agencia de Prensa EFE. Se emitió la siguiente declaración: “Convencidos de que en la lengua española se asienta nuestra común identidad cultural y que en ella se preservan todas nuestras tradiciones y, fundamentalmente, nuestra vocación de libertad, declaran su firme decisión de comprometer todos sus esfuerzos en difundir y reafirmar el idioma español como forma de ratificación permanente de nuestra identidad cultural”.

En su citado artículo Sánchez Sancho recuerda que en el Monasterio de San Millán de La Cogolla, hace un poco más de un millar de años, cierto monje escribió las primeras palabras de nuestro idioma, en la lengua dialectal en la que se comunicaban los rústicos labriegos del lugar. Explica, que el monje copiaba en latín un sermón de San Agustín, y escribía en los márgenes del texto agustiniano unas breves anotaciones en su citado dialecto, las cuales se han conocido como Glosas Emilianenses.

Tan valiosa información de Sánchez Sancho me ha hecho recordar de inmediato las noticias sobre lo que se ha llamado el primer vagido u original balbuceo del idioma español: las Glosas Emilianeses, que datan de la segunda mitad del siglo X. La fecha 977 ó 978 es aproximada, pero responde a una realidad: la certidumbre de que entonces existía la lengua española.

Tales Glosas consisten en una sencilla, breve, pero sentida y elocuente anotación de un texto religioso latino: una homilía. Tal anotación, escrita en el dialecto navarro-aragonés, consta de cuarenta y tres (43) palabras, al margen del folio 72 de la Glosa Emilianense número 60. Corresponde decir aquí que en la misma Glosa No. 60 figuran, además, dos anotaciones en vascuence, que son los primeros textos escritos en éuscaro (euskaro). Se hace notar que el vascuence no fue absorbido por la romanización.

Otro testimonio del nacimiento de nuestro idioma son las Glosas Silenses, escritas también en navarro-aragonés, encontradas en el Monasterio de Silos (Burgos), contemporáneas de las Emilianenses, si bien de fecha posterior. Se conservan actualmente en el Museo Británico.

Prístino texto de la Glosa Emilianense 60, dice a la letra: “Cono aiuitorio de nuestro dueno, dueno Christo, dueno salbatore, qual dueno get ena honore, e qual dueno tienet ela mandatione como patre, como spiritu sancto, enos sieculos delo –s– sieculos. Facanos Deus omnipotes tal serbitio FERE ke denante ela sua face audioso segamus. Amem”.

La versión en español moderno es como sigue:

“Con la ayuda de Nuestro Señor Don Cristo, Don Salvador, Señor que está en el honor y Señor que tiene el mando con el Padre, con el Espíritu Santo, en los siglos de los siglos. Concédenos Dios omnipotente hacer tal servicio que delante de su faz gozosos seamos. Amén”.

La mayoría de los expertos estudiosos son de opinión que el sermón u homilía objeto de la Glosa es de San Agustín. Otros, que es de San Cesáreo Ar lés, con todo, nótese que el primer texto escrito en español de que se tiene memoria –y que cuenta con más de un milenio–, es una fervorosa plegaria al Altísimo.

* El autor es Académico de la Lengua.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí