Otra oportunidad al sandinismo

Walter Antonio López Canales

Muchas personas de la sociedad civil y empresarial se encuentran alarmadas por la victoria casi rotunda lograda por el Frente Sandinista en las recién celebradas elecciones municipales. El motivo que argumentan es que con esa victoria puede regresar la guerra (exactamente, el Servicio Militar) y el racionamiento de alimentos que sufrió nuestro país en la década de los años 80. Pero se olvidan de un detalle bastante evidente que es el siguiente, todavía en una buena parte de la década de los 80 el mundo se encontraba prácticamente dividido por dos corrientes políticas: el capitalismo y el socialismo.

Ante un eventual retorno al poder por los sandinistas, la situación socioeconómica de los 80 no puede retornar porque se han obtenido muchos logros significativos en materia democrática, como el fin de la guerra de agresión (financiada por el principal socio comercial de la Nicaragua actual), se liberalizaron las relaciones comerciales internas, se redujo la deuda externa de US$11,000 millones a menos US$6,100 millones en 1996, aunque actualmente ronda los US$6,500 millones, se logró controlar los fenómenos inflacionarios reduciéndolos a solamente dos dígitos. Estos y muchos logros más le han costado grandes sacrificios al pueblo nicaragüense y no debe de permitir que se le arrebaten y le pisoteen las esperanzas de un futuro mejor.

Lo único positivo que podría resultar del ascenso de los sandinistas al poder, es que los principales artífices de la revolución sandinista (obreros y campesinos) que hoy se encuentran marginados, serán la fuerza principal que mueva nuestra economía dentro de un nuevo contexto socioeconómico. Es decir, debe prevalecer el alto componente social que siempre caracterizó a la revolución en todos sus intentos de proyectos de desarrollo –prueba de ello era el acceso gratuito a la educación y a la salud que favoreció a los sectores más populares de nuestra sociedad. Por cierto, el nuevo orden económico-social que actualmente atraviesa el país le ofrece bastantes ventajas a los sandinistas, puesto que ahora no hay por qué financiar una guerra, ni tampoco enfrentar bloqueos económicos.

No debemos olvidar que todo lo malo tiene su lado bueno que son las experiencias que nos transmiten, y de las que debemos de aprender la parte buena. Del sandinismo sería que siempre favoreció (con su excesivo paternalismo que ahora debe modificar, particularmente entre los sectores productivos, para crear una cultura de pago entre los beneficiarios –entiéndase usuarios de créditos–, porque ese recurso tiene un costo de oportunidad y no es un regalo) a los más desprotegidos, los que eran muchos durante los cuarenta años de dictadura somocista, de no haber sido así los sandinistas no hubieran contado con el apoyo popular y derrocar a Somoza.

La pobreza es una condición que puede ser superada principalmente, con la generación de empleos del sector privado y del marco de políticas de estímulo que el gobierno dirija en pro de los inversionistas nacionales y extranjeros. Misma que hasta hoy no existe, pero sin embargo podemos apreciar en nuestro alrededor el boom que han experimentado las inversiones en Nicaragua, por la confianza que han depositado los inversionistas en el pueblo que ya no quiere volver a la guerra, ni a cualquier otra situación hostil. En síntesis, lo que intento transmitir al pueblo de Nicaragua, es que le demos una oportunidad a un sandinismo reformado (de su cúpula) para materializar los objetivos de la revolución. Después de todo la historia ha demostrado que el pueblo tiene el poder de elegir a sus gobernantes y cambiarlos cuando éstos no funcionan.

* El autor es economista agrícola.  

Editorial
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