¡Preparémonos, el Señor está cerca!

Pbro. Silvio Fonseca Martínez

Todos verán la salvación de Dios

Lectura del Santo Evangelio, según San Lucas 3, 1-6.

En el año decimoquinto del reinado de César Tiberio, siendo Poncio Pilatos Procurador de Judea; Herodes, Tetrarca de Galilea; su hermano Filipo, Tetrarca de las regiones de Iturea y Traconítide; y Lisanias, Tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías.

Entonces comenzó a recorrer toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías:

Ha resonado una voz en el desierto; preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios.

Palabra del Señor.

Lecturas bíblicas: Libro del Profeta Baruc 5, 1-9/Filipenses 1, 4-6.8-11/San Lucas 3, 1-6.

¡Preparémonos… el Señor está cerca! Es una frase que leemos con frecuencia en las carreteras, en los buses, la oímos en los mercados, en algunas emisoras de parte de muchas sectas; una frase apocalíptica utilizada por muchos pero no para preparar a la conversión, sino para inyectar terror frente al regreso del Señor; muchos se aprovechan de la sencillez e ignorancia religiosa de los hijos de Dios para engrosarlos a sus filas; un fondo de explotación más que de religión, ni mucho menos el deseo de evangelizar para invitar a una auténtica conversión. Sin embargo, el mensaje es de Juan el Bautista que hoy leemos en el Evangelio, es el mensaje permanente del cristianismo; en esta ocasión es el orden lógico del calendario litúrgico en este tiempo de adviento que nos prepara a la Navidad; así también lo leemos en cuaresma y es la motivación permanente de la evangelización para abrirse a Cristo y renunciar al pecado.

Como de costumbre no hay duda que la humanidad se prepara para este momento histórico y cada vez el comercio lo va adelantando para fabricar dinero, crear necesidades superfluas, etc., para el cristianismo es otra oportunidad para esa preparación espiritual; por supuesto que es una actitud de todos los días y no simplemente ocasional; pero no hay que perder de vista que el Bautista nos pide actitudes concretas, un sincero radicalismo, ya no debemos darle tiempo a la intención, hay que pasar a la acción, dándole a esos caminos torcidos nombres y apellidos propios.

La inminente llegada del Mesías nos llena de alegría; la humanidad y los cristianos nos esforzamos de demostrarlo con gestos concretos; por esto es un tiempo de esperanza para todos los pueblos; el mensaje de Cristo es Paz, seguridad y progreso; vale la pena tomar al pie de la letra y hacer nuestras las palabras del Profeta Baruc que hoy leemos en la primera lectura: ”Jerusalén, despójate de tus vestidos de luto y aflicción, y vístete para siempre con el esplendor de la gloria que Dios te da; envuélvete en el manto de la justicia de Dios y adorna tu cabeza con la diadema de la gloria del Eterno…” (5. 1-2).

El cristiano estará rodeado siempre de ese desierto, una figura de doble sentido: por una parte es una necesidad permanente para establecer una comunicación con Dios; no hay que olvidar que el desierto constituye uno de los lugares privilegiados bíblicos; por otra, es la dura realidad que aunque vivimos rodeados de millones de personas, tenemos la experiencia de sentirnos solos, como bien se dice: “predicando en el desierto”; sin embargo, no hay que desanimarse, aunque aparentemente nos rodeen sordos y ciegos en la fe, no debemos de desmayar al predicar la conversión contra viento y marea; esta es la esencia de nuestra misión que debe ir acompañada obviamente por el testimonio de vida. En todo el mundo y toda la historia está llena de caminos torcidos, pero la labor de la Iglesia es denunciarlos y ayudar a enderezarlos con el poder del Evangelio.  

Editorial
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