Mario Alfaro Alvarado
No cabe ninguna duda, este es un país de diablos predicadores. Mientras el Presidente de la República y varios de sus incondicionales apostrofan contra la corrupción y en sus artículos de prensa sugieren soluciones para acabar con este gran mal que tiene al país en la postración económica y moral, sigue el desenfrenado saqueo de los bienes nacionales.
Cuando al Dr. Alemán le sugieren que aleje de su gobierno a los funcionarios corruptos, invariablemente responde que le señalen quiénes son esos corruptos, parece que para él y para sus fieles servidores las chinampas, los checazos, las terrazas de Pochomil, las indemnizaciones millonarias… son prerrogativas legítimamente ganadas con el voto de los ciudadanos.
¿Recuerdan el caso de Watergate? Bien, el Presidente Nixon envió a algunos colaboradores suyos a allanar ilegalmente las oficinas del Partido Demócrata. Un juez de menor categoría obligó al Presidente de los Estados Unidos a renunciar al cargo por haber violado la ley.
Se afirma con frecuencia que el inquilino de la Casa Blanca es el hombre más poderoso de la Tierra; pero este hombre poderoso tiene encima de sí algo más poderoso que puede castigarlo: las instituciones del Estado.
Cuando hacemos una comparación con nuestro pobre y sufrido país, nos encontramos un modelo diametralmente opuesto. Aquí los presidentes son ridículos reyezuelos absolutistas, montados sobre las leyes y las instituciones del Estado. El poder que detentan no sirve para mejorar la vida de los ciudadanos, sino para repartir el presupuesto y amasar fortunas personales.
Todo el sistema legal de este país favorece a la corrupción y a los corruptos. Basta simplificar el tema en uno solo de sus aspectos. “La inmunidad parlamentaria es la prerrogativa que tienen los senadores y diputados para no ser detenidos, procesados o juzgados sin orden del respectivo cuerpo legislativo” ¿Cómo se definen aquí las otras inmunidades que pervierten a este país? ¿Es la inmunidad un reversivo contra las leyes que castigan los delitos y por las cuales los ciudadanos no inmunes deben comparecer ante los jueces? ¿En virtud de qué ley se transmuta la inmunidad en una patente de corso? ¿Hasta dónde llegan los límites legales de la inmunidad? ¿Existe aquí alguna institución que castigue los abusos de la inmunidad? Si no hay ley que regle a la inmunidad ¿por qué hay inmunidad? De hecho la inmunidad es la génesis de la corrupción institucionalizada que aniquila a Nicaragua. ¿Es necesario buscar otras despensas donde la corrupción sacie mejor su inagotable apetito?
Si la inmunidad es una prerrogativa inherente al cargo que una persona desempeña en el gobierno, en ninguna manera puede ser un derecho que la excluya del cumplimiento de las leyes, ya que eso la colocaría sobre la ley para que pueda cometer toda clase de delitos, abusos y desafueros. La realidad es que la inmunidad se convierte en impunidad cuando los funcionarios corruptos son llevados ante los jueces por la presión de los medios de información y por el reclamo de la opinión pública.
La lucha contra la corrupción también se globaliza. Consecuencia de ello es que el secreto bancario de las cuentas cifradas está cediendo ante el derecho internacional. Donde quiera que los defraudadores de fondos públicos oculten el botín, hasta allí pueden ser perseguidos y recuperado lo mal habido. Basta que en cada país exista un sistema judicial honesto, responsable y con prestigio de imparcialidad, para que pueda realizar los trámites para rescatar lo robado.
No hay que darle mucho vuelo al asunto de la corrupción. El peor castigo para un defraudador de los fondos populares no es meterlo en la cárcel sin recuperar el botín, porque más temprano que tarde se jugará. El peor castigo es despojarlo de lo que se llevó, así no tendrá amigos porque volvió a ser pobre, ni tendrá abogados porque no podrá pagarles para que lo defiendan.
Dice Rousseau: En un Estado bien gobernado no hay castigos, no porque se concedan muchas gracias, sino porque hay pocos criminales. Si aplicamos este juicio en Nicaragua diría así: En Nicaragua hay muchos criminales que no son castigados, porque es un Estado mal gobernado.