La Gritería, que se celebra hoy en todo el país y en cualquier parte del mundo donde viven nicaragüenses, es la fiesta popular más característica de Nicaragua y la que mejor retrata nuestra identidad nacional.
En realidad, a la Virgen María y la Inmaculada Concepción el mundo católico la venera y celebra desde mucho tiempo antes de que los españoles trajeran y difundieran el cristianismo. Pero la fiesta de la Gritería es típicamente nicaragüense y constituye, repetimos, un rasgo fundamental de nuestra identidad nacional y cultural.
La cristiandad comenzó el culto a la Virgen María, en Oriente, en el siglo VII de nuestra era. Mucho tiempo después, en 1476, la Iglesia Católica incluyó la celebración mariana en el calendario romano; luego, en 1570, el Papa Pío V la reiteró por medio del Nuevo Oficio y, posteriormente, en 1708, el Papa Clemente XI dio al culto a María el carácter de fiesta de precepto en todo el mundo católico; hasta que por fin, en 1854, el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María por medio de la bula Ineffabilis Deus. Esta denominación de la Virgen María comenzó a popularizarse en todo el mundo 4 años después de la bula de Pío IX, o sea a partir de 1858, cuando según la tradición la Virgen se apareció en Lourdes de Francia ante la niña campesina Bernardita Soubirous, a quien habló y dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción de María”.
Sin embargo, la fiesta de la Gritería como tal se celebra únicamente en Nicaragua. Según historiadores, comenzó el 7 de diciembre de 1857 cuando un anciano sacerdote leonés llamado Gordiano Carranza, salió al atrio de la Iglesia de San Felipe donde se celebraba el último día del novenario de la Virgen María, y gritó ante los feligreses allí congregados la pregunta que habría de convertirse en una especie de divisa nacional: “¿Quién causa tanta alegría?”, que fue respondida por el mismo sacerdote Carranza, coreado por los fieles: “¡La Concepción de María!”.
Posteriormente, a fines del siglo 19, el último obispo de la Diócesis de Nicaragua (antes de que el país fuese convertido en Arquidiócesis), Monseñor Simeón Pereira y Castellón, inició la costumbre de proclamar oficialmente el comienzo de la Gritería en el atrio de la catedral de León, a las 6 de la tarde del 7 de diciembre, con el consabido grito de ¿Quién causa tanta alegría? Desde entonces en esta singular celebración se ha combinado lo que es propiamente religioso con lo típicamente popular, en una extraordinaria manifestación de sincretismo religioso-folklórico, devenida en elemento clave del modo de ser característico de los nicaragüenses.
La Gritería, en efecto, trasciende el ámbito propiamente religioso y se convierte en una arrolladora fiesta nacional que involucra a todos los nicaragüenses, inclusive a los que no son católicos, a libres pensadores y hasta a quienes se consideran y proclaman ateos.
En el rico anecdotario dariano es conocido el episodio de cuando el poeta nacional Rubén Darío, cuya formación filosófica liberal es muy conocida, encontrándose exiliado en Francia departía un 7 de diciembre en un Café de París con otro nicaragüense, músico éste, a quien pidió que tocara al piano alguna melodía nicaragüense que pudieran cantar entre ambos. Y lo que cantaron a dúo, entre sollozos de nostalgia por la patria lejana, fue el himno “Alabado” de la Purísima.
También es conocido que Manolo Cuadra, el afamado poeta popular que fue militante socialista y libre pensador, dedicó un hermoso y muy sentido poema a la Gritería de la Purísima Concepción de María, uno de cuyos versos dice: “Esta noche, lejos de muchachos/ escépticos, alegres y borrachos,/ me iré en silencio a los alrededores/ a recordar… a recordar, María/ cuando en una lejana gritería/ canté tu nombre y lo aromé de flores”.
La Gritería es la más importante fiesta religiosa-popular de Nicaragua, que todo el pueblo celebra al margen de las controversias teológicas sobre el dogma mariano, y en la que se manifiesta una persistente manifestación colectiva de nuestra identidad nacional. Y, como bien ha dicho Milán Kundera, “la identidad es la conciencia que tenemos de nosotros mismos.”