El enredo de las encuestas

Frank Arana I.

Siempre me han interesado las encuestas de opinión pública. Creo que son instrumentos útiles para el conocimiento de tendencias que sirven para el establecimiento de estrategias y también para enderezar tácticas y vías de acción a seguir.

Las Compañías encuestadoras nunca deben ser contratadas para adivinar el resultado, para eso es mejor ir a una pitonisa, bruja o como se la quiera llamar, con la seguridad que ello sería más preciso en el pronóstico.

Acabamos de ser testigos de la vergüenza de las compañías encuestadoras y de los medios de comunicación norteamericanos, los más grandes del mundo, al haberse enredado con sus pronósticos, basados en las encuestas, los resultados de las elecciones de noviembre 7, en EE.UU.

Tampoco podemos olvidar el enredo de las encuestas, que se dio en ocasión de las elecciones municipales recién pasadas.

En la década de los sandinistas las encuestas fueron prohibidas por decreto. Hay que recordar que la llamada revolución era “fuente de legalidad”, y no fue sino hasta en el 89, que las encuestas pudieron de nuevo realizarse en Nicaragua.

Como es característico en los regímenes totalitarios, había que ocultar la falta de apoyo que tenía el FSLN entre el pueblo nicaragüense. Así pudieron manipular las “diz que elecciones” que en ese período se dieron.

Después de las elecciones del 90, y más fuertemente después del 95, han proliferado los “encuestadores”, que en vez de clarificar los procesos electorales en sus tendencias, vinieron a enredarlos y a proyectar confusiones.

Sin embargo, hay que reconocer en Borge y Asociados, los éxitos logrados.

Creo que todas las demás fallaron en sus pronósticos y en las tendencias que mostraron, lo que confundió a los que las usaron como indicadores para desarrollar sus campañas.

A excepción de CID-Gallup y Borge, todas las demás encuestadoras parecían responder a otros intereses menos profesionales, reflejando ser parte de la campaña de partidos o candidatos específicos, a los que estaban atados por ideología, intereses o simpatías.

Creo que este trabajo de las encuestas se debe dejar en manos de los profesionales, que al poner su firma, están poniendo en juego su prestigio, al mismo tiempo que se exponen al fracaso financiero de sus empresas, en las que su más valioso activo es su credibilidad, honestidad y profesionalidad.

Todas las demás, improvisadas en Organizaciones no Gubernamentales, universidades y compañías creadas sólo para enredar, no deben ser tomadas con seriedad y mucho menos, como ayuda para tomar la importante decisión de por quién votar.

Que no sean las encuestas, mucho menos los encuestadores inescrupulosos, los que dominen nuestra voluntad. Recordemos que el voto es libre y secreto, que se debe dar sin presiones, amenazas ni halagos.

Como lo expresó un editorial de La Prensa del 30 de octubre, recién pasado, lo que se debiera de haber hecho desde el principio, era buscar la unión de las fuerzas democráticas de derecha, para enfrentar con éxito a la izquierda sandinista.

Este error se vio claramente reflejado en los resultados de la elección municipal, al competir entre sí , conservadores y liberales.

Es tiempo de subsanar los errores cometidos, reflexionar para lograr la Alianza Democrática que verdaderamente asegure el triunfo en las elecciones nacionales del 2001. Preparemos desde ya el ambiente que lo propicie.

Ojalá, que en el nuevo proceso electoral del 2001, no nos enreden las encuestas. Es conveniente que se hagan, pero que ellas sean serias, responsables, positivas para el proceso, que tengan algún tipo de reglamentación que las ubique como lo que son, instrumentos para el establecimiento de estrategias y tácticas.

* Analista político.  

Editorial
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