“No hay almuerzos gratis”

  • Los incrementos salariales deben surgir de un aumento efectivo de la productividad. De lo contrario, serían un aumento caprichoso de los costos de producción

Carlos De León Guevara

Una expresión popular anglosajona, dotada de gran sabiduría y comprobada por la experiencia, nos dice que en este mundo “no hay almuerzos gratis”. Siempre que comemos, alguien paga por ello, ya sea nuestro anfitrión, o la compañía para la cual trabajamos, el Estado o nosotros mismos.

Cuando se habla de salarios, hay que tener en cuenta este hecho capital de la realidad. Los aumentos a los sueldos de los trabajadores no nacen por generación espontánea, ni son el fruto de la voluntad de un genio que se escapó de la botella.

Los incrementos salariales deben surgir de un aumento efectivo de la productividad. De lo contrario, no son otra cosa que un aumento caprichoso de los costos de producción; por tanto, un elemento adicional que suma los procesos inflacionarios que, como bien sabemos, devoran los ingresos de todos, pero golpean con más violencia a los pobres, que son mayoría en Nicaragua.

Si un trabajador promedio en el área de construcción recibe entrenamiento continuo, aprende a manejar equipos más complejos, eleva su destreza por la vía practica inteligente y pasa de instalar una puerta a colocar tres por día, allí hay un efectivo aumento de productividad y la mejora del salario es razonablemente obligatoria.

Pero si este mismo hombre se pasa años tras años sin poder instalar más de una puerta diaria, y por medio de un decreto gubernamental se decide que hay que elevar el salario porque es pobre, y porque se requiere proyectar el rostro humano de la revolución moral, lo que se está haciendo lisa y llanamente, es aumentar los costos a la referida industria reduciendo su competitividad y creando condiciones que eventualmente la sacarán al mercado.

Estas reflexiones las hago porque es de suma importancia que se lleve a cabo un ajuste salarial mínimo y es muy importante que nos demos cuenta que en países centroamericanos, como El Salvador y Costa Rica, hoy por hoy la productividad es más alta que en Nicaragua; pero en la maquila se ha comprobado que con adecuado entrenamiento los trabajadores en Nicaragua son tan productivos como los de Hong Kong.

* El autor es nicaragüense, residente en Los Angeles, EE.UU.  

Editorial
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