Jaime E. Rodríguez R*.
¿hasta cuándo vamos a seguir votando en contra de algo o de alguien sin asegurarnos primero que estamos votando por la opción correcta? Tres veces en los últimos 21 años los nicaragüenses en su mayoría se han unido para derrotar al adversario. En 1979 fue contra Somoza. Once años más tarde contra los sandinistas. En 1996 nuevamente contra ellos. Finalmente, en las elecciones municipales recién pasadas, se quiso llamar al electorado a votar en contra de algo: el pacto y la corrupción. ¿Qué debe esperarse ahora en las próximas elecciones?.
Al hacer una rápida lectura de los resultados de las elecciones municipales, está claro que el PLC ya no cuenta con el apoyo del voto antisandinista pero también es evidente que si la derecha no se une, pierde. Sin embargo esta unión tiene que darse imperativamente alrededor de un nuevo liderazgo. No podemos, por el bien del país, seguir votando por líderes de la derecha que no convencen ni tampoco representan la opción correcta sólo para evitar que los sandinistas vuelvan al poder. Sería muy grave y lamentable para Nicaragua.
Es preocupante observar que en 10 años de gobiernos democráticos, la derecha no haya asentado un liderazgo sólido. Particularmente en el liberalismo. El PLC estaba llamado a constituirse en ese liderazgo sólido, en opción real, con vida per se, es decir, capaz de atraer al electorado por convicción de que se está eligiendo la opción correcta y no por la simple conveniencia de que se está eligiendo lo malo en vez de lo peor. Lo cierto es que no hubo ninguna toma de conciencia frente a este llamado de consolidar el liderazgo de la derecha a través de la consolidación de la democracia y del progreso integral de los nicaragüenses. Tampoco la hubo ante la trascendencia histórica y política que significaba este segundo período de gobierno democrático.
Más preocupante es aún que se quiera llevar al electorado nuevamente a la disyuntiva de elegir lo malo o lo peor. Nuevamente se quiere fomentar el voto antisandinista para llevar al poder no importa a quién. Pero claro, antes es necesario cerrarle los espacios a todo liderazgo nuevo que sea capaz de romper con la trampa de este círculo vicioso. ¡Qué trascendental resulta para el futuro de Nicaragua estas próximas elecciones si es que tenemos conciencia del tiempo, de la historia y de lo mucho que ya hemos perdido!.
El electorado tiene el poder de cambiar las cosas. Ahora ese poder tiene que demostrarlo eligiendo al nuevo liderazgo que Nicaragua merece. Cuidado con ese voto anti, no nos engañemos por cuarta vez. Basta ya de esperanzas traicionadas, de transiciones, de pactos, despegues económicos que no llegan y de promesas que no se cumplen. Por el bien de Nicaragua, basta ya de promover ese voto anti en su doble vía.
Si queremos lo mejor para Nicaragua no se puede seguir votando por mero impulso contra el sandinismo, sin exigir un nuevo liderazgo de la derecha. Pero tampoco los sandinistas deben seguir votando por su partido sin estar convencidos que representan una opción renovada. En nada contribuye al país que ambos electores se aferren de forma caprichosa, fanática y carente de argumentos sustanciales en mantener parámetros polarizantes para decidir su voto. Desde esta perspectiva se le niega al país la sana competencia de buenos liderazgos. Y tengo que advertir que detrás de un sandinismo incapaz de renovarse, de presentar nuevos líderes con otra mentalidad distinta a la guerrillera, se oculta una derecha que tampoco ofrece una verdadera opción. También hay que advertir que sin un gobierno maduro tampoco puede haber una oposición madura.
*Ex seminarista, Administrador y Abogado.