J. Dávila y Castellón
En estos tiempos se habla y escribe mucho sobre “realización personal”, abundan los libros y escritos de todo tipo que tratan de este tema. Para el cristiano, sin embargo, el modelo perfecto de realización personal a imitar se llama Jesucristo.
Efectivamente, “Cristo muestra al hombre lo que es el hombre”, dirá el Papa Juan Pablo II. Con Cristo el ser humano adquiere su máxima expresión como tal, llega a ser lo que debe ser, conoce su propia naturaleza, su misión en esta vida y el destino glorioso que le espera más allá de la muerte, en la eternidad.
Cuando se toca este punto de la realización personal, por lo general se enfoca unilateralmente o sólo desde uno de sus ángulos, identificándolo con el éxito profesional o económico, con la fama o la popularidad, o bien con la conquista de alguna forma de poder o dominio sobre los demás.
El cristiano realizado es aquél que más se parece a Jesucristo, el que se inspira en El tomándolo como regla o norma de vida, como meta e ideal. Precisamente este tiempo de Adviento que se inicia hoy nos ofrece la oportunidad de vivir alerta, en permanente vigilancia interior y exterior, como una forma concreta y práctica de prepararnos a recibir dignamente, en espíritu y en verdad, en la Navidad de este Año Santo, a Jesús de Nazareth, Señor de la Historia.
El Papa Juan Pablo II, después de recordarnos que “Adventus” quiere decir “venida” y que “Dios viene al hombre, y este hecho constituye una dimensión fundamental de nuestra fe”, comenta así el significado del Adviento: “Adviento indica, pues, el inicio de la nueva vida: se le quita a este niño –se refiere el Sumo Pontífice al niño recién bautizado–, en un cierto sentido, el sello del pecado original, y queda en él injertado el comienzo de la nueva vida, de la vida divina.
Porque Cristo no viene “con las manos vacías”, nos trae la vida divina, quiere que tengamos la vida, que la tengamos en abundancia. (cfr. Jn 10, 10)…, recuerda el Vicario de Cristo en la tierra.
No existe realización personal alguna si no estamos plenamente conscientes de nuestra propia dignidad personal, dignidad mucho mayor todavía en el caso del cristiano que, gracias al Bautismo, es elevado a la categoría inigualable de hijo de Dios, hermano de Jesucristo y miembro de su Cuerpo Místico que es la Iglesia.
El hombre se realiza teniendo conciencia del sentido de su vida, mientras va asumiendo su propia responsabilidad. Por eso es importante este tiempo de Adviento, porque me invita a meditar hasta qué punto estoy cumpliendo mi papel de hombre, mi papel de cristiano, mi papel de hombre o mujer cristiana, si me voy realizando en el tiempo presente con visión futura y de eternidad.
El Papa nos propone todo un programa de realización personal en el Adviento, con estas palabras: “Preparad el camino del Señor”. Os pido… que aceptéis esta invitación con toda la sencillez de vuestra fe. El hombre prepara el camino del Señor y allana sus senderos.
– cuando examina su propia conciencia,
– cuando indaga sus obras, palabras y pensamientos,
– cuando llama al bien y al mal por su nombre,
– cuando no vacila en confesar sus pecados en el sacramento de la penitencia, arrepintiéndose… y haciendo el propósito de no pecar más. Este es el significado de “enderezar las sendas”, indica el Papa Juan Pablo.
La realización personal comienza en el corazón del ser humano; no puede darse una auténtica realización personal sin una radical conversión personal. La realización personal supone cubrir áreas y lograr metas, lo que incluye llenar el área espiritual, preocuparse por “ser” antes que por “tener”.