Una lengua mestiza, rica y poderosa

  • “La lengua la hace el pueblo desde hace mil años” (en tanto que), “la Academia nació apenas en el siglo 18. La lengua es abierta, o muere; la lengua es siempre joven o no lo es. Las diferencias léxicas no debilitan al idioma, lo fortalecen”

Luis Sánchez Sancho

En San Millán de la Cogolla, La Rioja, España, se celebró durante los días 14 y 15 de noviembre recién pasado, un encuentro de directores y representantes de 25 periódicos en español de Hispanoamérica, EE.UU., España e Israel. También participaron Miguel Platón, director de Información de la agencia de prensa EFE; Fernando Rodríguez Lafuente, director del Instituto Cervantes de España; y Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española. En representación de LA PRENSA, participó el autor de este artículo.

El objeto del evento era analizar el uso del español en la prensa escrita, el impacto del internet y las amenazas que se ciernen real o supuestamente sobre el idioma. El Encuentro fue clausurado por Felipe de Borbón, Príncipe de Asturias y heredero de la Corona de España, quien dijo que el trabajo de la Fundación San Millán de la Cogolla -entidad que auspició el Encuentro con motivo de su segundo aniversario-, “es como un espejo en el que vemos reflejada toda la historia de los diez siglos de una lengua que se ha convertido en signo de universalidad para España y América”.

San Millán de la Cogolla es un conjunto de dos imponentes y antiguos monasterios, el de Suso (arriba) y el de Yuso (abajo), que está situado en un valle a orillas del río Ebro y al lado del pueblecito de Berceo, donde nació, vivió y escribió Gonzalo de Berceo, el primer poeta de la lengua castellana.

Allí, en el monasterio de San Millán de la Cogolla, hace un poco más de mil años cierto monje –maestro o estudiante, ¿quién sabe?-, cuyo nombre se ignora, escribió las primeras palabras en una rara y desconocida lengua dialectal en la que se comunicaban los rústicos labriegos del lugar. El desconocido monje leía y copiaba -en latín- el texto de un sermón de San Agustín, lo recreaba mentalmente en aquel desconocido dialecto que ni siquiera tenía nombre, y escribía en los márgenes del texto agustiniano unas breves anotaciones que ahora se conocen como “Glosas Emilianeses”: ¡Las primeras palabras escritas de lo que andando el tiempo se conocería como lengua castellana y que ahora es el idioma español!

En 1994 la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad a San Millán de la Cogolla, y en 1998 se constituyó la Fundación San Millán de la Cogolla con el fin de garantizar su valor simbólico y patrimonial.

En el Encuentro de Periódicos en Español se aprobó una Declaración (ver LA PRENSA del sábado 25 de noviembre) que en su parte medular proclama: “Convencidos de que en la lengua española se asienta nuestra común identidad cultural y que en ella se preservan todas nuestras tradiciones y, fundamentalmente, nuestra vocación de libertad”, (los participantes en el Encuentro) “declaran su firme decisión de comprometer todos sus esfuerzos en difundir y reafirmar el idioma español como forma de ratificación permanente de nuestra identidad cultural”.

Uno de los temas que provocó más discusión fue el “espanglish”, esa simpática combinación de palabras en español e inglés en la que se expresan los emigrantes hispanoamericanos en EE.UU. y que, según algunos guardianes ultra celosos del idioma, es un “arma política” concebida para destruir la lengua de Cervantes y Darío, de Quevedo y Borges, de Cela y García Márquez.

¿Realismo o exageración? El asunto se podría plantear al revés, o sea que más bien el spanglish es una penetración de la lengua y la cultura hispanoamericanas en el gran país de habla inglesa. En efecto, los cada vez más numerosos emigrantes hispano parlantes son los que llegan a Estados Unidos a hablar en spanglish, como una necesidad de supervivencia antes de dominar el inglés y convertirse en hablantes bilingües. Y en ese proceso imponen el sello de su identidad y cultura hispanoamericana a una sociedad que lentamente se hace cada vez menos anglosajona.

En todo caso, lo más negativo o preocupante no debería ser el espanglish que se habla en Estados Unidos, sino la penetración o el mal uso de vocablos de origen inglés –que no son neologismos-, con los que se distorsiona y afea el habla y la escritura española en nuestros países hispano parlantes, lo que se observa también y a menudo en los periódicos escritos. Como se dice en un humorístico mensaje de correo electrónico que ha circulado recientemente entre algunos usuarios de ese moderno y casi indispensable medio de comunicación: “Desde que las insignias se llaman “pins”; los maricones, “gay”; las comidas frías, “lunch”; y los repartos de cine, “casting”, Latinoamérica no es la misma”.

“El español no debe temer al espanglish -advirtió, durante el Encuentro de Periódicos en Español, el presidente de la Real Academia de España, Víctor García de la Concha-, porque ella misma es una lengua mestiza”. Y evocando el académico la forma y circunstancias en que nació el español, precisamente allí, en San Millán de la Cogolla, agregó que “la lengua (española) la hace el pueblo desde hace mil años”, (en tanto que) “la Academia nació apenas en el siglo 18. La lengua es abierta, o muere; la lengua es siempre joven o no lo es. Las diferencias léxicas no debilitan al idioma, lo fortalecen”.

Como quiera que sea, el debate atañe a casi 400 millones de personas que hablan y escriben en español, un idioma rico y robusto que se expande en Estados Unidos, Brasil, Europa y hasta en las remotas China y Australia.  

Editorial
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