Thelma de Prego
Desde las rondas de comalapa, hasta las cimas de Amerrisque, este magnífico cerro, expone su hermosura; empieza tomando agua en las benditas pozas del pueblo, producto de sus propias entrañas, y se va extendiendo paso arriba, poco a poco. La carretera Comalapa-Cuapa guía al caminante sobre las laderas del cerro; aquí llanuras, allá espesura; hasta que se remonta, a su gran corona; que condecora sus glorias pasadas; este Cerro de Miragua, área protegida por Decreto-Reserva Nacional Forestal, reliquia del municipio de Comalapa, cerro de puras y cristalinas aguas, donde nacen las cabeceras de los ríos que lo circundan, ha sido presa fácil de depredadores, que sin lástima profanaron y siguen profanando el santuario majestuoso de su flora y de su fauna.
El alcalde conservador don Fernando Sándigo, en los años del triunfo de la Unión Nacional Opositora, logró sentar en el banquillo, ayudado por “Marena” a los insensatos destructores de esta irreparable reliquia forestal, orgullo de Comalapa, y consiguió detener un poco el indiscriminado despale.
Hoy Comalapa, en manos del triunfo liberal en elecciones municipales, con un alcaldito advenedizo, sin arraigo, sin raíces, con poco conocimiento ecológico y constitucional, fomenta y apadrina la invasión y depredación de este cerro, que además de ser propiedad privada de ganaderos de la zona, es reliquia forestal de la nación y del municipio de Comalapa principalmente; si en este nuevo período edilicio no se proponen a parar incendios y despales, dentro de poco en Comalapa (como dice Fabio Gadea) todos los días “va a costar más el agua que la gasolina”). También la Iglesia en sus prédicas desde el púlpito debería leer a los feligreses con bastante frecuencia los 10 mandamientos, sobre todo el que dice “No codiciar los bienes ajenos”. Hago un llamado especial al “Marena” a hacer un recuento de las áreas protegidas y darles la importancia que se merecen.
Hoy que se está desarrollando un Congreso, a nivel Centroamericano, precisamente para protección forestal, que no sea sólo discursos, que las realidades se palpen, que no se siga destruyendo lo irreparable. No olvidemos la tragedia del Casita. Si todavía en lugares muy escasos del planeta, en lugares muy escasos del país y en lugares muy escasos de los departamentos y de los municipios, quedan por milagro reliquias forestales, que se propongan todos los poderes de esta República de Nicaragua protegerlas, sancionar su destrucción, e incentivar su conservación sostenible, de cara al nuevo milenio y a las nuevas generaciones. Para no heredar un planeta inhabitable hay que amar ante todo a Dios, para amar de verdad la naturaleza y la Patria.