Marcos A. [email protected]
Los delitos de cuello blanco tienen un impacto mucho más negativo en la sociedad que los comunes, de la misma manera que es más difícil llegar a las pruebas del delito así como identificar a los culpables, y más aún en países como Nicaragua que padece una crisis de valores guías, experimenta una tendencia de corrupción creciente y administra la justicia con muchas leyes obsoletas.
Durante la 34 Conferencia Presidencial Anual de la American Sociological Society de 1939, Edwin H. Sutherland – profesor de la Escuela de Chicago – decía que este tipo de delito es cometido por una persona respetable y de alto estatus social en el desempeño de su ocupación -. De allí podemos observar que un factor indispensable que los caracteriza, es que se cometen abusos de poder en beneficio propio y/o de su círculo; en esa medida se puede consumar, por ejemplo, desde el Gobierno Central, empresa privada, instituciones autónomas, organismos no gubernamentales, partidos políticos, universidades, lo mismo que en los trabajos de profesionales por cuenta propia.
Una de sus particularidades se deriva del tipo de víctima, lo que determina que la sociedad tenga reacciones que llamaremos oscilatorias, ya que ésta tiene comportamientos diferenciales según sienta o no en carne propia – y a corto plazo – los daños y perjuicios. Por ejemplo, la gente reacciona tímida o medianamente cuando los medios de comunicación denuncian un delito ligado a una licitación gubernamental amarrada, malversación de fondos gubernamentales, o estafa en un proyecto de desarrollo; mientras su repulsión es inmediata y beligerante cuando los intereses de la sociedad se pueden identificar con nombre y apellido, tal es el caso de la quiebra fraudulenta de bancos o de una empresa administradora de fondos de pensiones o el desconocimiento de resultados electorales.
Como se distingue en el primer caso, hay delitos cuyo impacto en la víctima – y su reacción – es lento ya que no pone en riesgo inmediato su seguridad económica, física, psicológica, en fin su proyecto de vida, en tanto en el caso de los bancos u otros eventos, si la víctima siente directamente que se destruye su vida y/o arrebata un derecho conquistado y por ende se rebela y participa activamente en recuperar lo dañado.
Existen también delitos de cuello blanco que pasan inadvertidos y difícilmente provocan reacciones masivas. Una muestra es los que perpetran algunos médicos que, para ganar mucho dinero hacen llegar de consulta tres y más veces al paciente siendo innecesario, así como las compañías constructoras que utilizan material de inferior calidad al estipulado en el contrato, o las empresas comerciales que venden productos vencidos. En estos casos la mayoría de las víctimas no saben que están siendo perjudicadas, no tienen comunicación entre sí, y los golpes son “silenciosos”, lo que incide en que las cosas sigan como si no pasa nada. A lo más, la gente comenta estos hechos en la casa, en el barrio, o con las amistades y hasta allí nomás.
Si se analizan a fondo, apreciaremos que el impacto de estos delitos es integral ya que afectan la vida como un todo, llevan a no creer en nada ni en nadie, y se tornan un obstáculo pesado en la lucha por la democracia, contra la pobreza y por el crecimiento del empleo, por atraer inversiones, ocasionan enfermedades y muertes de los habitantes, minan la confianza que debe existir en el tejido social nacional y, perpetúan una mala imagen de la nación.
* Consultor en Seguridad Ciudadana.