Carlos Batista/AFP
LA HABANA.- Un año después de montarse en una maltrecha lancha que lo llevó a la tragedia y la notoriedad mundial, el niño cubano Elián González vive tranquilamente en su Cárdenas natal, lejos de las cámaras y los micrófonos.
Un grupo de corresponsales extranjeros viajó infructuosamente esta semana hasta Cárdenas, una ciudad portuaria de 90.000 habitantes a 160 km. al este de La Habana, para tratar de entrevistar al menor, próximo también a cumplir los 7 años de edad en diciembre.
Pero un invisible escudo protector, anunciado por el presidente Fidel Castro en junio pasado cuando el regreso del niño, funciona en su entorno y lo sustrae de ser blanco de las cámaras y las grabadoras de insistentes periodistas.
El 22 de noviembre de 1999, Elián abordó con su madre y padrastro la embarcación con otras 11 personas, la que zozobró próxima a Estados Unidos, tragedia a la cual sólo sobrevivió el niño y una pareja.
Rescatado del mar y puesto bajo la custodia de sus parientes de Miami, el niño devino manzana de la discordia entre el conservador exilio anticastrista de Miami y el gobierno de La Habana, que apoyó los reclamos del padre para su devolución a Cuba.
Tras siete meses de enconada disputa que pasó por los tribunales y la opinión pública norteamericanos, el niño regresó a Cuba con su padre, Fidel Castro se anotó una sonada victoria política, la Casa Blanca salió airosa al ajustarse estrictamente a las leyes, y la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA) y el resto del exilio cargaron con la derrota.
La emigración ilegal, móvil del viaje de Elián, sigue siendo un año después una tragedia que se traga a muchos cubanos en el estrecho de Florida, en intentos de alcanzar el sueño americano.
Esta situación ha traído serias tensiones alrededor de los acuerdos migratorios de 1994-95, únicos lazos entre ambos gobiernos, para regular una emigración “segura, legal y ordenada”.
CASTRO SALIO GANANDO
La lección del caso Elián dejó también a Castro nuevas armas políticas en lo que denomina la “batalla de ideas”, que incluyen frecuentes convocatorias a masivas movilizaciones y un uso constante de los medios y las redes de comunicación para difundir sus puntos de vista. El exilio cubano cargó con la derrota de la batalla política y legal que libró con el gobierno comunista y las autoridades norteamericanas.