Carmen Membreño, llora sin consuelo por el dinero que tenía depositado en el Banco del Café.

Banco la deja al desamparo

Amalia [email protected] Caras trágicas de aflicción, preocupación, desesperación, furia, llanto que desfilaron frente al portón principal del Banco Central fueron la mejor prueba de lo que para los depositantes significa el quiebre del Banco del Café. Nada le dio consuelo. Se recostó en el hombro de una y de otra persona, pero ninguna podía calmar […]

Amalia [email protected]

Caras trágicas de aflicción, preocupación, desesperación, furia, llanto que desfilaron frente al portón principal del Banco Central fueron la mejor prueba de lo que para los depositantes significa el quiebre del Banco del Café.

Nada le dio consuelo. Se recostó en el hombro de una y de otra persona, pero ninguna podía calmar las lágrimas ayer de Carmen Membreño, de 55 años, cuya supervivencia dependía totalmente de los intereses que le generaban siete mil dólares depositados en el Banco del Café.

Con cara de llanto y con el habla entrecortada, Carmen Membreño contó que su sostén dependía del dinero que retiraba cada mes por intereses acumulados.

No detalló con exactitud la cantidad, pero dijo que con eso compraba sus medicinas y comida, porque ella es una mujer sola. Aseguró que no cuenta con la ayuda de ninguna persona. Además no trabaja. No puede. Se lo impide un clavo, que por accidente tiene incrustado en el tobillo derecho, le resta resistencia y le impide andar con normalidad.

Tres años llevaba en el banco la plata de Membreño. Jamás previó lo que pasaría. Dice que con esa plata su futuro y supremo plan era comprar una finquita, porque según contó el sitio donde vive, situado en el entrada a Las Sierritas de Santo Domingo, no es suyo.

“Mi Diosito me dio ese dinero, mi Diosito”, fue la frase que mejor atinó a decir la mujer que ahora cree que pedir limosna en las calles es el único camino que le queda para sobrevivir.

QUIEBRE A DISCAPACITADOS

Iracundo, pero sereno estaba el minusválido Tomás Alvarado, quien no pudo retirar del banco el primer desembolso de 15,000 dólares que enviaron, desde Inglaterra, donantes para la Asociación de Capacitación a Discapacitados de Centroamérica.

Alvarado contó que se trataba de la primera transferencia. Con ese dinero resolverían el pago para una capacitación a personas minusválidas y también para el pago por la construcción de sillas de ruedas, que ellos tanto necesitan.

“¿Y ahora qué les voy a decir a los donantes? ¿Con qué vamos a trabajar?”, son preguntas que desde el sábado están taladrando la mente de Alvarado, representante de esa Asociación.

Alvarado contó que en estos días tienen a 40 personas en capacitación. Sin ese dinero no sabe cómo pagará los gastos de los minusválidos, la mayoría de ellos provenientes de Honduras.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí