- Aún cuando Cedeño y Aparicio se
estafaron más bases que Moreno,
ninguno se aproximó al centenar
como el panameño lo hizo en 1980
Edgard Rodríguez [email protected]
Detrás de este hombre apacible, quieto y por momentos casi pétreo, hubo otro cargado de electricidad, y que con su juego alegre y dinámico, contribuyó a hacer del line up de los Piratas de Pittsburgh, un cocktail muy explosivo hace ya casi dos décadas.
Omar Moreno, convertido ahora en entrenador del equipo de Panamá, fue a través de una década, uno de los más excitantes corredores del béisbol, tanto así, que aún se busca una aproximación a este canalero extraído de una pista de atletismo hacia el juego de pelota.
Su mayor elevación la consiguió en 1980, cuando se estafó 96 bases para Pittsburgh, en un alucinante desempeño estimulado por el afán de implantar una nueva marca de robos en la Liga Nacional, donde los corredores se medían a partir del legendario Lou Brock.
“Ese año pensé que impondría un nuevo récord. Estaba sano y mi rendimiento era bueno, pero una noche ante Filadelfia me lastimé un dedo de la mano. Mi ritmo se vio disminuido y no pude hacer mucho más”, nos dice Moreno en el lobby de un hotel capitalino.
Moreno había superado la barrera de las 80 estafas, lo cual de hecho ya era una marca de carácter personal. Un año antes se había robado 71 bases, las cuales fueron suficientes para liderar la liga. Pero en ese 1980, había que hacer algo más para poder imponerse.
“Montreal tenía a Ron LeFlore y estábamos metidos en una batalla por prevalecer. Pero mi meta no era sólo superar a LeFlore, sobre quien tenía buena ventaja, sino ir sobre los 118 robos que Lou Brock tenía como récord en la liga”, señala Moreno con entusiasmo.
Al final, no consiguió ni una cosa ni la otra… Su dificultad en el dedo empeoró a través de los días y cerró con 96 colchonetas escamoteadas, una menos que las 97 que le dieron el título a LeFlore, y más distante aún, del registro establecido por Brock en 1974.
“Tú sabes que mi fuerte era deslizarme de manos y al afectarme el dedo, cuyo nervio había quedado averiado, mi agresividad disminuyó porque hasta sujetar el bate era algo costoso para mí en aquellos momentos. No pude hacer más”, señala sin lamento Omar.
Sin embargo, Moreno pudo jugar durante 12 temporadas en las Grandes Ligas y durante cinco de ellas superó la barrera de las 50 estafas. En dos ocasiones (1978 y 1979) encabezó el circuito en robos y llegó a acumular 487 en su carrera, afectada al final por lesiones.
“Siento orgullo de lo que hice. Pienso que actué en una época en la que se jugaba un mejor béisbol que el actual y se me calificó muy bien, tanto que se me mencionaba entre grandes como Lou Brock, Maury Wills, Rickey Henderson y Vince Coleman, entre otros”, señala.
El inicio de la carrera de Moreno, no obstante, tuvo un despegue curioso, aunque llegó a ser tan rápido como el ritmo de sus piernas, que le permitieron convertirse en pieza clave de los competentes Piratas de finales de los 70 y arranque de los años ochenta.
“El béisbol no era mi prioridad”, nos dice este espigado moreno (6.2 pies) nacido en Puerto Armuelles, Panamá, el 24 de octubre de 1952… “Yo era parte del equipo de básquetbol de mi escuela en Chiriquí y además competía en campo y pista”, recuerda.
Moreno había jugado un poco de béisbol cuando niño, pero ahora estaba dedicado casi en tiempo completo al atletismo, donde destacada precisamente por su velocidad, justo lo que llamó la atención de los scouts y eventualmente fue sometido a una prueba.
“Se me hizo la prueba y me pusieron a jugar en un equipo de mi provincia. En tres juegos bateé de 12-8 y luego me fui a competir a los Juegos Nacionales Intercolegiales. Cuando regresé se me dijo que ya estaba firmado. No lo hice yo porque era menor de edad”, dice.
El prestigiado scout Herb Rayburn se encargó de la firma de Moreno y a partir de ese momento, comenzó el ascenso del que más adelante sería uno de los mejores robadores que ha producido Latinoamérica, donde pese a la agresividad, no hay grandes “estafadores”.
“Yo no diría que no hay robadores, sino que el béisbol de manera global ha cambiado su filosofía y el jonrón ha desplazado al robo de base. Eso tiene que ver con varios factores, pero sobre todo con el aspecto económico. El jonronero gana mucho más”, apunta.
A través de la historia, grandes robadores de base como el mismo Brock incluso, han ido al punto que ahora señala Moreno, y es el hecho de la exigua valoración de este arte, cada vez más escaso en el juego de hoy, donde todo se resuelve a base del trancazo.
“Para mí algo sucede. La pelota tiene que estar más viva y el pitcheo es menos exigente que antes. Ahora cualquiera puede pegar 30 jonrones. Entonces robar una base no hace falta”, dice el instructor de la selección nacional de béisbol de Panamá.
No obstante, en su época, estafarse una base era necesario para crear opciones productivas para su club, y en eso, Moreno fue de los mejores, con un bate que movía con agudeza y un par de piernas que se desplazaban con electricidad en los senderos.
LOS MEJORES LATINOS
– El dominicano César Cedeño es el máximo robador latino de todos los tiempos con 550 estafas, 44 más que las 506 que se escamoteó Luis Aparicio de Venezuela.
– Moreno tiene el récord de más robos para una temporada con 96 en 1980, mientras que la máxima cifra de Cedeño fueron las 61 que acumuló en 1977. Aparicio tuvo 57 en 1964.
– Moreno cerró su carrera con 487 estafas durante una trayectoria de 12 temporadas, algunas de las cuales fueron reducidas hasta 58 partidos debido a lesiones, como en 1985.
– Cedeño se robó sus 550 bases en un total de 2006 partidos… Aparicio llegó a 505 en 2599 desafíos. Moreno empleó 1382 encuentros para coleccionar sus 487 estafas.