Don Bernardo, el barbero milenario

Con la misma paciencia con que espera que la semilla del frijol germine y broten de la tierra sus primeras hojas, así espera en el porche de su casa don Bernardo Fajardo a los potenciales clientes de su barbería “Santa Rita”, ubicada en la entrada de su natal comarca de Nancimí, en las afueras de […]

Con la misma paciencia con que espera que la semilla del frijol germine y broten de la tierra sus primeras hojas, así espera en el porche de su casa don Bernardo Fajardo a los potenciales clientes de su barbería “Santa Rita”, ubicada en la entrada de su natal comarca de Nancimí, en las afueras de Tola.

Su rostro con características indígenas, revelan sus 68 años de edad, 51 de los cuales ha vivido cortando el pelo de todos los hombres del pequeño caserío. Y es que a los varones de esta localidad no les ha quedado otra alternativa, pues don Bernardo es el único barbero que han tenido en el último medio siglo y aunque existen varias mujeres que han recibido cursos de belleza y peluquería, éstas sólo cortan el pelo a las de su mismo sexo, porque a los varones ni se les ocurre poner su cabeza en manos femeninas.

En su humilde casa de tablas don Bernardo tiene instalado su “salón”, que está compuesto únicamente por la vieja silla de laurel que desde hace 25 años sustituyó al incómodo taburete con que empezó su segunda profesión, ya que la primera era y sigue siendo la agricultura.

Desde que el sol anuncia su salida, don Bernardo va rumbo a su huerta, donde cultiva maíz, frijoles, arroz, sorgo, plátanos y algunas legumbres y frutas para el consumo de su hogar. Por eso a don Bernardo casi no le queda tiempo para atender la barbería, ya que al regresar del campo, si está agitado no rasura a nadie “porque se me acalambran los dedos”, sostiene.

Los principales clientes de don Bernardo son los jóvenes y los chavalos de la comarca, pero también tiene en su lista a casi todos los adultos, incluyendo al doctorcito del puesto de salud.

“A veces a los niños muy rebeldes medio los ‘chapuceo’, o los dejo bien peloncitos, apoyado de la ayuda de las mamás”.

Con los jóvenes el trabajo es diferente: “A éstos les gusta que les haga el hongo, la tabla, que es plano arriba, recto de los lados y que antes se llamaba labró. Otro corte que me piden los jóvenes es la buchona, que es un estilo parecido al Rock and Roll que estuvo de moda hace como cuarenta años y que vuelve a estar de moda, pero que ellos creen que es algo nuevo”, recuerda.

El corte de pelo y barba, que también incluye bigote, sólo cuesta cinco córdobas, pero como dice don Bernardo, que aprendió este oficio de sólo ver a su papá cuando “chapuceaba” a los chavalos de los vecinos, “esto lo hago más por hacer el favor que por pasar de esto”.

Y como todo barbero, don Bernardo siempre también participa de las pláticas y se ríe junto a sus clientes cuando éstos cuentan sus chistes, porque él asegura que “nunca me han hallado de mal café, no tengo enemigos y más bien soy amigo de todos”.  

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