Durante una semana María Bojorge luchó contra la muerte pero al final murió. Inserto, Roberto Mayorga Avilés asesinó a su suegra embarazada y al marido de ésta. (Reproducción de Cruz Flores).

Segó tres vidas en un rapto de ira

Un cantinero y su esposa embarazada fueron muertos a tiros al salir en defensa de su hija que era golpeada por su marido Anuar Hassan yEmiliano Chamorro [email protected] Manuel Salvador Guido Armas era lo que se dice un caso perdido. Nacido y criado en un hogar sumamente pobre de la periferia de la Managua de […]

  • Un cantinero y su esposa embarazada fueron muertos a tiros al salir en defensa de su hija que era golpeada por su marido

Anuar Hassan yEmiliano Chamorro [email protected]

Manuel Salvador Guido Armas era lo que se dice un caso perdido. Nacido y criado en un hogar sumamente pobre de la periferia de la Managua de los años 30 su juventud transcurrió entre los groseros ex abruptos de los rudos cargadores de bultos del mercado Central y los no menos demoledores guantazos de sus rivales dentro de las cuatro cuerdas de un ring de boxeo en la vieja plaza de El Caimito, una especie de modestísimo Times Square criollo añorado por las pasadas generaciones de capitalinos.

Tras un breve y violento intervalo como estibador en el puerto de Corinto regresó al viejo barrio, teatro y testigo de sus escandalosas borracheras y en cuyas calles se mezclaban los amados vapores etílicos que se escapaban de sus encantadores estancos y el acre olor del estiércol de los caballos de los viejos coches y el de la miasma de sus cunetas siempre sucias.

A los 30 años de edad nadie daba, pues, un cinco por aquel mocetón de amplio tórax y bíceps impresionantes. Pero de las ruinas precisamente se han levantado los más sólidos monumentos.

Un día, de pronto, sin que se supiera cómo ni por cuál benéfica influencia el Manuel Salvador de tantos ¨daños y muertes¨ bajó su testuz, como el lobo dariano.

Responsable del franciscano cambio fue, sin lugar a dudas, una mujer llamada María Bojorge que a la sazón cifraba unos 34 años de edad.

Esta mujer era dueña de un negocio de bebidas y comidas que funcionaba en las vecindades del antiguo cine Margot, muy cerca del mercado Central, centro de operaciones de Guido Armas.

No nos fue posible conocer las circunstancias en que ambos trabaron conocimiento pero es fácil deducir que el hombre llegó en su calidad de cliente y se enamoró de la mujer que correspondió a sus requiebros .

Pocos meses después, los parroquianos vieron estrenar la figura de un remozado Guido Armas detrás del bar donde, con mano firme, escanciaba en cristalinas copas, una tras otra, las botellas pletóricas de ron y aguardiente nacionales.

Junto al bar de Guido, su recién adquirida mujer preparaba las viandas y frituras que las mujeres del vecindario compraban para servir el almuerzo a sus familias y que, en menor proporción, también comían como ¨bocas¨ los asiduos del bar.

Guido y su mujer formaban lo que se llama un ¨one two¨ perfecto. Cierto tiempo después se sumó a ellos Guadalupe, hija de María y un anterior esposo, que les ayudaba a servir las mesas.

Guadalupe, de unos 16 años, se había marchado un año atrás con un costarricense llamado Roberto Mayorga Avilés, bastante mayor que ella.

Al parecer, el tico la maltrataba física y moralmente y la muchacha decidió regresar al hogar de su madre.

A la alegría del retorno de su hija, María sumó la de saber que su reciente unión con Guido había fructificado y que estaba a la espera de un nuevo hijo.

Como decía la letra de una popular canción, la pareja estaba plena de vida, se amaban intensamente e iban en camino de lograr la prosperidad económica.

Pero la suerte tenía escrito otro libreto, totalmente diferente. La tarde del 4 de junio de 1967 transcurría normalmente en la casa de la pareja cuando hizo su aparición Roberto Mayorga Avilés, el hombre de cuyo maltrato había escapado Guadalupe, la hija de María.

El hombre, que al parecer se había tomado unas copas de más, reclamaba airadamente la presencia de la muchacha.

Cuando ésta apareció, tras algunos minutos de dudas, el hombre la llamó aparte.

María, que preparaba en la cocina las fritangas que ofrecería a su clientela nocturna salió alarmada al escuchar los gritos de su hija. En un extremo del patio vio a Mayorga Avilés plantado frente a su hija, que trataba de esquivar los golpes que aquél le lanzaba.

Llena de súbita ira, la mujer se abalanzó sobre el agresor de su hija y le aplicó un par de cachetadas. El hombre retrocedió unos pasos, metió una mano en la cintura y sacó un revólver 22 con el que disparó tres veces sobre la madre de su mujer, que cayó gravemente herida.

Desde su puesto detrás del bar, Guido escuchó los disparos y los gritos de su mujer y su hijastra. Tomó el cuchillo con el que pelaba las frutas que servía a su clientela y salió al patio para enterarse de lo que ocurría.

El reformado cantinero no caminó mucho. Al verlo, el enfurecido visitante enfiló el arma en su dirección y disparó hasta agotar la carga del tambor. Alcanzado en puntos vitales, Guido se desplomó muerto sobre el lodo formado por la lluvia que caía esa tarde sobre la ciudad.

María Bojorge luchó durante siete días contra la muerte pero, al final de los cuales, murió. Los disparos habían afectado al feto que llevaba en sus entrañas y la situación de la mujer se complicó hasta llegar al desenlace fatal.

El doble homicida esperó en el escenario de su crimen la llegada de la Policía, a la que entregó el arma sin tiros.

Al declarar ante el Jefe de Homicidios de la Policía dijo que disparó en defensa propia pues Guido intentó atacarlo con un cuchillo. Admitió haber llegado a la casa para llevarse a su mujer pero se encontró con la actitud agresiva del padrastro de aquella.

Pero no sabía que en un momento de lucidez su suegra había declarado que esa tarde no se produjo ninguna discusión entre su marido y el homicida.

Mayorga dijo que se encontraba sin trabajo desde hacía mucho tiempo, lo que supuestamente motivó la animadversión de la madre y el padrastro de su mujer.

Debido a que ésta no presentó acusación en su contra y a que por el lado de Guido Armas tampoco se le acusó, Mayorga obtuvo su libertad en corto tiempo.

¨Mi madre era muy pobre para pagar un abogado acusador¨, nos dijo José Maltez Guido, hermano de Manuel Salvador por el lado materno.

La señora Amanda Guido, madre de José y Manuel Salvador trabajaba como doméstica en un restaurante llamado Casares, que se ubicaba en la calle 15 de septiembre, del templo El Calvario seis cuadras hacia el occidente.

DOLOROSA IRONIA

Lo más triste de esta historia fue saber que la muchacha por la cual mi hermano fue asesinado visitaba en la cárcel al asesino y le llevaba su alimentación, nos confió José Maltez Guido, hermano materno de Manuel Salvador, cuando conversamos con él esta semana.

– ¨Él ya estaba organizado, se había reformado y esperaba jubiloso el nacimiento de su primer hijo¨, agregó.

– Maltez desmintió la versión propalada por el homicida de su hermano en el sentido de que éste lo insultaba a cada paso y lo había amenazado de muerte en varias ocasiones anteriores.

– ¨Hasta donde yo se el tico era un vividor que daba mal trato a la hijastra de mi hermano¨, dijo Maltez.

– De la misma forma refutó la declaración del homicida, quien afirmó que la tarde de los sangrientos sucesos, Guido Armas estaba ebrio.

– ¨Eso es totalmente falso. Desde que Manuel Salvador se unió a María Bojorge cambió radicalmente. Estaba totalmente dedicado a su trabajo como cantinero y esto no le permitía tomar licor¨, afirmó.

– Maltez es hermano del conocido médico y abogado Vicente Maltez, quien también nos proporcionó alguna información sobre su asesinado tío.

INESPERADO FINAL

En su primera juventud Manuel Salvador Guido Armas llevó una vida disipada. Para agenciarse el dinero que necesitaba para sobrevivir cargaba bultos en el mercado Central de Managua. Llevado por un afán de aventuras se trasladó durante una temporada al puerto de Corinto, donde trabajó como estibador. La rudeza de ambos trabajos le confirió gran fortaleza física que empleó para meterse ocasionalmente al ring y ganarse unos cuantos córdobas. Iniciaba una nueva vida cuando fue muerto a tiros por el exaltado compañero de su hijastra.  

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