- El que comparte los bienes ni siquiera admite la gratitud porque lo considera un cumplimiento del deber. Quien da todo lo que tiene, siempre tendrá sus manos llenas.
Pbro. Silvio Fonseca Martínez
Esa viuda pobre ha echado en la alcancía más que todos
Lectura del Santo Evangelio, según San Marcos 12, 38-44
En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: “Tengan cuidado con los escribas, a quienes les guste pasearse lujosamente vestidos y ser saludados por la calle. Buscan los puestos de honor en las sinagogas y los primeros lugares en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con el pretexto de largos rezos. Estos recibirán un juicio muy riguroso”.
Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo y observaba cómo la gente iba echando dinero en ellas. Pero llegó una viuda pobre, que echó dos monedas de muy poco valor. Jesús llamó entonces a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esa viuda pobre ha echado en las alcancías más que todos los demás. Pues todos han echado lo que les sobraba, mientras que ella ha echado desde su pobreza todo lo que tenía para vivir”.
Palabra del Señor.
Lecturas bíblicas: Reyes 17, 10-16/Hebreos 9,24-28/San Marcos 12,38-44
La limosna es el tema central en la liturgia de la palabra de este domingo; si leemos muchos textos de la Escritura nos damos cuenta que la limosna es un tema importante. Veamos algunos textos:
“Si hubiera en medio de ti un necesitado… no endurezcáis tu corazón ni cerrarás la mano a tu hermano pobre” (Dt. 15,7).
“Practica con tus bienes la limosna y no apartes tu rostro de ningún pobre, porque así no apartará de ti su rostro el Señor”. (Tob. 4,7).
“La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado” (Tob. 12,9).
“Anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo” (Mc. 10,21).
La imagen de una viuda en Israel era como el símbolo de la indulgencia, de la persona reducida a toda necesidad: “No afligirás a la viuda ni al huérfano” (Ex. 22,21). “Defiendan a la viuda”, (Is. 1,17). No nos sorprende entonces el elogio y la enseñanza que hace Jesús con esta viuda, sujeto de protecciones especiales. Lo medular de este pasaje son sin duda las palabras de Jesús “Porque los demás han echado de lo que les sobraba. Pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía por vivir” (Mc, 12,44).
Este pasaje con fuerte carga social enseña cómo debe interpretarse la verdadera caridad cristiana; esto no es dar lo que sobra ni lo que falta, sino compartir lo que se tiene y aplicándolo a la solidaridad que pueda existir entre ricos y pobres, tenemos que admitir que difícilmente esto se cumple, pues en general recurrimos a la limosna, una práctica desde antiguo como bien lo enseñan los textos bíblicos y que aquí hemos señalado algunos; esto también va para el apoyo que dan los países ricos a los países pobres; los millones o billones son para ellos centavos.
La reflexión social y teológica no puede terminar en este señalamiento, hay que agregar la estrecha correlación entre ricos y pobres; sería un grave pecado silenciar o eludir de que muchos se han enriquecido a costa de los pobres; basta pensar en la explotación de los emigrantes; para vencer esta brecha se requiere antes de todo un humanismo para llegar a la justicia, en la que admitamos que los bienes de la Tierra pertenecen a toda la humanidad y que el compartir lo que se tiene no es ningún favor ni compasión, sino retribuir el derecho de los demás; pero no debemos ser ilusorios, la explotación y la esclavitud, la brecha entre ricos y pobres viene desde antiguo y continuará igual. “A los pobres siempre los tendréis” (Mt. 26,11), dijo Jesús, por lo tanto el sueño de una sociedad sin clases, aún la difunta ideología comunista, es una utopía.
El rol de la Iglesia será apelar a las conciencias y predicar el ideal de una sociedad al menos más humanas. El que comparte los bienes ni siquiera admite la gratitud porque lo considera un cumplimiento del deber. Quien da todo lo que tiene, siempre tendrá sus manos llenas.