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Es una de las lagunas de mayor belleza escénica del Pacífico de Nicaragua y es la segunda en importancia y dimensión del departamento de Masaya. De forma casi circular, tiene un diámetro de seis kilómetros y una profundidad, aún no comprobada, de más de doscientos metros.
Su origen es volcánico; por eso ocupa el cráter de un volcán que hizo erupción hace miles de años. Está ubicada al sureste de Catarina.
Sus aguas salobres están a un poco más de setenta metros de elevación sobre el nivel del mar, pero las paredes rocosas que la enmarcan por el suroeste se elevan a cuatrocientos metros sobre el mismo nivel.
Por sus aguas salobres y el fuerte oleaje, el obispo-cronista de Nicaragua Fray Agustín Morel de Santa Cruz, llegó a suponer, en el año 1751, que esta laguna tenía comunicación directa con el mar o con el Gran Lago Cocibolca.
Alrededor de la laguna de Apoyo viven miles de artesanos que por generaciones han bajado a sus faldas a bañarse en sus aguas, cazar algunos animales para sobrevivir o llevar a sus casas cañas de bambú, piedras para labrarlas o madera para hacer sus tradicionales artesanías.
El talento se desarrolla con la competencia
Rafael Hernández se considera a sí mismo un artesano completo. Tiene 38 años, 26 de los cuales ha vivido como creador de nuevos modelos artesanales en barro cocido. El sabe que los turistas buscan lo novedoso, lo raro y lo que identifica la cultura de un pueblo. Por eso, siempre que uno llega a su pequeña tienda de exhibición y venta instalada a pocos metros de la entrada al pueblo, se encuentra con algo nuevo. Hernández es dueño de un taller familiar de cerámica donde laboran con él dos sobrinos con quienes ha logrado crear algunos modelos originales que lo distinguen del resto de artesanos.
Como todo creador, Hernández se siente orgulloso de cada una de sus obras; algunas de ellas incluso han ganado premios nacionales y otras han sido motivo de exposiciones fuera de nuestras fronteras. A raíz del terremoto que destruyó centenares de hornos en el pueblo, Hernández no sólo reconstruyó su propio horno sino que ayudó a más de 200 artesanos del pueblo a levantar el suyo. “El buen artesano –dice- debe saber todo, desde ir a buscar el barro, mezclarlo, amasarlo, hacer las piezas con sus propias manos, saber cómo se quema en el horno, hasta pulir la pieza, pintarla y dejarla nítida, pero sobre todo que ofrezca algo nuevo, distinto”.
Hernández explicó que cada año la Casa del Artesano Quetzalcóatl organiza una exposición de cerámica en la que participan muchos artistas del pueblo con nuevos modelos elaborados no sólo en barro sino también en madera y otros materiales naturales existentes en el municipio. “La gente no quiere ver lo mismo -dice el artesano- quiere ver algo diferente. Por eso nosotros, cada año, presentamos nuevos diseños; ahorita por ejemplo estamos sacando una línea con motivos navideños porque ya se avecinan las fiestas y hay que estar preparados para ofrecerle al público este nuevo producto”.
Hernández ganó este año el primer lugar en la exposición de cerámica con una tortuga “craquelada”, que es un efecto que logró al darle varias pasadas de barro a la tortuga, la que luego al secarse, se reventó y produjo un bonito efecto que motivó al jurado a otorgarle el primer lugar. “Lo que pretendemos es que las cosas queden igual que la naturaleza”, dijo.