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Mezclar el barro con arena y amasarlo con delicadeza hasta dejarlo en su punto, es la tarea cotidiana de doña Teresa Pérez Potosme desde hace veinte años. La combinación de estos dos elementos es sólo el inicio de la fabricación de la materia prima, con la que doña Teresa elabora lindos jarrones de barro que luego son pintados y decorados con flores secas y espigas.
Todos los días de la semana doña Teresa, de 46 años, se instala desde muy temprano en la sala de su humilde casa instalada a sólo media cuadra al Este de la Iglesia católica, donde con admirable destreza va dándole forma a la masa de barro para ir creando la base y los contornos voluminosos de los jarrones. Abandona brevemente el trabajo al mediodía para hacer la comida de sus diez hijos, cuatro de los cuales también trabajan haciendo artesanías de barro en sus casas.
Cuando doña Teresa empezó a trabajar el barro hace veinte años, hacía las tradicionales maceteras, cazuelas, ollas, comales y platos con estilo precolombino, los que a pesar del gran esfuerzo que les dedicaba no le rendían suficientes beneficios económicos, como los jarrones que empezó a hacer hace ocho años, con los cuales a veces no da abasto para satisfacer la creciente demanda. Prueba de ello es que el año pasado un solo cliente de Miami le encargó cien ollas de ayote decoradas y pintadas, las que entregó luego de dos meses de arduo trabajo.
Los jarrones que doña Teresa elabora forman parte de la larga cadena de producción artesanal en San Juan de Oriente, ya que ella, a diferencia de otros artesanos, entrega sus productos en crudo o sólo “quemados”, los cuales son comprados por otros artesanos que se encargan de pintarlos y decorarlos con diferentes materiales. Una vez terminados son adquiridos por los intermediarios que llegan en busca de nuevos diseños artesanales.
Estos jarrones gozan de mucha aceptación entre visitantes de otras regiones del país, quienes también se los llevan recién salidos del horno para darles un toque personal muy acorde con las características de su casa u oficina.
A pesar de la calidad de los jarrones que doña Teresa elabora, éstos tienen un precio sumamente bajo, ya que un jarrón crudo ella lo vende en veinte córdobas, mientras uno con decoraciones caladas y quemado vale cincuenta córdobas. “El problema que tenemos los artesanos es que ahora hay muchos intermediarios que compran los productos a precios muy bajos y luego los revenden a altos precios a las tiendas de artesanías de Managua, Masaya y otros lugares”, se quejó doña Teresa.