Eduardo Marenco [email protected]
El general Anastasio Somoza Debayle convirtió la pista aérea de Puerto Cabezas en el patio trasero de la invasión a Bahía de Cochinos, soportando logísticamente la fracasada operación de la Central de Inteligencia Americana (CIA).
Según el Informe del Inspector General de la CIA, Lyman Kirkpatrik, sobre la Operación de Bahía de Cochinos, elaborado seis meses después, a fines de octubre de 1960, el Gobierno de Nicaragua ofreció a la Agencia el uso de una pista de aterrizaje y de instalaciones portuarias en Puerto Cabezas, para la invasión a Cuba.
Este apoyo era clave para la operación puesto que desde el inicio el jefe paramilitar de la misma señaló que “se abandonara la operación si no se permitía el respaldo táctico o aéreo adecuado”, según el informe de la CIA recientemente desclasificado.
SOMOZA GARANTIZO EL RESPALDO ADECUADO
Puerto Cabezas presentaba la ventaja de que se encontraba 250 millas más cerca de Cuba que las instalaciones con que la CIA ya contaba en Guatemala.
De este modo, a fines de marzo de 1961, “barcos con equipo de fuerza de asalto estaban llegando a Nicaragua”, dice el informe que permaneció en secreto durante 37 años.
Según el informe, “los vuelos sobre Cuba fueron suspendidos el 28 de marzo debido a que los aviones hacían falta para trasladar a las fuerzas de asalto de Guatemala a Puerto Cabezas, Nicaragua, para su embarque en las naves invasoras”.
La Brigada invasora comprendía 1,511 hombres, todos ubicados en los barcos de invasión a excepción de una compañía de infantería aerotransportada de 177 hombres.
“Estas tropas habían sido trasladadas por aire, en tres noches sucesivas, del campamento de entrenamiento en Guatemala al área de Nicaragua. Allí tomaron los barcos que habían sido precargados en Nueva Orleans”, dice el informe de la CIA.
El documento agrega que “para evitar la apariencia de un convoy, los barcos que salieron de Nicaragua tomaron diferentes rutas, bajo una discreta custodia de la Marina, hasta una cita a 40 millas de la costa”.
“De los tres barcos de respaldo, uno debía llegar de Nicaragua en la mañana del Día D, más dos, y otros dos que esperaban en el mar al sur de Cuba. Había abastecimientos suplementarios disponibles para ser transportados por aire o lanzados en paracaídas en aeropuertos de Guatemala, Nicaragua y Florida”, señala el inspector de la CIA.
Durante la invasión se usaron B-26, Sea Furies y jets T-33, de los cuales al menos cuatro B-26 fueron derribados, pero tres regresaron a salvo a Puerto Cabezas, dice el informe de la CIA.
Desde mediados de enero de 1961, durante una reunión del “Grupo Especial” que coordinaba la Operación, se había decidido “usar Puerto Cabezas, Nicaragua, como base para ataques aéreos e inicio de operaciones marítimas”.
Desde ese momento, el destino de los pilotos Crispin García y Juan de Mata González, estaba trazado.