- A los restos de Crispín García y Juan de Mata González les llevó 39 años regresar a casa. Ambos se estrellaron piloteando un B-26 en las cercanías de San José de Bocay. Sus restos serán enterrados hoy por sus familiares
Eduardo Marenco [email protected]
Solamente la voluntad de hierro de Janet Ray Weininger hizo posible que hoy los restos de los pilotos cubanos Crispín García y Juan de Mata González, sean sepultados por sus familiares en la ciudad de Miami.
Ella encabezó el esfuerzo por rescatar sus restos luego que lograra repatriar los de su padre, después de diez años de presionar a la CIA y al gobierno de Fidel Castro. Su padre murió durante una operación separada de la CIA durante Bahía de Cochinos.
Weininger se solidarizó con el drama de la familia García y presionó durante casi diez años más para lograr que la CIA desclasificara información sobre el padre de Franklin García y colaborara a localizar sus restos.
Crispín García y Juan de Mata González, miembros de la Brigada de asalto 25-06 que comandó la fracasada invasión a Cuba, patrocinada por la Central de Inteligencia Americana (CIA), estrellaron el avión B-26 que piloteaban a pocas millas de San José de Bocay, en la medianoche del 17 o el 18 de abril de 1961, según las indagaciones de la CIA. (Ver nota aparte).
En LA PRENSA de la época no se reflejó ninguna noticia sobre la colisión del avión. En realidad, el hecho permaneció en secreto durante más de treinta años por la voluntad de la CIA y el general Anastasio Somoza Debayle.
UNA VOLUNTAD DE HIERRO
Fue hasta que Janet Ray Weininger decidió colaborar con el hijo de García, Franklin García, para ayudarlo a localizar a su padre, que los secretos comenzaron a romperse.
Durante cinco años, la mujer presionó a la CIA con cartas y llamadas telefónicas. En 1995, cuando la CIA se negó a colaborar con ella, Weininger viajó a Nicaragua junto a Frank García, llegando hasta el lugar del accidente después de un viaje en mula de cuatro horas. No encontraron los restos humanos después de un día de excavación.
Fue hasta en 1997 cuando la CIA acordó gastar 70,000 dólares y solicitar la ayuda del Laboratorio Central de Identificación del Ejército en Hawai, el cual usa técnicas forenses y arqueológicas para localizar restos de combatientes norteamericanos.
El primero de enero de 1998 la CIA desclasificó documentos que revelaron detalles sobre el caso. El 20 de marzo de 1998, cuando inició la exhumación de los restos para su identificación, Weininger se encontraba en San José de Bocay acompañando a los forenses norteamericanos.
Los pilotos se estrellaron intentando localizar la pista aérea de Puerto Cabezas, la cual había sido puesta a disposición de la CIA por el dictador Anastasio Somoza Debayle.
García y González, formaron parte de los 54 pilotos reclutados por la CIA, de los cuales, 18 murieron en Bahía de Cochinos.
Sus restos fueron rescatados por un equipo del Laboratorio Central de Identificación de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, con sede en Hawai. Estos especialistas han buscado restos de soldados norteamericanos en Vietnam, Camboya, China, Noruega, Corea del Norte y Nueva Guinea.
El equipo de nueve personas incluyó un médico, un fotógrafo y especialistas en antropología forense.
En el inicio de las exploraciones participaron el ex embajador estadounidense en Nicaragua, Lino Gutiérrez, el ex ministro de Defensa Jaime Cuadra y el personal forense norteamericano.