Edgard rodríguez C. [email protected]
Los relevistas son gente muy especial… Varían en cuanto a calidad, temple y recursos. Sin embargo, tienen un factor en común: su fortaleza.
Aún en las Mayores, usted puede contar con los dedos de una mano, los taponeros que no tienen poder en sus disparos. Es obvio. No existe un envío más dañino que una bola rápida, más aún en las entradas finales de un partido.
En un desafío, todo bateador está sometido a diversas presiones que le desgastan no sólo físicamente, sino también desde la perspectiva mental. De modo que, sus reacciones son por lo general más lentas a través de cada innings.
Así que un disparo sobre las 90 millas, ante un bateador que entró en fase de desgaste, suele ser mortífero… Bueno, eso creíamos hasta que Daniel Miranda hizo su retorno con los leones, con quienes se ha vuelto el “as” del cierre.
Daniel tuvo ayer en Estelí, su intervención número 12 en la campaña. Y no puede estar mejor. Tiene 3 triunfos, 1 derrotas y 6 salvamentos. Su efectividad es un fantástico 0.47, luego de ceder apenas 1 carrera limpia en 19 entradas.
No obstante, Miranda no es el relevista clásico. No es un ponchador. Tanto que sólo ha hecho abanicar la brisa a 6 bateadores en esos 19 innings, pero apenas concede 5 bases y soporta 16 hits, en una clara demostración de dominio.
Si Miranda no tira fuerte, ¿cuál es su clave?.. Sencillamente su control, su localización. Daniel siempre tuvo habilidad para ir por los contornos de la zona de strikes, para variar la aceleración de sus envíos y sobre todo lanzar bajito.
León dispone de uno de los mejores infields de la liga… Así que Daniel no se complica, va a las esquinas y bajito, y sus compañeros se encargan del resto. Lo hizo ante Estelí el martes y volvió a repetirlo ayer ante el mismo equipo.
Lo esencial no obstante, no es sólo resaltar la efectividad en el trabajo de Miranda, sino reconocer su esfuerzo para levantarse del piso y volver a impactar con propiedad. El fue botado incluso del equipo León y el Bóer no creyó en él.
“Tenía una seria lesión en el manguito rotador del codo y padecía una tenditinis”, indicó el Dr. Marcos Salas, prestigiado traumatólogo que tuvo a su cargo la “reparación” de Daniel… “La clave fue su descanso y disciplina”, agregó Salas.
A Miranda lo recuerdo en el Premundial de Edmonton en 1995. Pienso que ahí alcanzó su mayoría de edad como lanzador. Sobre todo con su formidable relevo ante Canadá en el juego que nos dio el boleto para las olimpiadas de Atlanta.